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La vida me dio la oportunidad de estar en Europa por un tiempo. Con edificios tan altos, calles tan silenciosas y climas extremos, he tenido la oportunidad de conocer y estar en los lugares dónde se hizo la historia “cool” (como si cortarle las piernas a un invasor austriaco y mandarlo de regreso a sus tierras no fuera lo suficientemente bad-ass). Pero, al final del día, uno no puede negar la ñoñez interior y por eso, muy a pesar de toda la oferta cultural, los viejitos buena onda y los regaños de mi compañera, me puse a investigar cómo es la vida geek por estos rumbos, y así cualquier ñoño despistado que llegue a estas tierras sepa qué esperar.

LA CIUDAD LUZ

Mi primer encuentro fue París en pleno auge de Pokémon Go. La ciudad es silenciosa y descubrí que muchos de los jugadores eran niños pequeños en patines del diablo o extraños silenciosos en patines del diablo.

La ciudad tiene nada más tres tiendas de cómics, cada una con lo más nuevo del cómic americano y europeo. Lo que más tienen, hablando de hardcovers y TPBs, son historias creadas principalmente por franceses y belgas, a precios que la fantástica tienda de la esquina se moriría por tener.

¡Que elegancia la de Francia!

Los ñoños parisinos son escasos y callados (algo que le falta al ñoño mexicano), pero es bonito ver en los estantes y puestos de revistas cómics de Rico McPato, Asterix y otras cositas para los niños. También venden cuentos pequeños de Star Wars y de Spider-Man; si uno camina rumbo a Notre Dame, encontrará pequeños puestos de revistas donde venden cómics viejísimos en francés, aunque lo que tienen se limita a Las Aventuras de Tin Tín y El Hombre Araña.

La gente poco habla de las películas de Marvel y DC, incluso cuando grité “Iron Man es mejor que el Capitán América”, no vi a ningún fan, pseudo-fan o nuevo fan correr a contradecirme (obvio aprendí a decirlo en francés, daah). Eso sí, Art Spiegelman, Julie Maroh y Didier Comes adornan los estantes de todas las librerías (visité dos, pero como eran tremendamente parecidas, asumiré que todas las librerías de París son iguales).

La invasión japonesa ha llegado a permear todos los confines del planeta, y por eso no nada más en París, sino también en Monte Carlo, Fountainbleau y Niza, hay varios afiches de convenciones de anime y manga. No sé qué tan populares sean, en realidad. (¿15 euros por entrada? Mejor me voy a comer media baguette).

Mira que encontrar un busto del Profesor Jirafales en Francia es cosa rara

STEAMPUNK BERLINÉS

El siguiente gran encuentro fue Berlín. Si bien tiene esa facha post-punk y por todos lados parece que va a aparecer un hombre del futuro desnudo, o que una banda de mutantes se prepara para pelear con un hombre de mediana edad vestido de murciélago, poca oferta y emoción hay por los temas ñoños. Aún así, su tienda más grande, Modern Graphics, tiene una amplia selección de cómics americanos, europeos y figuritas coleccionables, además de que tienen propuestas alemanas muy interesantes. Al menos eso me dijo un tipo que quería venderme su más reciente novela gráfica publicada.

No se dejen engañar, es tienda de cómics, no de pornografía

Si tienen tiempo y quieren sentirse en una película de ciencia ficción, visiten Neurotitán, una tiendita/galería de arte llena de cómics indie y arte callejero. Para llegar hay que perderle el miedo a los grafitis, a las calles angostas oscuras y a las personas con botas negras y sombreros de aluminio en la cabeza, y no es tanto una tienda de cómics o donde se reúnan los más grandes fanáticos del noveno arte, pero vale la pena la experiencia.

Cualquier cosa hecha por alguien llamado Lupano merece el beneficio de la duda, pobre tipo

HUMO Y ESPEJOS

Roma es la capital de la decepción para un ñoño. Principalmente porque es una versión bizarra de México, y más por sus vicios que por sus virtudes. En la ciudad sólo encontré una tiendita de cómics desorganizada, con varios fans reunidos discutiendo acaloradamente. Eso sí, las miradas de extrañeza por parte de los muchos hombres y las pocas mujeres que estaban ahí me hizo entender que allá sigue siendo tabú ser fan de los superhéroes y los dibujitos.

EL RINCÓN HOLANDÉS

En Amsterdam me encontré con una tienda de cómics con una gran colección de cómic europeo y TPBs americanos. Estaba junto a otro lugar donde un mesero alienígena te recibe con una charola de hongos.

La chica que atendía el mostrador de la tienda de cómics me dijo que todo arte era bienvenido en los Países Bajos, “y más si mezclas la ternura del arte con lo bello de las palabras”. Poco tiempo después descubrí que la tienda aledaña era una famosa Coffeeshop, un lugar donde está permitido vender y consumir marihuana y algunos hongos. Lo triste de esto es que nunca me creyeron que tenía más de 21, y al parecer no pude disfrutar tanto sus cómics como ellos.

UN MÁGICO LUGAR CONOCIDO COMO LA CAPITAL EUROPEA

También descubrí que uno de los paraísos ñoños por excelencia resulta ser Bruselas, Bélgica. El centro está plagado de enormes tiendas de cómics que tienen material americano, europeo y asiático, además de una amplia gama de juguetes y coleccionables. En serio, no puedes caminar dos cuadras sin encontrarte al menos tres tiendas cuyos logos tienen a Batman, Gokú o Los Pitufos.

Love is love, Tin Tin

Esta es la ciudad que tiene también al menos cuatro museos del cómic (uno de esos dedicado solamente a figuritas y otro dedicado a su más grande héroe: Hergé). Pero no se confundan, no van a encontrar el origen de Superman ni las bondades de Bill Finger, lo maravilloso que fue Gardner Fox ni perderán el tiempo discutiendo sobre Stan Lee y Steve Ditko. Para ellos lo único que existe es Pierre “Peyo” Culliford, Georges Remi, René Goscinny y demás nombres rebuscados que los belgas aman y defenderán por sobre todas las cosas.

Los monitos van al museo

Bruselas es también la tierra de los cosplays, pude ver a varios habitantes vistiendo felices disfraces de Wonder Woman, Green Lantern, Gokú y hasta de Inuyasha. Y no, a nadie parece importarle ni los miran con desdén. Quizá tiene que ver con que hay pequeños locales donde venden 7 shots de ginebra por 4 euros.

Acabaremos con esos Pitufos aunque sea lo último que hagamos

El arte callejero también está plagado con diseños de diferentes personajes y durante mi estadía pude ver a varias personas disfrutando una novela gráfica, cómic o manga mientras desayunaban. La ciudad es colorida y la gente es huraña pero amable, y con quien tuve la suerte de platicar, consideran a los cómics no sólo como un arte aparte de todos los demás, sino como algo que define su cultura y su estilo de vida.

Creces sabiendo que tus paisanos hacen todas estas maravillosas historias, claro que te vas a sentir orgulloso de ello y lo vas a presumir, así como presumen a Da Vinci o a Rembrandt”, me dijo un chico vestido de Wonder Woman. No es el mejor punto de referencia que pude encontrar, ¡pero lo que cuenta es la pasión!

A esa Mujer Maravilla le sobra un poco de manzana de Adán

EL VERDADERO PARAÍSO ÑOÑO

Quería terminar mi aburrida historia con Bélgica, pero me topé con Londres y me parece un insulto dejar esa ciudad fuera de aquí. Desde el momento en que pisé su aeropuerto supe que era el verdadero paraíso ñoño, principalmente porque Londres es tal y como lo pintan todas las películas, series y postales que uno ve cuando está del otro lado del charco.

Aquí no hay necesidad de que hagan grafitis con personajes o te pongan cómics viejitos en tiendas de revistas, basta con pasar por el Big Ben, el Puente de la Torre o algún callejón angosto para sentirse como John Constantine, sentir la vibra de Alan Moore y hasta reconocer algunos nombres de calles y líneas del metro que Neil Gaiman ha usado en sus historias. Pero eso es buscar mucha ñoñez.

45 minutos después y resultó que no era la fila para las tortillas

Para demostrar que Londres es un paraíso ñoño, basta con subirse a uno de los autobuses rojos (London, ¡Baby!) ir a la parada de King’s Cross, buscar el verdadero andén 9 ¾ y ver si realmente uno es elegido para ir al mundo mágico de Harry Potter. Si no lo son, no se alarmen, tomarse una foto con todo y bufanda es completamente gratis y por supuesto, hay una tienda al lado para que se lleven un recuerdo de su intento. Si tienen un poco más de dinero para gastar, la entrada para ir al set de Harry Potter incluye autobús de ida y regreso, ahí podrán ver muchas de las criaturas que conformaron el fantástico mundo de J.K. Rowling y hasta tomar una cerveza de mantequilla.

Un tren que va hacía ninguna parte

Cabe mencionar que la única tienda de cómics que encontré fue cuando vagaba por Soho y el Red Light District; ahí pude comprender el aura snob que atribuimos a los artistas europeos: la gente no tiene reparo en ningunear a Marvel y DC, y se desgarra las vestiduras hablando de lo geniales que son sus nuevas historias y como se debería gastar más en productos nacionales. Sinceramente, su forma de expresarse me pareció muy familiar a la de algunos ñoños mexicanos, y me hizo extrañar mi hogar. Incluso, un señor me recomendó los trabajos de Paul Anderson después de que me escuchara hablar de que quería ver Arrival.

Librerías para ñoños

Lo ñoño abarca todos los bolsillos, así que, si andan vagando por las calles londinenses con poco presupuesto, pueden tomar uno de los varios tours “gratis” que ofrece la ciudad (por “gratis” es que sólo pagan una propina al guía, pero de eso a 50 libras por tour, pues mejor eso). Con ellos pueden seguir los pasos de Rowling y su camino a crear Harry Potter, conocer más sobre la historia de los afamados Sweeney Todd y Jack El Destripador, visitar la casa de Sherlock Holmes o conocer muchos de los castillos que inspiraron los cuentos de hadas y ahora sirven de base para cualquier historia de reyes, dragones y magia. ¡Cualquiera, les digo!

DE REGRESO A CASA

Viajar a ciudades lejanas es una aventura que nadie debería perderse. Es una oportunidad para ver con otros ojos todo lo que aman, para conocer cómo es la vida de los lugares que engendraron sus historias favoritas, es una oportunidad de descubrir cosas nuevas. Y como se acaban de dar cuenta, viajar por ningún motivo es un obstáculo para ponerle pausa a su ñoñez, al contrario, es una forma de expandirla y cultivarla.



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Acerca del autor

Rebeca Salas

Heroína cinéfila de noche, caza-tiburones de día. Reportera y crítica de cine para EnLaButaca.com, escúchala en el programa La Covacha todos los viernes a las 9 de la noche por Radio Trece. Puedes seguirla en Twiiter como @SalasRaven http://www.lacovacha.mx
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