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Predicando para el Coro | Batman y la influencia nociva de Frank Miller

Por Alberto Calvo

En el mundo del cómic podemos hablar de autores que tuvieron una mano en la creación de grandes propiedades que hoy día siguen vigentes y se les considera como leyendas. Eisner, Romita, Buscema, Toth, Kirby, Wood, Infantino, y varios más, caen fácilmente en esta categoría, y la devoción hacia ellos crece con el paso del tiempo. Nombres como Ditko, Adams, O’Neil, Wrightson, Kaluta, Simonson o Mignola se han sumado a esa lista, pero hay otros que generan polémica.

John Byrne, controvertido escritor y artista británico-canadiense, hizo todo lo posible por alienar a sus admiradores y ello provoca que se discuta su pertenencia al grupo arriba señalado, aún si sus aportaciones al medio y su volumen de trabajo parecen avalarlo. Pero de la camada de autores emergidos en los años 70 que alcanzaron su mayor popularidad durante los 80, el caso más interesante es el de Frank Miller.

Su trabajo en Daredevil representó el salto a la fama para Miller.
Su trabajo en Daredevil representó el salto a la fama para Miller.

Su trabajo en Daredevil y Batman le hizo merecedor del respeto y admiración de todos, y haber roto con la estructura de trabajo de las dos grandes editoriales para trabajar en proyectos propios, como Martha Washington o Sin City en una editorial más pequeña, y regresar de vez en cuando a trabajar en propiedades corporativas, pero bajo sus propios términos, elevaron el aura de poder alrededor de su persona todavía más, convirtiéndolo en uno de los pocos creativos que podía presumir de tener cierta influencia en la industria.

Pero quizás esa módica dosis de poder fue excesiva.

La obra de Miller siempre mostró atisbos de su ideología política, y es común encontrar en su trabajo una fuerte carga de crítica social, pero los eventos del 11 de septiembre de 2001 provocaron un gran cambio en sus ideas. The Dark Knight Returns y Martha Washington ofrecían una dura crítica a las políticas de la derecha estadounidense, pero los atentados en Nueva York definieron un drástico contraste entre el antes y después en la obra de Miller.

El mismo autor que solía mofarse abiertamente de las políticas de Ronald Reagan y George Bush, se convirtió en ferviente partidario de las acciones de George W. Bush. El comentario subyacente en su obra pasó de ser nosotros (el pueblo) contra ellos (las autoridades, magnates y gente en el poder), a NOSOTROS (los estadounidenses) contra ellos (quienquiera que se atreva a meterse con nosotros).

Al principio este cambio ideológico encontró resistencia en muchos de sus admiradores y en la gran mayoría de editores. Tras la polémica generada por Dark Knight Strikes Back, publicada entre 2001 y 2002, y donde vimos por primera vez la nueva y radical actitud de Miller, se aisló un poco del mundo. Volvió a DC en 2005 para realizar, al lado de Jim Lee, la serie All-Star Batman & Robin, donde su ideología quedó mayormente oculta detrás del exagerado tono de sátira y farsa de esa serie, que culminó a principios del 2008.

Mientras trabajaba en ella, empezó un nuevo proyecto de novela gráfica que habría de mostrar a Batman persiguiendo a Osama Bin Laden y los terroristas de Al Qaeda luego de evitar un atentado en Gotham. Su editor sería Bob Schreck, pero éste dejó DC para lanzar Legendary Comics, sello propiedad del estudio cinematográfico del mismo nombre. Ante su dificultad para trabajar con otros editores, Miller decidió cambiar su historia y llevarla a Legendary.

Miller se refería a Holy Terror, Batman! como un vehículo de propaganda, comparando su historia con aquella portada en que el Capitán América golpeaba a Hitler. En una entrevista realizada en 2006 para conmemorar el aniversario de la caída de las torres gemelas, Miller dijo:

“Por primera vez en la vida sé lo que se siente enfrentar una amenaza existencial. Nos quieren muertos a todos. Ahora entiendo a qué se referían mis padres. El patriotismo no es un concepto viejo y sentimental. Es instinto de conservación. Creo que el patriotismo es esencial para la supervivencia de una nación.”

Bastante claro, ¿no? Cómo mencioné más arriba, todo se redujo a Ellos contra Nosotros. Lo peor del caso es que cuando finalmente apareció Holy Terror, no era un buen cómic. Vaya, no era ni siquiera un buen panfleto propagandístico. El estilo de dibujo de Miller siguió su transformación hacia un trazo más caricaturesco, pero sus excesos narrativos hacen imposible tomarlo en serio, aún asumiendo que se trata de una sátira o que busca un tono de farsa.

¿Batman y Catwoman? ¡Claro que no! Ellos no son los protagonistas de Holy Terror.
¿Batman y Catwoman? ¡Claro que no! Ellos no son los protagonistas de Holy Terror.

Y respecto a cambiar su historia, bueno, si quitarle las orejas de la capucha y el murciélago del pecho bastan para que el protagonista, The Fixer, no sea Batman, pues sí, no era una historia de Batman. Aunque tratar de no pensar en Natalie Stack como un sustituto de Catwoman se vuelve muy difícil luego de verla interactuar con The Fixer exactamente de la misma manera en que Selina Kyle lo hacía con Batman en las páginas de All Star B&R. Y esa serie es el ejemplo perfecto del daño que Miller ha hecho a la versión moderna de Batman.

En el pasado se habían publicado historias donde el Hombre Murciélago era alguien cuya actitud rayaba en el fascismo, pero en esa interpretación de Miller ya no quedaba duda. El problema es que, lo que pudo ser una excelente historia, contrastando esa nueva actitud contra lo ya conocido, no lo fue porque Miller decidió ignorar cualquier otra versión de Batman, incluyendo al viejo necio e idealista de The Dark Knight Returns.

Hace unos años causó polémica por sus comentarios acerca de las películas de Christopher Nolan, pero lo curioso es que ni siquiera las estaba criticando por lo que eran. Parece que el único problema de Miller con esa exitosa e imperfecta saga cinematográfica era que NO eran fieles a SU visión del personaje. ¿En qué momento Batman se convirtió en propiedad de Miller? Más allá de que el personaje pertenezca a la corporación Warner, resulta llamativo el sentido de apropiación que el autor parece sentir por el personaje.

No es creación suya, y sí, su trabajo es tan importante para el desarrollo de Batman como el de Bill Finger, Dick Sprang o Jerry Robinson, pero no me parece, por ejemplo, que deba ser considerado como más importante que lo hecho, por mencionar a unos cuantos, por Dennis O’Neil, Neal Adams, Doug Moench, Ed Brubaker o Greg Rucka. Pero más que su actitud, me sorprende la de la gran cantidad de lectores que parecen darle la razón.

Pareciera que toda una generación asumió que lo hecho por Miller en las páginas de TDKR y en Year One es la versión definitiva del personaje, y cualquier cambio o variación era una desviación de la legítima naturaleza del hombre murciélago, y por tanto, inaceptable. A menos, claro, que venga del propio Miller, tal y como ocurrió con All-Star B&R, que convirtió a Batman en un personaje de un mundo similar al presentado en las páginas de Sin City.

He escuchado a fans hablar de cómo es que gracias a Miller pudo quedar atrás el Batman gordito y bonachón de la serie de TV de los sesenta, ignorando que más de quince años atrás fueron O’Neil y Adams quienes regresaron al personaje a sus raíces oscuras y “realistas”. Hay quienes dicen que Tim Burton tomó su trabajo como base para su versión fílmica, o que Paul Dini y Bruce Timm quisieron capturar la esencia de su trabajo en Batman: The Animated Series, cuando en realidad lo que hicieron fue tomar lo mejor de distintas etapas del personaje.

Suele recibir crédito por algunos elementos de la mitología de Batman, como el collar de perlas de Martha Wayne o la apariencia del Crime Alley, lugar de la muerte de los Wayne. Algunos afirman que la personalidad e historia de Alfred fueron definidos por él, o que la relación entre Batman y James Gordon tampoco existía antes de que él llegase a “arreglar” las cosas. Muchos de estos elementos vienen desde la Edad de Oro, e incluso son parte de lo realizado por Bill Finger y los artistas fantasma de Bob Kane.

Lo más curioso de todo es que Miller parece disfrutar con ese inmerecido crédito que recibe, y eso no está nada bien. Sus aportaciones a la mitología del personaje son muy importantes, sí, pero no debieran tomarse como la versión definitiva del personaje, y lo único que resultó de su interpretación de Batman en All-Star fue una generación de lectores que no saben nada del personaje y aceptan el trabajo mediocre de escritores demasiado holgazanes como para hacer bien su trabajo.

Ahora es muy común permitir que el personaje realice actos improbables, y la única justificación que se ofrece ante cualquier cuestionamiento sobre cómo pudo haber hecho tal o cual cosa es un hueco y tonto “porque es Batman”, que como chiste puede resultar divertido de vez en cuando, pero que al usarse “en serio” resulta bobo y mediocre.

Y es por eso que digo, “Ay, Miller, cuanto daño le has hecho a Batman”.

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Acerca del autor

Alberto Calvo

Escritor, traductor y editor nacido en la ciudad de México. Colaborador en Panini Comics México, Revista Comikaze y Comicverso.org, pueden seguirlo en Twitter como @albion2112. https://www.facebook.com/comicverso
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