Sólo una persona es capaz de denunciar las atrocidades de la guerra al son de The Bird is the Word, de convertir al villano-bebe-leche más vil en uno de los personajes más carismáticos del séptimo arte, y hasta de sacar los trapos sucios de Tom Cruise y Nicole Kidman al sol. Su nombre es Stanley Kubrick, cuya obra más grande, su más ambicioso proyecto, lo que dejó para siempre no sólo en la cultura popular sino en el inconsciente de todo cinéfilo, es sin lugar a dudas 2001: Odisea en el Espacio, y con todo mi enojo, aquí les traigo mi reseña:

CINE PARA SENTIR

Kubrick dijo alguna vez que 2001 no es una película para entenderse, es para sentirse. Es un trabajo con un montón de símbolos, por lo que se conformaba con hacer sentir algo a quien la vea. Aún así, Stanley sí quería contar algo: La inteligencia del hombre y su relación con el universo.

2001 comienza con un letrero que dice El Origen de la Humanidad y un grupo de simios salvajes. Todo cambia cuando aparece un monolito negro y el mono supremo aprende a utilizar huesos de animales como armas. Acto seguido, miles de años después, los monitos ahora usan trajes espaciales y viajan en naves. Pero el monolito sigue ahí, ahora en otros planetas, pero igual de grande y siempre presente.

Primeros homínidos descubriendo que las quesadillas llevan queso

SENTIMIENTO PARA CINE

Esta película trata de explicar la relación del ser humano con todo. La inteligencia del hombre ha logrado hacer suyo el universo, su ambición se ha extendido por mares, aires, tierras, galaxias y no parece detenerse. Pero (y es un gran pero) todas estas expediciones, descubrimientos, explicaciones, nunca son suficientes.

El universo tiene más misterios, un hallazgo conlleva a más preguntas, jamás se muestra por completo a nosotros, y por eso siempre estamos en la búsqueda. De ahí que cuando los monitos muy trajeados, muy interesantes, muy inteligentes, encuentran un monolito en Júpiter, hacen exactamente lo mismo que sus ancestros peludos: se ponen a jugar a su alrededor, a tocarlo, a maravillarse.

No es coincidencia que casi todas las naves que se presentan tienen caras humanas. Kubrick deja muy en claro que, para los humanos, lo más importante es el conocimiento, crear artefactos, fórmulas o lo que sea que nos ayude a entender más rápido el mundo es primordial ¿cómo vamos a hacer esto? ¡Con Inteligencia Artificial, duh! Crear algo que entienda la parte inconsciente, los sentimientos de los humanos, que puedan pensar como nosotros, pero sin esas limitaciones que los humanos tenemos para hacer el trabajo eficiente, para movernos más rápido.

Para Kubrick lo único que estamos haciendo con la IA es jugar a ser dioses chafas, porque creamos cosas superiores a nosotros, pero les pegamos nuestros vicios. Por eso el buen HAL 9000, la inteligencia artificial, actúa por puro coraje y venganza, y al ver las consecuencias de sus actos se desespera y suplica perdón. Nuestra tecnología, si bien siempre cambiante, más refinada, más eficiente, también estará limitada para desconocer todo lo qué es ¿por qué? Porque al final es una construcción humana.

¡Ay, ojón!

AL INFINITO…

La tercera parte de la película es la más loca y psicodélica, donde el astronauta David Bowman viaja más allá del hiperespacio. No pude encontrar lo que se tomó Kubrick para hacer esta parte de la película, pero hallé un libro llamado In The Dust of This Planet de un tal Eugene Thacker.

En su libro, Thacker explica que hay tres mundos: el nuestro, que básicamente es el mundo entendido por los humanos; el de afuera, que es el planeta Tierra, como las plantas o los perros, aunque usualmente todo eso lo hacemos nuestro después de un rato. El tercer mundo está escondido entre el nuestro y el planeta Tierra, es todo aquello que se mantiene en las sombras, acechando.

Esa teoría de los tres mundos la utiliza para explicar el terror a lo desconocido. ¿Qué puede ser más aterrador que enfrentarse a algo que uno no conoce, a algo ajeno a nosotros, que no conocemos sus límites, ni su fuerza? H.P. Lovecraft, en su cuento The Shadow of Time, les diría que todavía hay algo aún más espeluznante: conocerlo. Aquellas cosas que se nos presentan pueden ser tan extrañas, tan maravillosas, tan incomprensibles, que el simple hecho de ser conscientes de su existencia cambia para siempre nuestra vida.

No hay nada más terrorífico que un iPhone Plus ¡nada!

AL ESTILO KUBRICK

Pero Kubrick en su viaje psicotrópico con bebés gigantes nos dice que lo desconocido no necesariamente es malo. Sí, el mundo es un ente aparte que tal vez nunca llegaremos a conocer en su totalidad, y no importa cuánto avancemos, siempre habrá un monolito gigante negro escondiendo más secretos hasta el final de los tiempos.

Sin embargo siempre estamos en constante cambio: cada avance nos da nuevas herramientas, cada generación trae consigo nuevas ideas, nuevos conocimientos, nuevas formas de pensar y entender el mundo, el humano siempre está evolucionando. Nuestra relación con el mundo siempre será de constante aprendizaje, y cada paso adelante siempre será un nuevo origen para la humanidad. Y eso es tan genial como cruzar el hiperespacio en una nave espacial.

O puede que los monolitos negros sean extraterrestres que estaban probando a la humanidad para crear al superhombre, y el superhombre resulta ser un bebé gigante, como el de Gravity Falls. Júzguenlo ustedes.

El bebé de Gigantón


FICHA COVACHA

2001: ODISEA EN EL ESPACIO (2001, A Space Oddisey)

Director |  Stanley Kubrick
Guión | Arthur C. Clarke
Elenco | Keir Dullea; Gary Lockwood; William Sylvester

MGM | Sci-fi | EUA/RU | 1968 | 149mins



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Acerca del autor

Rebeca Salas

Heroína cinéfila de noche, caza-tiburones de día. Reportera y crítica de cine para EnLaButaca.com, escúchala en el programa La Covacha todos los viernes a las 9 de la noche por Radio Trece. Puedes seguirla en Twiiter como @SalasRaven http://www.lacovacha.mx
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