Yo Fui un Monstruo Adolescente | el monstruoso maquillaje de Jack Pierce

El uso de CGI en años recientes ha dejado un poco en el olvido los efectos especiales tradicionales y el arte del maquillaje, pero el cine como lo conocemos ahora (sobre todo el de terror) no pudo haberse construido sin nombres como: Rick Baker, Tom Savini, Wally Westmore o Jack Pierce, éste último uno de los más importantes pilares de ese mundillo (tan importante que Guillermo del Toro tiene una estatua de Pierce maquillando a Karloff dentro de The Bleak House, la casa/estudio/taller del tapatío en Los Angeles).

La vida de Pierce es la clásica historia de éxito de los inmigrantes europeos en Norteamérica, la realización del sueño americano en el siglo XX. Tras emigrar de su nativa Grecia en la adolescencia, Pierce comenzó su carrera en el cine con pequeñas partes como extra en producciones de Universal, interpretando papeles de indio, vaquero o cualquier otro papel, pero fue su prodigioso talento con el maquillaje lo que atrapó la atención de los altos mandos del estudio.

La atención al detalle es lo que separaba de los demás el trabajo de Jack Pierce
La atención al detalle es lo que separaba de los demás el trabajo de Jack Pierce

Su primer gran trabajo en el departamento de maquillaje/efectos especiales fue para la cinta muda The Monkey Talks (1927) en la que se encargó de convertir a Jacques Lerner en el simio parlante Jocko. Fue en ese mismo año que Carl Laemmle (fundador de Universal) dio de regalo a su hijo el cargo de jefe de producción. “Junior”, como era llamado por sus colegas, decidió convertir a Jack Pierce en el primer jefe del departamento de maquillaje del estudio.

Laemmle jr. vivió impactado por el éxito que tuvo el estudio con las películas de Lon Chaney sr. (The Hunchback of Notre Dame y The Phantom of the Opera) y quería revivir esa sensación así que decidió producir nuevas versiones fílmicas de novelas clásicas de horror. Una de las primeras fue The Man Who Laughs, de Victor Hugo, para la cual Pierce diseñó el maquillaje de Gwynplane que llevaría puesto Conrad Veidt y que eventualmente serviría como inspiración para la imagen del Joker, el emblemático archienemigo de Batman.

El resultado hizo que Laemmle jr. diera rienda suelta a sus gustos personales en futuras producciones, lo que ayudó de manera fortuita a Pierce. La siguiente gran cinta de terror del estudio fue Dracula (1931) y aunque Bela Lugosi se negó a que fuera Pierce quien diseñara su maquillaje de príncipe de los vampiros (él mismo había desarrollado su técnica particular durante sus años de interpretar al Conde en Broadway) su mano se nota en el ambiente de la cinta.

Pierce y Boris Karloff pasaban cuatro horas dando forma a la caracterización del monstruo de Frankenstein.
Pierce y Boris Karloff pasaban cuatro horas dando forma a la caracterización del monstruo de Frankenstein.

El gran reconocimiento para Pierce llegó en el mismo año, pues tras el apabullante éxito de Dracula Laemmle decidió producir una adaptación de Frankenstein, y aunque mucho del atractivo del monstruo se le puede atribuir a la hipnótica interpretación de Boris Karloff, el magnetismo que tiene la criatura es resultado del magnífico trabajo de maquillaje de Pierce. Fue un logro tremendo para la época, pues Karloff,entonces de 43 años, y Pierce, de 42, pasaban 4 incómodas horas en la silla de maquillaje, preparando y aplicando capa tras capa y sufriendo por la toxicidad de algunos elementos, para obtener el hermoso resultado que se refleja en la pantalla.

El equipo creado por Karloff y Pierce es ahora legendario, las reputaciones de ambos combinadas dieron al cine varias de las cintas más memorables de la época. Pero es quizá The Mummy (1932) el trabajo más bellamente complicado en que ambos colaboraron. Destacan en ella varios maquillajes para distintas etapas del filme, así como una pieza de cuerpo completo del decrépito Im-Ho-Tep que vemos al principio de la película.

Poco después los Laemmle intentaron revitalizar The Phantom of the Opera y The Hunchback of Notre Dame, pero el desafortunado deceso de Lon Chaney sr. en 1930 echó abajo esos planes. También se planeó una versión de The Wolf-Man con Boris Karloff como protagonista, pero ésta también se vino abajo. Ante esos problemas, los planes de la casa productora se redujeron a la realización de secuelas y más secuelas de Drácula, Frankenstein y la Momia, que inundaron las salas de cine por varios años.

Con un trabajo como el de Pierce, el buen humor debe haber sido una necesidad.
Con un trabajo como el de Pierce, el buen humor debe haber sido una necesidad.

Pierce supo sacar el mayor provecho de esta situación, y en la producción de Bride of Frankenstein vimos una versión mejorada del maquillaje del monstruo, con la frente quemada y las grapas en la cabeza. También creo el maquillaje usado por Elsa Lanchester, así como su icónico peinado electrificado, con lo que una vez más Pierce creó personajes que permanecerían en el imaginario colectivo pese a que sólo aparecieron en pantalla unos cuantos minutos.

Desafortunadamente la familia Laemmle decidió vender el estudio en 1937, por lo que muchísimos jefes de estudio pasaron por ahí en los siguientes 10 años. Durante el ir y venir de ejecutivo, Pierce pudo conservar su puesto en el departamento de maquillaje, manteniendo el alto nivel de calidad en muchas secuelas hechas con prisa, al igual que en varias cintas de serie-b. Pierce finalmente tuvo oportunidad de trabajar con Bela Lugosi en 1939, varios años después del incidente de Drácula, en la cinta Son of Frankenstein, para la que creó el maquillaje de Ygor, el hombre que no pudo ser colgado y el personaje que volvió a poner a Lugosi en el mapa.

Dos años después, Universal decidió hacer aquella abortada película sobre The Wolf-Man, con Lon Chaney jr. como titular, así que Pierce puso un alto a todos los demás proyectos que tenía pendientes para dedicar su completa atención a este maquillaje. Tomando como base el que había diseñado 10 años antes para Karloff, Pierce entregó la que sería reconocida como su obra maestra, creando piezas prosteticas para la cabeza, pecho, brazos y piernas de Chaney jr.

The Wolf-Man marcó la llegada a la cúspide para el trabajo de Pierce, aún a pesar de su mala relación con Chaney.
The Wolf-Man marcó la llegada a la cúspide para el trabajo de Pierce, aún a pesar de su mala relación con Chaney.

Este proceso fue por demás extenuante para Pierce, pues era bien sabido que él y Chaney jr. no llevaban buena relación, ya que al actor no le agradaba la idea de pasar varias horas en la silla de maquillaje, y existen pruebas que documentan sus berrinches y excesos, que rayaban en lo grotesco, lo que ocasionó varios tropezones a la producción. A pesar de ello, la película resultó ser un enorme éxito para Universal, y el hombre lobo creado por Pierce ha sido la base para la gran mayoría de licantrópos que hemos visto en la pantalla grande en los últimos 70 años.

El canto del cisne para Pierce en las cintas de terror de Universal se dio con el remake de Phantom of the Opera en 1943. Aquí se encargó de transformar a Claude Rains en Erik, el fantasma. Y aunque su versión final del rostro desfigurado solamente se ve al final de la cinta, fue retocado a petición de los ejecutivos de Universal quienes creyeron que el original era demasiado espantoso para la pantalla.

Al finalizar la segunda guerra mundial, Universal se fusionó con International Pictures, causando cambios radicales en la empresa, incluyendo el departamento de maquillaje. Pierce había trabajado para el estudio 30 años, 19 de ellos como jefe del departamento. El final de su carrera lo vio pasar entre películas independientes de bajo presupuesto y programas de tv. Su último proyecto fue como jefe del departamento de maquillaje para el show de Mr. Ed, donde siguió haciendo proezas de maquillaje, como transformar al actor Alan Young para que pudiera interpretar a su propio padre.

Pierce murió prácticamente en el anonimato en 1968, pero por fortuna su legado continua vivo gracias al trabajo de jóvenes y no tan jóvenes talentos del maquillaje tradicional, además de las constantes re-ediciones de su trabajo con Universal. Sin lugar a dudas, Jack Pierce es uno de los pilares sobre los que se construyó el cine de terror y ciencia ficción, y su trabajo quedará por siempre en los anales de la cinematografía.

Acerca del autor

Agustín Amezcua

| también conocido como C.M. Pepper, es articulista para Asamblea Cómics y la revista Comikaze. http://comiqueros.blogspot.mx
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