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Yo fui un Monstruo adolescente | Los Garbage Pail Kids

Seguramente los viste en algún momento de tu vida y llamaron tu atención. Para algunos son sólo un recuerdo borroso que terminó en la basura gracias a algún adulto alarmado, pero los Garbage Pail Kids son uno de los bastiones de la parodia ácida en el mundo de los coleccionables.

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Adam Bomb previendo la explosión que sería la serie.

La popular compañía de tarjetas coleccionables Topps había intentado conseguir la licencia para producir mercancía basada en los Cabbage Patch Kids, pero Original Appalachian Artworks Inc., dueños de los populares muñecos, se negaron a permitir tales productos pues sentían que su existencia “abarataría” la marca (hay que recordar que en aquel entonces los CPK eran considerados como artículos de lujo y no estaban al alcance de todos). La respuesta de Topps ante esa negativa fue un “Si no nos dan los derechos, vamos a parodiarlos.”

La idea de la línea era ser vulgar, asqueroso, rebelde y ácido. El nombre Garbage Pail Kid surgió de una calcomanía de la colección Wacky Packages (también propiedad de Topps) diseñada por Mark Newgarden y John Pound. El original, más que un juguete revoltoso, era un bebé vagabundo que vivía entre basura, pero el nombre fue lo que se quedó.

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El GPK original de los Wacky Packages.

Decididos el nombre y concepto, seguía la ejecución. Y es aquí donde un nombre inesperado entra en escena: Art Spiegelman (sí, uno de los encargados de que el cómic fuera tomado como un medio serio con su obra Maus), quien en ese entonces trabajaba como director de arte para Topps. En él recayó la responsabilidad de que está aventura llegara a un puerto seguro.

Llamaron a muchísimos artistas para las pruebas iniciales, pero los primeros sketches y conceptos no estaban relacionados de ninguna manera a los CPK. Esto sucedió porque la mayoría de los artistas no sabían de que se trataba el proyecto, y sólo tenían el nombre para trabajar, pero una vez que tuvieron su primera junta las cosas despegaron suavemente.

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Empaque original de la primera serie, que incluía el tradicional chicle junto a las tarjetas

La pintura que detonó todo fue Adam Bomb, quién también se convirtió en la icónica primera tarjeta de la colección. La imagen mostraba a un niño regordete, obviamente un cabbage patch, con un detonador en la mano y un hongo atómico detras de él. La idea original es de John Pound, pero fue Spiegelman quien le dio “personalidad” al sugerirle “mejor haz que le salga de la cabeza”, y fue así que, sin saberlo, comenzaron con una de las más longevas y controversiales series de tarjetas que se hayan hecho jamás.

La mitad de la gente involucrada en el proyecto temía haber hecho algo invendible, pues sólo tenían las pinturas, pero Spiegelman ideó un sistema para nombrar y colocar adjetivos antes de los nombres de los personajes. En un intento por volverlas más fáciles de vender, decidieron usar nombres comunes para que los niños buscaran sus nombres o los de sus amigos. La serie original estaba formada por 44 tarjetas, que se duplicaron pues cada “niño” era bautizado con dos nombres, o tarjetas a y b.

Al iniciar el proyecto, poco podían imaginarse los involucrados el éxito que éste tendría.

Algunas cajas se enviaron a tiendas de conveniencia y farmacias, donde eran colocadas cerca de las cajas registradoras, y fueron los dueños de las tiendas los encargados de informar a la gente de Topps que habían descubierto una gran mina de oro. Las tarjetas fueron un éxito tal que en menos de una semana ya estaban solicitando una segunda serie, los creadores supieron que era un éxito cuando, según Mark Newgarden, “vimos a un tipo en una esquina vendiendo placas sin cortar de la segunda serie de los GPK.” Las tarjetas literalmente acababan de salir a la venta ¿Cómo consiguió ese vendedor tantas placas sin cortar? Nunca lo descubrieron.

Al igual que todo lo que se pone de moda entre los niños, tuvo toneladas de opositores, y pronto comenzaron las quejas de padres, maestros e incluso miembros de la iglesia, posiblemente instigados por un artículo de Bob Greene, respetado periodista del Chicago Tribune. Algunas de esas quejas eran lógicas y bien fundamentadas, como que las tarjetas podrían promover la burla desmedida entre compañeros, pero otras eran hilarantes, como la del famoso oceanógrafo Jacques Costeau, quien prevenía a los padres de que si dejaban que sus hijos coleccionaran esas tarjetas, terminarían “tocando fondo y consumiendo cocaína”.

 

La película de los Garbage Pail Kids vive en el olvido, y con justa razón.

Fueron estás criticas las que truncaron varios proyectos que incluían a los GPK, el más notorio de ellos una serie animada para televisión, de la cual se produjeron 13 capítulos, que aunque nunca vieron la luz en las pantallas estadounidenses, fueron bastante populares en Canadá y algunos países de Sudamérica. Pero quizá el golpe más fuerte que recibió la franquicia fue la demanda por parte de Appalachian Artworks por el obvio parecido entre los “niños”. Llegaron a un arreglo fuera de la corte con varios millones de dólares de por medio, además de que tuvieron que rediseñar personajes y logo para evitar las coincidencias, y ese fue el inicio del declive para los Garbage Pail Kids.

Poco después, en 1987, se dio un acuerdo entre Topps y Atlantic Releasing para hacer una película sobre los GPK. La trama nos llevaba a una tienda de antiguedades, dónde el dueño era también el encargado de cuidar a los “niños” que vivían dentro de un bote de basura. La cinta tuvo muchísimos problemas desde la producción, incluyendo la casi muerte de los enanos que hacían de Garbage Pail Kids por el material de sus trajes y el calor. La cinta fue un fracaso total y pronto Topps comenzó a considerar la idea de dejar de producir las tarjetas.

 

Los múltiples productos creados alrededor de las tarjetas incluyeron juguetes, una serie animada, e incluso una película.
Los múltiples productos creados alrededor de las tarjetas incluyeron juguetes, una serie animada, e incluso una película.

Para el lanzamiento de la serie 16, en 1988, los creadores y directivos ya estaban aburridos de las tarjetas. Ya habían explotado todas las asquerosidades posibles sin cruzar la línea invisible que ellos mismos se habían impuesto, y fue Ada Bomb la tarjeta con la que terminó esa serie en un homenaje y reflejo al original Adam Bomb.

Aunque tiempo después fueron revividos por la misma Topps y actualmente tienen un cómic en IDW y minifiguras de vinil producidas por Funko, los Garbage Pail Kids permanecieron en la oscuridad por muchísimos años, tiempo en que se convirtieron en objetos de culto para miles de seguidores.

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Acerca del autor

Agustín Amezcua

| también conocido como C.M. Pepper, es articulista para Asamblea Cómics y la revista Comikaze. http://comiqueros.blogspot.mx
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