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Releyendo al Pato Donald: Los cómics de Carl Barks*

Donald Fauntleroy Duck ha estado presente en el imaginario colectivo por más de 50 años. Su incomprensible voz y voluble temperamento han hecho las delicias de generación tras generación. Pero no fue hasta 1937, con la caricatura Modern Inventions, que su personalidad fue delineada por primera vez, y una de las mentes maestras detrás de esa animación fue Carl Barks.

Carl Barks
Barks empezó desde el anonimato, pero hoy día su nombre es inseparable al de los patos de Disney.

Barks comenzó su carrera en los estudios Disney como un inbetweener, es decir, un dibujante encargado de realizar los cuadros de animación que se colocaban entre los cuadros trazados por los artistas de cabecera. Al sentir que ese trabajo de rellenador era tedioso y repetitivo, comenzó a enviar chistes, hasta que uno de estos llegó a manos de Walt Disney, quien lo compró para convertirlo en el clímax de Modern Inventions y permitió la llegada de Barks al departamento creativo de los estudios Disney. En esa historia Barks dejó plasmados varios elementos que se volverían icónicos del personaje de Donald y, aunque no todas sus ideas fueron aprobadas para volverse animación, varias echaron raíces en la mente del escritor para futuras historias emplumadas.

Su periodo en el campo de la animación fue definido por el propio Barks como agotador, arduo e infeliz, por lo que, sumado a problemas de salud, Barks dejó el estudio en noviembre de 1942. Justo antes de hacerlo escribió una carta a Western Publishing, sello encargado de los cómics basados en personajes de Disney, pues buscaba la oportunidad de seguir dibujando a sus queridos patos en un medio que le parecía más amigable. Western respondió la carta pidiéndole ilustrar una historia de diez páginas que tenía a Donald como protagonista.

Al principio Barks tomó varias de las caricaturas en las que trabajó como base para la crear sus historietas, pero al darse cuenta de que tenía más tiempo para desarrollar la historia y que no había necesidad de un clímax tan explosivo como en la animación, desechó completamente esa manera de trabajar para comenzar a contar historias con lo que se volvería su marca distintiva.

Otra diferencia sobresaliente de sus historias fue el hecho de poder extender los diálogos de Donald sin la necesidad de escuchar su peculiar voz, dotando al personaje de una humanidad y sensibilidad más profundas que las de su contraparte animada, volviéndolo más identificable para el público general. Al mismo tiempo, sumergió al plumífero en un entorno más parecido al estadounidense en la post-depresión, convirtiendo las aventuras del pato en relatos del hombre común pero sin que dejaran de ser divertidos, lo que hizo que pudieran ser disfrutados por niños y adultos por igual.

Sport of Tycoons by Carl Barks
Las pinturas de la bóveda de Scrooge McDuck son algunas de las piezas más conocidas de Barks

Más allá de la nueva libertad creativa en su trabajo, Barks tuvo que hacerlo desde el anonimato, ya que Western, bajo órdenes de Disney, publicaba todos sus cómics con la firma de Walt como creativo, con el fin de que, al igual que con las caricaturas, no se perdiera el encanto del hombre maravilla que era Disney.

Barks sentía la necesidad de crear personajes de apoyo distintos a los habituales (Donald, Daisy y los sobrinos de Donald) con cada historia para hacerlas menos tediosas y más ágiles. Entre estos personajes se encuentran Gladstone Gander, el afortunado primo de Donald; Gyro Gearloose, un inventor algo loco; y quizá las más importantes de sus creaciones: Scrooge McDuck (Rico McPato), acaudalado tío de Donald, y los villanos Magica De Spell y los ex-reclusos Beagle Boys (Los Chicos Malos).

En su primera aparición, Scrooge lució como un viejo moderadamente acaudalado y viejo en demasía, pero esta apariencia fue desechada rápidamente por Barks, ya que deseaba que en futuras historias el magnate fuera más activo físicamente. Habiendo cambiado poco a poco la fisonomía del venerable millonario, al fin pudo llevarlo por aventuras alrededor de todo el mundo, desde su natal Escocia hasta un pueblo inca perdido en el tiempo. McDuck demostró ser el motor para las más alocadas historias que Barks pudo concebir, jugando con la distribución de paneles y la fluidez de su narración, demostrando de paso por qué es uno de los creadores más alabados e imitados del noveno arte.

Cabe decir que estos cómics dieron a Scrooge una fama que sobrepasó con creces a la de su sobrino Donald, culminando con el nombramiento de todo lo relacionado a los patos de Disney como el Scrooge McDuck Universe, iniciado por Barks y terminado por Don Rosa. Por cierto, estas historias se usaron muy libremente como base para la caricatura DuckTales (PatoAventuras).

La mayor aportación de Barks al Universo Disney fue Scrooge McDuck (Rico McPato).
La mayor aportación de Barks al Universo Disney fue Scrooge McDuck (Rico McPato).

Como mencionamos antes, los artistas y escritores que hacían cómics de licencia de Disney tenían prohibido firmar sus obras, y no recibían crédito por ellas o por los personajes creados, pero esto no detuvo a los fans que, aficionados al trabajo de Barks pese a no conocer su nombre, notaban las abismales diferencias entre los cómics de éste y los de otros dibujantes, por lo que le apodaron The good duck artist (El buen artista de patos) y llegaron al grado de enviar cartas a la editorial a nombre de compañías falsas pretendiendo que querían contratarlo, con la única intención de descubrir su nombre. Gracias a fanzines y pequeñas publicaciones dedicadas a Donald y familia, el nombre de Carl Barks alcanzó fama internacional.

El Hombre Pato se retiró oficialmente en 1966, tras 24 años moldeando y dando vida al Scrooge McDuck Universe, pero fue persuadido por el editor de Western para seguir escribiendo historias de los personajes. Barks continuó trabajando de forma esporádica en esas publicaciones durante la década de 1970, siendo su último trabajo el comic de los Junior Woodchucks, la tropa de exploradores de Huey, Dewey y Louie (Hugo, Paco y Luis), en la que imprimió fuertes mensajes pro-ambientalistas. Además, tras alcanzar un acuerdo con Disney, pudo dedicarse a hacer pinturas por comisión con los personajes que utilizaba en sus cómics.

En sus años de retiro, Barks se dedicó a visitar el continente europeo (donde su trabajo es profundamente querido), a montar exposiciones con sus obras, e incluso a publicar en exclusiva para Italia y Dinamarca las últimas dos historias que realizó de Donald y Scrooge, respectivamente. En 1987, junto con Will Eisner y Jack Kirby, Barks fue uno de los primeros artistas inducidos al Salón de la Fama de los premios Eisner. Su fama en Europa es tal, que la noticia de su muerte, apenas comentada en medios americanos, fue mencionada por todo el continente, causando gran tristeza entre los fanáticos, que no perdieron mucho tiempo antes de empezar a rendirle homenajes.

Si están en busca de historias divertidas y bien narradas, acompañadas de un arte hermoso, entonces las emplumadas aventuras creadas por Carl Barks son justo lo que necesitan.


 

*Texto publicado originalmente en el número 24 de la revista Comikaze (http://comikaze.net)

Nuestro colaborador | Agustín ‘Pepper’ Amezcua es aficionado al Pato Donald y disfrutaba de las PatoAventuras después de la comida. Espera algún día echarse un clavado en la bóveda de Scrooge McDuck, así como conseguir todas las medallas de los Junior Woodchucks. Pueden seguirlo en Twitter como @CM_Pepper
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covacherouno

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