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La fe mueve montañas, cura enfermedades, justifica guerras interminables, arrastra a los Dioses a tierras nuevas, y los deja ahí mucho después de que sus feligreses los hayan olvidado, o al menos eso dice Neil Gaiman en “American Gods”, novela publicada en 2001 que lo convirtió básicamente en un rockstar literario. Pero ya no es necesario leer sus 500mil páginas para disfrutarla, Bryan Fuller (el productor detrás de Hannibal) acaba de sacar una serie basada por completo en la historia, y aquí está mi opinión.

EN EL INICIO

El misticismo y el terror envuelve a Shadow Moon, un ex-convicto cuya esposa muere y queda en las garras del misterioso Sr. Wednesday (o “Miércoles”, o para los que no conozcan más allá de los cuentos de Thor, Odín). El primer episodio entonces revolotea alrededor de ambos personajes, una mezcla rara de sueños, violencia, sexo y rituales, todo narrado desde la voz del nuevo jefe de Shadow.

¿HOMENAJE O INSEGURIDAD?

El primer episodio está sacado casi letra por letra del librito de Gaiman, con algún que otro cambio para adaptarlo a la época. Los mensajes crípticos que Wednesday hace se van tornando poco a poco en realidad y nos dejan claro que tiene voz de profeta. La estética de la serie es elegante y seductora, aunque algunos dirán que se parece mucho a Spartacus, otra de las series estrella de la cadena Starz.

Lo cierto es que los 40 minutos del capítulo están llenos de metáforas y simbolismos. La voz de Wednesday, interpretado sorprendentemente por Barbanegra (Ian McShane) se complementa genial con todas las imágenes que se nos presentan a veces como sueños, otras como horribles alucinaciones, pero siempre como presagios de que algo muy malo está por ocurrirle a Shadow Moon.

NO TODO LO QUE BRILLA ES O… DÍN 

Todo hubiera sido perfecto si la serie no fuera tan confusa. Las secuencias son extremadamente pesadas, el desarrollo del capítulo es lentísimo y las interacciones entre los personajes son muy incómodas. Donde McShane brilla, los demás se quedan muy cortos, especialmente Ricky Whittle, el que le da vida al protagonista del cuento. Lo malo es que en el libro lo acompañamos en su doloroso viaje introspectivo, pero en la serie nos tenemos que conformar con ver una actuación pasiva que raya en lo plano, que no es simpático y no logra enganchar a la audiencia.

Así, los amantes del libro conocerán el significado de la horca, la terquedad de presentar un árbol rodeo de cadáveres, ya saben qué demonios significa el licor de miel y adoran a la sexosa monstruo come-hombres. Pero este primer episodio no es amigable con los que desconocen el material original, no logran desenvolver la trama de manera orgánica y en su afán por mantener el “misterio” no posicionan bien a los personajes.

IT’S A BEAUTIFUL LIE

Cualquiera verá este episodio como un desastre con bonitas imágenes, pero indigerible, y la verdad, eso es lo que es.

Lo cierto es que es muy pronto para juzgar American Gods con la severidad que merece, a la mejor es de esas series que funcionan con el formato binge-watching de Netflix, a la mejor todo lo tienen fríamente calculado y todos los cabos se atarán para hacerle honor a la historia original, a la mejor sólo es un desastre y todos los planes de seguir llevando los cuentos de Neil Gaiman a la pantalla chica morirán.

El cielo es el límite.



 

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Acerca del autor

Rebeca Salas

Heroína cinéfila de noche, caza-tiburones de día. Reportera y crítica de cine para EnLaButaca.com, escúchala en el programa La Covacha todos los viernes a las 9 de la noche por Radio Trece. Puedes seguirla en Twiiter como @SalasRaven http://www.lacovacha.mx
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