La verdad incómoda sobre Thor Ragnarok

Niña enojada opina

A pesar de que los fans se enfrascan en discusiones necias sobre qué tan efectivo es el humor o si se respetaron a los personajes, Thor: Ragnarok es un éxito mundial y hay algo que nadie puede negar: es una película diferente que al final deja un extraño sabor en la boca.

UNA PELÍCULA MARVEL DIFERENTE
ALERTA DE SPÓILERS (¡DUH!)

Thor Ragnarok no es la historia de un multimillonario superando su estrés post-traumático ni un viejo héroe desencantado encontrando una razón para seguir, ni siquiera es sobre héroes tóxicos conociendo el verdadero significado de la familia. Vaya, aquí no hay catarsis, cosa muy rara en una película de superhéroes.

El director Taika Waititi no sólo decidió arrebatarle a nuestro héroe todo lo que lo hace Thor dentro del Universo Cinematográfico de Marvel, también metió (entre chiste y chiste) una realidad incómoda de la que todavía no tenemos una respuesta: la crisis de refugiados y las consecuencias del colonialismo.

Vean a la izquierda ¡la otra izquierda!

LA HISTORIA DE SIEMPRE

Antes de que se vayan a la yugular, sí, suena muy descabellado y uno podría pensar que se está sobreleyendo demasiado en una película donde aparece una valkiria borracha y un Hulk berrinchudo, pero chequen.

Hela, maravillosamente interpretada por Cate Blanchett (uno no puede hablar de Galadriel sin elogiarla) no sólo es la legítima heredera al trono después de la muerte de Odin, es ella la que revela que Asgard se construyó gracias a una ola de dominación, batallas y sangre con el Dios de los miércoles y su primogénita al frente de todo. Pero mientras ella quería seguir expandiendo el poderío asgardiano, Odin decidió posicionarse como un rey benevolente que velaba por los intereses y el desarrollo de su gente.

Esta premisa, aunque con menos dioses y mucho menos rubios, la hemos visto repetirse a lo largo de la historia: un país con aspiraciones expansionistas llega y domina a otros con repercusiones profundas aún después de las luchas por la independencia o consolidaciones democráticas.

No importa que México sea la cosa rara que es hoy o que España sea uno de los países más libres y democráticos del mundo, la historia de la sangrienta conquista sigue ahí. Tampoco importa que Gran Bretaña sea el hogar de Harry Potter e India tenga a Bollywood, el dominio hinduista que creó la corona inglesa sigue vigente y todavía hay persecución de pueblos musulmanes, sikhs e incluso cristianos. El genocidio de Ruanda sucedió porque 72 años antes los belgas y los alemanes les dijeron que entre hutus y tutsis había profundas diferencias y estas se quedaron aún después de su independencia.

Vaya, los conflictos que nadie entiende entre Israel y Palestina son en gran parte producto de las bonitas negociaciones entre países europeos sobre una tierra que se repartieron arbitrariamente, impidiendo existir a los habitantes del territorio y acentuando las tensiones religiosas, pero ¡hey! por ahí andan los cascos azules cuidando la Franja de Gaza ¿qué sería del tercer mundo sin la ayuda humanitaria de las naciones desarrolladas?

Waititi utiliza al Gran Maestro en Sakaar, Jeff Goldblum, para mostrar la lucha entre la voluntad del pueblo y los gobernantes represivos.

Todos los colores, la diversidad en la cinta de Waititi

EL TOQUE DEL DIRECTOR

Mientras Hela nos da una lección de historia, Thor y Heimdall se dan cuenta que no pueden unirse para derrotarla, ni siquiera con toda la fuerza del pueblo asgardiano o los nuevos poderes del Dios del Trueno. Aquí es cuando se pone personal el asunto.

Taika Waititi es neozelandés, mitad judío y mitad musulmán maorí. En un país donde casi el 42% de la población es atea, Waititi es minoría dentro de minoría. No sólo eso, desde 2009 Nueva Zelanda ha impuesto nuevas restricciones a los refugiados, de manera que sólo aquellos que ya tienen familia viviendo en el país pueden cruzar la frontera, y a pesar de que el país ha aceptado acoger a algunos sirios, la tensión ha aumentado y con ello el racismo.

Con todo esto encima de repente vemos que nuestro salvador blanco y hermoso no puede hacer nada contra la implacable perfección de Cate Blanchett, y lo único que le queda es huir y tratar de salvar la mayor cantidad posible de vidas inocentes, dejando a dos fuerzas gigantes pelear mientras una población nómada queda varada en la galaxia en busca de un nuevo hogar.

Conocemos incontables ejemplos de esto en la vida real: volteen a ver la crisis de refugiados en 2015 que provocó el resurgimiento de la ultra derecha en Europa; o cómo desde agosto miles de musulmanes escapan de Myanmar porque su gente está siendo aniquilada; o al pueblo Kurdo, que está desperdigado por Irán, Irak, Turquía y Siria, buscando un territorio y convertirse en una nación. (1)

Explicándoles la película a los actores necios

ESCONDERSE A PLENA VISTA

Thor podrá burlarse de sí mismo y haber sido despojado de su cabellera, su martillo y hasta de su ojo, pero entre el humor Marvel se esconde una crítica social muy profunda que toca temas que todavía no tienen solución, pero al menos Waititi les hizo algo de justicia en un blockbuster hollywoodense, así que sí, esta entrega es algo completamente diferente.

Thor: Ragnarok está lejos de ser perfecta, pero en definitiva es la película más inteligente del Universo Cinematográfico de Marvel.

Nadie se quiere enfrentar a Hela

 

COVACHA FACT | Waititi está tan involucrado en solucionar los problemas sociales de su país que durante la filmación de Thor Ragnarok se tomó un par de días para apoyar una campaña anti-racismo creada por la Comisión de Derechos Humanos de Nueva Zelanda.


(1) Van a tener que confiar en que todos los nombres de países y pueblos mencionados arriba existen, porque existen de verdad, y a los lectores más veteranos, ya es hora de acostumbrarse que Birmania ahora se llama Myanmar.