Mazinger Z Infinity – Reseña

¡Ah, la nostalgia! Ese sentimiento que nos hace añorar un pasado destilado con el telar de nuestras memorias. Tan poderoso es, que muchos contadores de historias del mundo –los más maquiavélicos, o quizá los más perezosos, es difícil saber- han sacado provecho de una generación de adultos jóvenes (ok, también algunos no tan jóvenes) que pasó su infancia pegada al televisor más que generaciones anteriores y que aprovechó las retransmisiones de numerosas series de antaño.

Es, además, la generación que llevó su afición por los contenidos un paso más allá: hacia el consumo masivo de juguetes. Esta bella obsesión llamada fandom, mezclada con la nostalgia gestada por el pasar del tiempo, es la fórmula mágica que dichos contadores de historias han preferido en años recientes. Uno de los últimos y más claros ejemplos de este fenómeno es Mazinger Z Infinity, un largometraje realizado en el marco de los 45 años del popular anime Mazinger Z, creado por Go Nagai, dirigida por Junji Shimizu y producida por Toei Company.

¡Seré el juguete que todos los cuarentones querrán en navidad!

NOSTALGIA CEGADORA

Todos los fans y ñoños del mundo hemos sido víctimas en algún momento de esta fórmula de la nostalgia que a veces nos nubla el criterio, haciéndonos defender algo por el simple hecho de formar parte de nuestra infancia o adolescencia ¡Y no es para menos!, ¡Estamos hablando de reacciones químicas en el laboratorio de nuestro cerebro que no podemos controlar, gente! ¿Cómo no vamos a defender aquello que tal vez era nuestro escape de la realidad, o que marcó los momentos más felices de nuestra infancia, o que moldeó muchos de nuestros valores? Es perfectamente normal.

Así que, a los fans acérrimos que fueron al cine a ver Mazinger Z Infinity y que salieron con estrellitas en los ojos y un sentimiento de plenitud en el alma, no los culpo. Pero es imposible decir lo mismo de los creadores de este largometraje, quienes tuvieron todas las posibilidades de hacer algo épico, pero que al final optaron por hacer las cosas a medias. Total, si ya tenían tantos episodios en el archivero, ¿por qué no repetir la fórmula exacta de cualquiera de ellos, situarla unos años después para que el espectador se sienta identificado, y añadirle una animación más o menos decente?

Soy intelectual, muy inteligente…

QUITÁNDONOS EL LENTE NOSTÁLGICO

Compramos un boleto y recibimos a cambio un episodio genérico de Mazinger Z que bien pudo haber salido de cualquiera de las muchas repeticiones de la primera serie que aún sigue transmitiéndose por televisión. “¡Pero… Pero la acción sucede años después de la serie original! ¡Nuestros personajes han crecido!”, pueden estar pensando. Y sí, la premisa es que muchos años han pasado, pero la realidad es que el tiempo parece haberse congelado.

No es que Koji Kabuto mantenga su esencia, más bien es que el pobrecito nunca maduró psicológicamente. Nada más creció en centímetros, pero la ardilla de la inteligencia emocional no sólo no le gira, sino que probablemente ya abandonó cualquier intento de superarse. Su psicólogo tendría muchas interrogantes de por qué, en un lapso de paz y desarrollo para la humanidad, nunca tuvo el tiempo o las ganas de establecer una relación sentimental estable, y su temor al compromiso a estas alturas ya es patológico (y completamente inexplorado por la trama).

Al principio de la película nos encontramos con una Sayaka Yumi que sí, ha perdido bastante de su fragilidad de damisela en peligro (algo que se agradece porque, ya saben, cambio de siglo), y que ha utilizado los tiempos pacíficos de la Tierra para construir una admirable carrera profesional. Lamentablemente, sus conocimientos tecnológicos y liderazgo científico no le han servido para darse cuenta de que vive enamorada de un hombre con la capacidad emocional de un pepino y que sus deseos por formar una familia con alguien así habla de auto sabotaje y de baja autoestima. (Si fuera mi amiga, hablaría con ella muy seriamente).

Por supuesto, todos tenemos lo nuestro –y qué flojera estar completamente cuerdos–, pero, de entre todos los posibles escenarios, ¿era este el más interesante para protagonistas tan amados por los fans? Sin lugar a duda, había cabida para más creatividad. Por otro lado, parece que la resolución de los creadores a los problemas de pareja de Koji y Sayaka sí intentaba ser original, pero la verdad es que terminó siendo meramente extraña.

¿Qué? ¿Te quieres casar? Sí, mira, este… Tengo que irme para… allá.

MUCHOS COMPLEJOS PSICOLÓGICOS Y POCAS BATALLAS ENTRE ROBOTS

Ante la pregunta “¿cómo logramos que Koji y Sayaka terminen juntos?” los creadores optaron por contestar con una hija proveniente de un posible universo paralelo que se transporta a nuestra dimensión en la forma de una androide “con todas las partes del cuerpo humano funcionales” (no lo digo yo, lo dice la película). Además, expresa su amor filial a través de preguntas incómodas hacia Sayaka e interactúa con su padre cuántico de manera que nos hace preguntarnos si los problemas de Koji se deben a una secreta robofilia con tendencias pedófilas.

Tanto embrollo sobre la vida romántica de personajes que comenzaron siendo bastante estereotípicos en la serie original nos lleva inevitablemente a preguntarnos, ¿no era un anime del género Mecha? ¿No debería tratarse acerca de, ya saben, Mazinger? La respuesta es sí, y no.

Si lo que queríamos era ver batallas épicas entre robots gigantes, la verdad es que el largometraje nos cumplió, nuevamente, a medias. Sí, hay batallas entre Mazinger y los Kikaijus, pero definitivamente lejos de poder calificarse como épicas. Nada memorable en cuanto a animación, ni guión, ni secuencia. El amado Mazinger no tiene remotamente el tiempo en pantalla que esperaríamos de una película que celebra su casi medio siglo de existencia.

Ese hombre es mío, a medias pero mío, mío, mío…

FRACASANDO EN LO BÁSICO

Ya mejor ni entremos en el tema de Afrodita A, quien no hace más que un simple cameo en la forma de un muñeco en el suelo, dejando a Sayaka con aún menos protagonismo que en la serie original (una pequeña omisión para la película, un gran retroceso para la representación femenina en el anime clásico). ¡Es que el espacio había que llenarlo con comicidad fallida! Badabum tss.

El barón Ashler, quien es por mucho uno de los villanos más intrigantes del ánime, también fue desperdiciado. Toei pudo haber aprovechado su apariencia hermafrodita –ahora que el tema es ligeramente menos controversial que hace casi cinco décadas– así como su interesante origen: dos mitades de sacerdotes Mikenes fallecidos, unidos en un solo ser resucitado, y dar algo más que un antagonista unidimensional. Incluso el Conde Decapitado pudo haber tenido su momento de gloria, pero no. Después de tantos años bajo las órdenes de un Dr. Hell que los ha utilizado para su provecho, ambos antagonistas tenían el potencial de hacer girar la trama. Había mucha tela de dónde cortar, simplemente no lo hicieron.

Y los personajes de relleno… Pues son eso, personajes de relleno. Algo se puede decir acerca del romance entre Tetsuya y Jun, pero no mucho, ya que a pesar de darnos mucha más emotividad al principio de la cinta que las interacciones entre Koji y Sayaka, pierde fuerza al final, quedando eclipsada sin ninguna razón aparente. Al comienzo, parecía que los conflictos que amenazan con separar a esta pareja harían que Sayaka y Koji unieran sus fuerzas al grado de superar sus propios problemas, pero la sub-trama pasa a segundo plano y para el final no figura realmente.

Mazinger Z Infinity aprovechó la fórmula de la nostalgia y tocó el corazón de sus fans con una precisión muy ensayada a lo largo de los años a través de la serie, pero falló en ver su potencial para el futuro. Tenía la oportunidad de atraer a nuevos públicos, refrescar y profundizar su historia, pero parece que eso es irrelevante si lo único que quieres es llevarte ese dinerito con olor a infancia perdida.