¿Por qué nos importa Teiichi No Kuni?

Cuando pensamos en Japón, aparte de caricaturas que causan epilepsia y cosas raras, pensamos en estrés. Tenemos la idea de que los japoneses son sumamente infelices, obsesionados con la perfección, al borde del suicidio todo el tiempo y escondiéndose en el súperpoder de ser mejor que todos en todo. Lo bueno es que la película Teiichi No Kuni viene a las pantallas mexicanas a esclarecer y burlarse de estos clichés.

CAMINITO DE LA ESCUELA

Basada en el manga del mismo nombre, la historia se centra en una escuela privada más o menos en los años 80, en las últimas etapas de gobierno del emperador Hirohito (el que estuvo del lado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial). Ahí, Teiichi Akabana recién empieza su educación preparatoria, aunque lo único que le interesa es tejer las alianzas correctas que lo lleven a la silla de presidente de consejo. Pero sus ambiciones no se detienen ahí, eso es sólo un peldaño más para convertirse en Primer Miistro de Japón y formar su propio país.

Antes, un poco de contexto: Hirohito no sólo protagonizó un hecho histórico para la mejor película de Michael Bay y Ben Affleck, sino que acabó con el experimento democrático de Taisho, el sucesor del emperador Meiji quien intentó modificar la Asamblea del Estado para mejorar la representatividad y la confianza del pueblo japonés.

Hirohito retomó las políticas autoritarias de sus ancestros y, cuando vio que los tiempos del totalitarismo decaían, dejó que su parlamento creara una red clientelar, donde una élite domina (todavía lo hace) todas las esferas gubernamentales y sólo hay un camino para formar parte de este grupo: ser hijo de un político y acceder a una prestigiosa universidad que te meta en la política. A esta gente se le llama Amakudari.

¿Y qué pasa con ellos cuando están muy viejos para gobernar? Fácil, encuentran un puesto importante en alguna empresa, o se vuelven renombrados profesores universitarios. Su vida está resuelta.

No sé qué tienen mis ojos que…

ENTRE POLÍTICOS TE VEAS

Teiichi No Kuni se burla de ese sistema y de lo absurdo de “la cultura del estrés” japonés. Su protagonista sólo tiene que seguir un camino específico, tal vez demasiado: Primero tiene que ser líder de su salón en primer y segundo año, juntarse con la gente correcta, ser el mejor en todo, ser presidente cuando llegue a tercero y de ahí subir hasta ser el máximo político del mundo. Entonces, cada mala decisión, cada calificación baja, cada que el chico popular se enoja con él no sólo va a provocar un drama adolescente, le va a costar toda su vida y el honor de su familia.

Teiichi es como una versión live action de Cerebro y todas sus acciones, desde convertirse en el lamebotas del próximo presidente hasta robar el examen de un chico pobre para probar que es tan bueno como él, demuestran lo absurdo de la política japonesa y lo dañino que resulta para su sociedad.

Esta idea la tratan mucho mejor en la cinta que en el manga escrito por Usamaru Furuya, ya que durante las campañas “electorales”, los candidatos Okuto Mirozono y Dan Otaka deciden que, de ser elegidos, pondrían un sistema de votación directa y eliminarían todas esas tonterías de círculos de poder y peleas entre privilegiados.

Furuya tiene la oportunidad de hacer su historia más larga y burlarse mucho más de los personajes que en la versión fílmica, pero el director Akira Nagai entiende muy bien los temas que se deben tocar y lo hace de una forma mucho más directa y cómica. Cada una de las escenas es una crítica a la política japonesa, y los actores le echan más leña al fuego con su cinismo.

Teiichi – Soy el mejor en lamer zapatos | Ricardo Alemán – Hold my beer

ACTORES POLÍTICOS, NO ES PLEONASMO

Sí, las actuaciones están exageradas y hay muchos detalles que nos van a recordar diferentes ánimes y películas, pero ya debemos acostumbrarnos al gusto de los nipones por la farsa y ver qué están tratando de decirnos.

En Teiichi No Kuni estos excesos quedan como anillo al dedo porque se esfuerzan muchísimo en mostrarnos que al final del día son chicos de prepa peleándose por un puesto que en un par de años nadie recordará. Pero para estos preparatorianos es algo real, al grado de querer suicidarse si no logran lo que tienen cometido. Oh sí, la película se atreve a criticar la obsesión por el éxito, esa necesidad de alcanzar el éxito y lo nocivo que es este estilo de vida.

Es triste ver al protagonista no solamente como un megalómano en busca de poder, sino como un chico perturbado por las presiones familiares provocadas por una rivalidad que no le corresponde.

El mayor sueño de Teiichi es tocar el piano, pero un interés tan “delicado” no tiene cabida en una familia de políticos. Mucho menos cuando tiene que vengar todos los errores cometidos por su padre y no dejar que Kikuma Togo, el hijo de su rival que va en el mismo año que Teiichi, sea mejor que él. Y si para poder tocarlo en paz tiene que ser Primer Ministro, entonces eso será.

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EL DÍA DE LA ELECCIÓN

Al final, las elecciones no importan y Teiichi ni siquiera puede estar presente, él se queda afuera, confrontando sus verdaderos deseos y cortando los lazos que le impuso su padre. La vida sigue, hay diferentes caminos, y un desliz no significa la destrucción del universo.

Puede que en la última escena todo este mensaje se diluya porque Teiichi sigue decidido a conquistar el mundo, aunque con nuevos bríos y la libertad de hacer lo que de verdad quiere hacer. La película nos trata de decir que debemos hacer lo que nos hace felices, aún cuando tengamos otras responsabilidades que atender.

Teiichi No Kuni es una película muy divertida, que presenta la realidad de la sociedad japonesa de una forma fácil de entender y los personajes son bastante empáticos. Es algo nuevo que los hará repensar la vida de Japón más allá de Pokémon y Naruto. Y deberían verla ya.

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