Rampage: Devastación – Reseña

Planeta Palomita

Si Dwayne Johnson sabe hacer algo, es arrastrar a las masas a las salas de cine. Gran parte de su éxito se debe a su capacidad de presentarse como un gran héroe de acción pero escogiendo películas más divertidas (o al menos que no se toman en serio), que resalten su carisma y su poderosa cabeza calva. Así no importa si es Hércules, un personaje de videojuegos o un salvavidas, la gente lo irá a ver y se enamorará de La Roca. Con Ramaje: Devastación, planea repetir su racha ganadora (y con 183 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana va para allá) sólo que ahora entrándole al terreno de los monstruos.

DEVASTACIÓN ANUNCIADA

Rampage parecía perfecta para Dwayne: Una película de acción boba protagonizada por animales genéticamente modificados destruyendo Chicago. Sin embargo, a pesar de que efectivamente te presenta una serie de eventos bobos, lobos planeadores y cocodrilos malvados, ni La Roca puede hacer que sea interesante. Vaya, ni siquiera puede hacerla entretenida.

Un problema grave que tienen este tipo de historias es que en menos de dos horas deben compaginar una explicación para la presencia de los monstruos con un desarrollo de protagonistas, villanos y, para rematar, poner escenas épicas de destrucción masiva. Es difícil, pero cuando se hace bien suelen ser un gran espectáculo.

Rampage parece entender el concepto básico de una cinta de monstruos, por eso se tarda menos de una hora 40 minutos en presentar un error genético que afecta a algunos animales y obviamente pone a Dwayne Johnson en el ojo del huracán para que solucione el problema y salve al mundo. Sin embargo, fuera de La Roca, ningún otro personaje brilla, uno olvida a los villanos principales cada que salen de pantalla y no genera ninguna conexión emocional que nos haga interesarnos por el desenlace de las secuencias de acción.

Conocemos eso del antojito de mediodía pero esto es demasiado

Recuerden el caso de Pacific Rim, la película de Del Toro que revivió el género para occidente. Los personajes de Charlie Hunnam, Idris Elba y Rinko Kikuchi están lejos de ser geniales, ni siquiera se puede decir que se quitan el estereotipo de héroes de acción. Pero al menos sus deseos y problemas están bien delimitados, sus interacciones crean tensión, conocemos su pasado, sus pérdidas. Guillermín se esfuerza porque su audiencia se interese en sus personajes, que conecten con ellos, aunque sea al nivel más básico.

Pero en Rampage, aparte de decir que Dwayne Johnson es un exmilitar que vio cosas horribles por lo que prefiere a los animales antes de interactuar con la gente y que es un hermoso adonis calvo, poco se interesan por construirle una personalidad, y peor, olvidaron por completo construir un desarrollo mínimo al resto del elenco.

No hay que negarlo, su carisma ayuda a levantar algunas escenas, hasta te pueden sacar una sonrisa, pero su personalidad no puede ser el eje central de la película. Incluso en La Falla de San Andrés, que fue otra oda a su heroísmo y perfección, tenía como contraparte a Alexandra Daddario y se esforzaron por hacerla medianamente fuerte y medianamente simpática para que pudiera ser una buena mancuerna con Johnson.

¡Concurso de mirar fijamente! Porque de personalidad los dos pierden.

MONSTRUOS DE MELOCOTÓN

A estas alturas quizá dirán que Japón logró crear toda una subcultura de los monstruos sin la necesidad de tener protagonistas humanos destacables (y si no lo dicen me avergüenzo de ustedes). Pues sí, pero eso es porque la personalidad la han puesto enteramente en el monstruo.

Desde Gojira, los cineastas se esforzaron por hacer del Kaiju más famoso de la historia un héroe nacional, no nada más una masa que destruye ciudades. Por eso puede pelear contra Biollante, contra su parte mecanizada y con Destroyah, y nos va a interesar, es más, le tendremos una fe enorme a que nuestra lagartija gigante gane, no nada más porque las peleas son cool (muchas veces no lo son), sino porque Godzilla se convirtió en un símbolo, en una fuerza tan grande y tan poderosa que da miedo e inspira respeto. En Godzilla vs. Destroyah la trama principal es que Godzilla está muriendo porque su corazón nuclear se está derritiendo ¿y saben qué? ¡logran hacerlo íntimo y conmovedor!

En Rampage tenemos a George, un simio albino que es el mejor amigo de Dwayne Johnson. La Roca lo vio crecer y lo convirtió básicamente en su compañero de gimnasio. Con él hace bromas tontas, habla moviendo las manitas (porque lo que hace Dwayne Johnson en la película no es lenguaje de señas, que no los engañe) y… hace bromas tontas. El mono, con el que se supone que debemos empatizar y que simboliza la parte humana del personaje de La Roca es igual de plano e intrascendente que todo lo demás en esta película. Su único trabajo era ser un buen mono de CGI gigante destruyendo cosas, pero no, ni eso pudo ser.

Cuando tú y tu amigo ven a la misma changuita al mismo tiempo

ESPECTACULAR DECEPCIÓN

Una película de monstruos tiene que ser espectacular. Tiene que brindar asombro y miedo, tiene que tener escenas épicas de acción que nos quiten el aliento, tienen que tener peleas que tengan consecuencias visibles y rápidas. Pero Rampage tampoco cumple en este rubro, los efectos especiales son mediocres, y el tamaño de los monstruos es bastante estándar para lo que prometía le premisa de la cinta.

Al final, las peleas no son tan increíbles como prometían, los monstruos villanos son derrotados con mucha facilidad. El momento “determinante” de Johnson no se siente así porque el desenlace está muy cantado desde el principio. Nada asombra, nada distrae, y esa era la parte que tenían que hacer con una mano atada a la espalda.

Dwayne Johnson estelariza una película de monstruos muy mediana que no cumple con las expectativas más básicas de una película de su calibre. Pero él es muy versátil y muy simpático, podrá recuperarse.

Conocemos eso del antojito de mediodía pero esto es demasiado