Iron Man: El Hombre de Hierro, dirigida por Jon Favreau y estelarizada por Robert Downey Jr, Gwyneth Paltrow y Jeff Bridges, se estrenó en México el 30 de abril de 2008.

Es el hijo pródigo del Universo Cinematográfico Marvel, pero no solamente es la primera película del UCM, es también la primera producida por los estudios Marvel después de recuperar los derechos del personaje en 2006 y también fue lo que puso en el mapa a Robert Downey Jr después de sus múltiples rehabilitaciones.

El hecho de que Marvel fuera una compañía resurgiendo de las cenizas le dejó la suficiente libertad creativa a Jon Favreau para darle una voz diferente a su cinta. A pesar de que ya tenía encima el éxito del Spider-Man de Sam Raimi y de los X-Men de Bryan Singer y que estaba presentando a un personaje completamente desconocido para el público general, supo darle un tono más centrado y escogió perfectamente a su protagonista.

A pesar de que todo el mundo le dijo que no lo hiciera, Favreau contrató a Robert Downey Jr. porque creyó que sólo él podría darle ese porte de patán-cae-bien que necesitaba la película y porque su historia de superación personal se asemejaba bastante a la de Tony Stark.

Y creo que justamente uno de los puntos más fuertes que tiene Iron Man es la delimitación del personaje: en la escena inicial, te bastan tres minutos para entender que Stark es un hombre seductor, divertido, famoso, que lucra con la guerra pero que jamás se ha ensuciado en el campo de batalla. Desde aquí el filme ya es algo distinto: no importa si no conoces a Stark o si eres un fan escéptico, en cinco minutos tiene tu completa atención, y eso es algo que sólo podía lograr Robert Downey Jr.

La película se sitúa en 2008 y al respecto Favreau no teme impregnarla de su visión política: te está contando la historia de un vendedor de armas frente a una sociedad cansada de la guerra de Afganistán e Irak. La guerra ya no es sexy y muchas de las masacres, los éxodos y las diferentes vejaciones que se dieron en medio oriente también fueron culpa de Estados Unidos.

La representación de los Ten Rings, el grupo terrorista que tiene nexos con Obadiah Stane, es muy básica pero eso le permite hilar un comentario político muy específico para la época con la historia de Iron Man en los cómics. Así tienes una adaptación fiel al origen de Stark, meten guiños comiqueros muy elgantes y te justifican perfecto cómo es que Iron Monger se convierte en su enemigo, todo dentro del contexto histórico de 2008. Lo cual me parece bastante innovador para una película de superhéroes.

Ver a Iron Man desarrollar poco a poco su traje es otro de los puntos fuertes de la película, principalmente porque lo vemos equivocarse mucho y la fuerza que va agarrando su armadura se siente como el crecimiento que Stark tiene como héroe. Y si bien lo vemos convertirse en Iron Man, es curioso notar que lo hace desde el trauma que le causó estar 3 meses secuestrado.

Su conversión de “patán” a “héroe” es impulsiva y extremista, cosa que le ayuda a RDJ a mantenerse como el adorable idiota que a todos les gusta. Pero también cimienta el estrés post-traumático que se potenciará en Avengers y tendrá su climax en Iron Man 3 y el sentimiento de culpa que vemos en Civil War.

A lo largo de estos 10 años hemos visto como Tony Stark es un hombre dañado que sin importar lo que haga termina causando daños colaterales por los que tiene que responder. Las amenazas son mayores, las consecuencias son mayores, pero todo comenzó desde Iron Man.

El humor Marvel también está presente aquí. La película está muy contenida, y creo que el porte de Robert Downey Jr. ayuda a que las bromas se sientan más sarcásticas y no provocan la carcajada que generan las producciones de ahora, pero ya estaba ahí. Obadiah como el villano también es algo sencillo, problema con el que han lidiado mucho las siguientes películas, pero Jeff Bridges es un buen contrapeso para RDJ y el guion delimita bien la historia y le marca un camino orgánico, por lo que creo que funciona como su némesis.

Sean cuales sean los saltos de fe que hayan tomado, cómo hicieron sobre la marcha su universo, las cosas que han ido corrigiendo, las que olvidaron (¿Alguien se acuerda que Terrence Howard es Rodhney en esta? Yo tampoco). Lo cierto es que Iron Man: El Hombre de Hierro no es nada más una película con una voz propia que se sostiene por sí misma, tiene una visión específica con miras a un futuro que resultó muy brillante.