A 30 años de The Sandman

Treinta años. Se dice fácil, pero vivirlo no lo es. Hoy jueves 29 de noviembre se cumplen exactamente 30 añitos de la publicación de THE SANDMAN #1.

PAÍS DE SUEÑOS

Yo todavía recuerdo con mucha claridad la primera vez que lo vi en una de las incipientes “tiendas” de cómics acá en la Ciudad de México. Uso las comillas porque aquellos lugares poco tienen que ver con los enormes locales de hoy en día. Era mas bien un cuartucho bastante pequeño en un edificio en la Narvarte, cerca de Metro Xola, que parecía que estaba a punto de ser demolido.

Entre las novedades de ese mes había una portada que llamó mi atención. Una extraña portada, ni dibujada ni pintada. Era como la fotografía de un librero con adornos raros y en medio la silueta de algún personaje de aspecto siniestro. Cuando lo abrí me quedé en las mismas.

El cómic estaba escrito por un tal Neil Gaiman y dibujado por alguien llamado Sam Kieth. En su casa los han de conocer, fue lo primero que pensé. Ninguno de los dos nombres me era remotamente familiar. Ah… cómo cambia el mundo en treinta años.

PRELUDIOS Y NOCTURNOS

La historia comienza con el encarcelamiento de Morfeo, el epónimo “Sandman” del título (como buen mito tiene muchos, muchísimos, nombres), Señor de los Sueños, a principios del siglo XX por parte de Roderick Burgess, que bien podría llamarse Aleister Crowley, un hechicero anciano que busca atrapar a la Muerte.

Al darse cuenta de su error, pero temiendo venganza por parte de Morfeo, lo deja atrapado. Un encierro que durará la mayor parte del siglo. Es claro que Burgess sabía de lo que hablaba, porque cuando Morfeo logra escapar al final de ese primer número, en efecto cobra una cruel venganza… sobre el hijo del ya finado Burgess. Tan sólo la primera pista que nuestro protagonista no era exactamente una buena persona, mucho menos un héroe.

El mismo look del personaje, alto y delgado, nada musculoso, de complexión pálida y peinado estrafalario, una oda al look goth de Robert Smith de The Cure, era algo por completo diferente a lo que los lectores de cómics (sobre todo los de superhéroes de las Dos Grandes) estaban acostumbrados a esperar de un personaje principal. Quizá es gracias a esto que la gran mayoría de los lectores de Sandman, así como de otras obras futuras del mismo Gaiman, serían mujeres universitarias, que normalmente no se molestaban en leer cómics en general.

El resto de la serie lidia con los cambios que ha sufrido Morfeo después de su confinamiento de casi 100 años. Por lo que dicen otros personajes en otros números, se nos da a entender que siempre fue una persona de carácter difícil, nada sociable. Arrogante y quizá demasiado serio. No trataba bien a las personas que quería y no era muy maduro en sus relaciones. Las consecuencias de esto cobrarían importancia mediante avanza la serie.

Con el paso del tiempo el comic también revelaría una creciente ambición literaria, muy poco usual en el medio. Recuerdo, por ejemplo, un anuncio muy sencillito de una página completa que promocionaba la serie con la cara de Morfeo de cerca y un puñado de arena cayendo de su mano bajo la leyenda: “I will show you fear in a handful of dust…” Hoy es distinto (en parte gracias a cómics como Sandman) pero, créanme, en ese entonces no era normal ver citas de TS Eliot en un cómic. En efecto, mas que un simple cómic de historias de horror, Sandman apuntaba más alto. Nominalmente trata sobre Morfeo, claro, pero poco a poco descubriríamos que era más bien una historia sobre las historias. Sobre la imaginación y, sí, en efecto, sobre los sueños.

VIDAS BREVES

Aunque ambos ya habían logrado publicar algunas cosas con anterioridad, ni Gaiman ni Kieth tenían experiencia alguna en escribir una serie mensual, y al principio se nota. Kieth renunció después de apenas cinco números, mientras que esos primeros guiones de Gaiman (a pesar de algunos números brillantes, como el inaugural que describo arriba, o “A Hope in Hell”, o el inolvidable “24 Hours” que sucede todo dentro de un Diner) demuestran cierta incomodidad, como si no muy seguros todavía de a dónde dirigirse. Los conceptos no estaban bien definidos ni la dirección final de la serie.

Casi como si para complacer a los lectores, varios superhéroes salen en esos primeros números. Gaiman seguiría agarrando a varios otros personajes del universo DC, cada vez los más excéntricos (por ejemplo, la idea de usar a Cain & Abel, los anfitriones de las antologías de horror de DC de los años 70, en realidad es de Alan Moore, al igual que la versión del Infierno que aparece aquí, pero fue Gaiman el que los desarrolló como personajes), aunque con el tiempo la serie se alejó de interactuar con el resto del UDC.

Es sólo con el numero #8 que la cosa cambia, y vaya que lo hace. “The Sound of Her Wings” es un número donde aparentemente no ocurre nada, pero es donde se introduce por primera vez a la Muerte, la hermana mayor de nuestro protagonista. Sólo que en vez de la típica calaca con su guadaña, o tipo de expresión severa que le gusta jugar al ajedrez, la Muerte en Sandman es una jovencita morena, de complexión tan pálida como su hermano, y que viste todo de negro como chica goth. Lleva un ankh plateado de collar y un tatuaje del Ojo de Horus en una mejilla. Es simpática y agradable (mucho más que su hermano arisco y taciturno) y es la que logra convencer a Morfeo que dejé de estar perdiendo el tiempo.

No solo el personaje resultó inmensamente popular, sino que además abrió toda una puerta nueva para la mitología interna de la serie. ¿Una hermana mayor? Y menciones sobre… ¿otros hermanos? Sin duda, el primer clásico de muchos en esta serie. Poco a poco, Gaiman iba plantando semillas que solo verían fruto hasta después (en algunos casos, años después)

FÁBULAS Y REFLEJOS

Los siguientes arcos demostrarían un gradual aumento de calidad. “The Doll’s House” es superior a esos primeros números (que luego serian recopilados bajo el nombre general de “Preludes & Nocturnes”), mientras que el inolvidable “Season of Mists” (cuando Lucifer le “hereda” el Infierno a Morfeo) es mejor aún. Y así sucesivamente. La maduración de Neil Gaiman como escritor es algo que se puede ver y seguir con mucha facilidad a lo largo de esta serie.

Amo esos arcos largos, los meses de espera para leer sus resoluciones, pero admito que mis números favoritos de Sandman siempre fueron los relatos cortos. Hasta el día de hoy sigo pensando que Gaiman es mejor cuentista que novelista. El ya mencionado “The Sound of Her Wings”, o el que viene a continuación, “Tales in the Sand”. O “Men of Good Fortune”, el número que introduce a Hob Gadling, el pícaro inmortal que se reune con Morfeo cada cien años para compartir unos tragos.

O los números de la secuencia de “Dream Country”: el de “Calliope” la musa (que yo sigo insistiendo es autobiográfico, aunque se enoje Gaiman). El del sueño de los gatitos, o (por supuesto), “A Midsummer Night’s Dream”, hasta el día de hoy el único comic en ganar un World Fantasy Award (inmediatamente después un montón de amargados cambiaron las reglas del premio para que no volviera a suceder). ¿Se acuerdan de “Ramadan”? ¿Se acuerdan del Emperador de los Estados Unidos? Podría seguir dando ejemplos todo el día.

LA CASA DE MUÑECAS

En el mundo de los cómics algo que ayuda a mantener su popularidad es el conservar a un mismo dibujante por grandes periodos de tiempo. Hasta en esto sería diferente Sandman. Por una u otra razón, sus dibujantes no duraban mucho, pero en vez de sentenciar al cómic, Gaiman lo convirtió en una de las mayores fuerzas de la serie, dedicando cada arco a un dibujante distinto, escribiendo según las virtudes de cada uno.

Por ejemplo, no se concibe a ningún otro artista más que al estilizado Kelley Jones para “Season of Mists”, de la misma manera que Shawn McManus era ideal para el mundo fantástico de Barbie que aparece en “A Game of You”.

El único elemento en común, aparte del mismo Gaiman, a lo largo de todos y cada uno de los números de Sandman es Dave McKean y sus asombrosas portadas. Aquella primera imagen que salió en noviembre de 1988 acabó siendo una de las más sencillitas mientras McKean, al igual que Gaiman, iba puliendo su oficio. Mucha de la magia de esta serie le pertenece a esas increíbles portadas que McKean producía, casi como sin esfuerzo alguno, mes tras mes.

Sandman se convirtió en un éxito sin precedentes para DC, hasta el punto que agruparon a todas las series que editaba la innovadora Karen Berger (incluido Sandman) para crear una línea independiente llamada Vertigo, que produciría muchos de los mejores comics de los 90. Esa década no fue particularmente buena para los superhéroes, pero Vertigo mantuvo en alto el estandarte por muchos años.

Sandman era la serie líder del grupo, y la “fantasía obscura” que era su estilo se volvió casi la marca de toda la línea. Sería sólo hasta la siguiente década que comics como 100 Bullets romperían esta hegemonía temática. Asimismo, la creciente popularidad de Sandman ayudó a dar inicio a la práctica, ahora costumbre, de publicar los números individuales de una serie en recopilatorios, ya sea en rustica o hasta en pasta dura si es necesario. Publicaciones que se vendían no sólo ya en las tiendas especializadas, sino en librerías normales y que por lo tanto conseguían alcanzar un público diferente y mucho mayor. Sandman se convirtió en bestseller en las listas del New York Times.

UN JUEGO DE TI

Gaiman ya había advertido que, a diferencia de las series de comics de aquellas épocas, que duraban para siempre mientras las ventas lo permitieran, él tenía un final en mente muy claro y ese iba a ser el último número. Debido al mismo éxito del cómic muchos temieron que DC no le iba a hacer caso, e iba a continuar la serie aún sin Gaiman, pero es crédito al renombre que ya había conseguido el autor que DC respetó sus deseos y, salvo excepciones muy contadas, no volvieron a usar el personaje nunca más. En marzo de 1996 se publicó el numero #75 de la serie que concluyó para siempre la historia.

Por supuesto Gaiman regresó ocasionalmente al personaje, en el décimo aniversario de Vertigo, en el aniversario de plata de Sandman (y por supuesto han salido varias series y miniseries y one-shots que utilizan a muchos de los personajes de Sandman, escritos por otros), pero nunca volvió a ser lo mismo.

Una época de nuestras vidas acabó con el final de Sandman. Las historias ahí siguen, en una serie de TPBs, en varios formatos y tamaños, desde Deluxe hasta Omnibus y Absolutes, para ser redescubiertos por nuevas generaciones, pero nunca volvió a ser lo mismo.

Acompáñenme, pues a levantar nuestros vasos y celebrar un brindis por Sandman, uno de los mejores comics de toda la historia.