Batman de Scott Snyder: Creando un ícono

deROCHAndo Opiniones

Mi amor por el trabajo de Scott Snyder en Batman es, curiosamente, una de mis opiniones más controversiales, pero no lo puedo evitar, así que aquí estoy para hablarles (nuevamente) del trabajo de este escritor con el Hombre Murciélago.

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Hace un tiempo escribí lo siguiente sobre la etapa de Snyder con el artista Greg Capullo en Batman:

“El trabajo de Scott Snyder y Greg Capullo en Batman es mi interpretación favorita del personaje desde la Serie Animada de los 90s. Simplemente creo que estos dos hombres entendieron al personaje de una manera que pocos los han hecho, en guión y dibujo. Éste es, en mi opinión, el Batman perfecto. Oscuro, serio y gótico, pero un poco ridículo, un poco absurdo y con una buena dosis de ese clásico sentimiento pulp”.

Y aunque hay varios elementos que contribuyen para esto, una de las cosas más importantes es la interpretación que tiene del personaje.

Su Batman no es el bati-dios de Grant Morrison o el detective oscuro casi nihilista que escribe Brian Azzarello, su Batman es un héroe humano con fallas, pero que nunca se rinde. Sí, algo paranoico y pretencioso, demasiado enamorado del mito que ha creado alrededor de sí mismo pero, al final, es un buen hombre.

Snyder no ignora los problemas del personaje, con muchos momentos de la historia funcionando como contrapuntos a ideas previamente establecidas. Acepta que la idea de Batman como el amo y señor de su ciudad, un ser en control total de su mundo, que tiene aliados pero no los necesita, es absurda. Sus primeros dos arcos son acerca de descubrir que él no es el epicentro de este mundo, aún cuando sea el protagonista de la historia.

Primero acepta que el NO controla esta ciudad, y nunca lo hará, y después lidia con las consecuencias de no tratar a sus aliados como iguales sino como, bueno, personajes derivados.

Ambas historias concluyen con Bruce teniendo una conversación honesta con Dick Grayson, donde lo vemos aceptando sus errores y a su manera, un tanto mamona, porque Batman, pidiendo disculpas.

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REINVENTANDO LOS TRAUMAS

El autor también se opone a la idea de Batman como un hombre traumado que no supera la tragedia, como un ser violento que se desquita con los criminales por lo que le pasó a su padres. Para Snyder no es tragedia o tristeza lo que impulsa a este héroe, es un sentido de propósito.

Durante Zero Year, Snyder explora la idea de un Batman enojado e infeliz, y llega a la conclusión de que no funciona. La primera versión del personaje que Bruce adopta es justamente la de una figura furiosa y vengativa, un ser solitario que desconfía del mundo.

El autor expone su tesis a través de Alfred. Esta versión de Batman existe como una manera de venganza, no sólo contra los criminales, sino contra la sociedad que permitió que sus padres murieran, una pataleta furiosa de un niño herido que quiere gritarle al mundo mientras hace lo que ellos no pudieron. Un niño que no aceptará ayuda de nadie porque nadie estuvo ahí para él cuándo más la necesito.

Pero Scott parece ver severas limitaciones en esta interpretación del personaje al mostrarlo miope, incapaz de ver que necesita ayuda o que puede equivocarse, y al final, fracasa en evitar que El Acertijo desate el caos y tome el control de su ciudad.

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LA CONSTRUCCIÓN DEL ÍCONO

Snyder lo dice claramente: Para que Batman pueda convertirse en un héroe y, más importante, en un ícono, no debe estar impulsado por furia y venganza, sino por justicia y esperanza.

Y es esta concepción que tiene del personaje lo que le permite ofrecernos tal vez su tesis más relevante: Lo más importante no es lo que haga Batman, sino lo que nos inspira a hacer.

Esto lo vemos representado en tramas como la “Iniciativa Batman”, creada para remplazar al héroe después de su muerte, la cual resulta ser un intento genuino y bien intencionado para proteger a la ciudad. Y por supuesto en ese hermoso número 51, donde se nos muestra que las cosas han mejorado, que la gente ha mejorado, y que Batman, aunque no quiera, puede tomarse una noche libre.

Mientras no se resbale, porque si no esa será la verdadera Caída del Murciélago (eh, eh, ¿vieron lo que hizo el editor aquí? oh, olvídenlo)