El Complot Mongol – Reseña

“Martita. No soy más que un fabricante de pinches muertos. Uno va haciendo los muertos y ellos se van amontonando. ¿Sabe cuántos muertos, Martita? Cerros de pinches muertos” –Filiberto García, El Complot Mongol.

LA TRAMA

Hay un complot fraguándose. Al parecer los Mongoles quieren matar al presidente de los Estados Unidos en su visita a México. El FBI y la KGB han enviado agentes a investigar. ¿A quién envía el gobierno mexicano? A Filiberto García.

Filiberto García es un viejo asesino de los que se usaban cuando el gobierno no era gobierno y las leyes no eran leyes, pero que es tan bueno en su “chamba” que logró seguir la producción hasta cuando ya se quería fingir que las reglas si existían. Y es que, verán, a García se le llama cuando ni la ley ni el gobierno alcanzan, cuando ya se necesita de un cadáver para poder jugarle al mucho pinche gobierno otra vez.

Pero si García ha pasado la mayor parte de su vida matando a otros para tener un lugar en este mundo. ¿Cómo es ver ese mundo mediante los ojos de alguien que lleva toda su vida matando a otras personas?

García, que estaba bien tranquilo eliminando a los que le estorban al progreso del país y quejándose de ese mismo progreso que está a punto de reemplazarlo, se ve ahora en medio de la un complot que podría cambiar el curso de la guerra fría y distraído por las bellas piernas de la señorita Fong.

No hay nada mejor para distraer a un hombre que una mujer bonita, y nuestra mujer bonita es Martita Fong; una Peruana-China que es ayudante en una tienda de chinos. Reservada, callada y tímida, encuentra en Filiberto el consuelo y la protección que desesperadamente necesita. Se logra la añoranza y el cariño con detalles que van desde llorarle a Filiberto, usar su camisa mientras le hace un café o comprarle una corbata de sorpresa. Todo sea para crear mella en las defensas férreas de nuestro protagonista.

La narración te muestra la investigación del complot que lleva en complicidad con los agentes extranjeros mientras lidia con Martita rondando su vida y se “atiza” en su cabeza por no ser lo “suficiente hombre, duro o inteligente”.

Para todos impenetrable, esta especie de “catrín-pachuco” que pareciera ser la personificación de La Muerte en traje y sombrero se la pasa mintiéndose sobre que puede olvidar a los muertitos y a “las viejas” que se le van pegando a su fachada despiadada. Pero ni olvida ni nada, los carga a todos lados, pensando que el hacerse el muy pinche duro los va a dejar calladitos al otro lado de la puerta que abrió para ellos.

Y es que eso es lo que pasa: se amontonan tanto a “viejas” y muertos en el otro lado de la puerta, que se sabe solo sin ellos.

Literal, un cerro de muertos, no mintió

LA ADAPTACIÓN

Hace 20 años, El Complot Mongol estuvo a punto de ver la luz en una serie de 4 números de tamaño comic-book editados por EDITORIAL VID y producidos por El Taller del Perro.

Él único número que logró salir fue una edición a color (intervenido por figuras del calibre de Bachan, Patricio Betteo y el Frik) junto con un diseño editorial a cargo de Edgar Clément.

Lo que resalta en dicha versión eran dos textos escritos por Paco Ignacio Taibo II con el propósito de dar contexto a la historieta (y se dice que ya estaban escritos un par más esperando el siguiente número que nunca salió a la venta).

De forma no oficial me han comentado que estos textos quedaron fuera porque no les gustaron del todo a los herederos de los derechos de Rafael Bernal.

A finales de 2017 salió una nueva edición realizada por el Fondo de Cultura Económica que tiene mucho a su favor: Pasta dura, tamaño tabloide, en grises oscuros cuyos negros van apoderándose de las páginas hacia el final de la trama.

En la portada un rediseño del logo original, un bello barniz a registro de un dragón oriental que apenas resalta en el negro absoluto, sólo contrastado con la pequeña silueta negra de Filiberto García saliendo por la puerta al otro lado de un cuarto inundando de un resplandor color rojo sangre.

Siendo que las primeras páginas fueron dibujadas para ser a color, son casi las mismas pero “con su manita de gato” para encajar mejor en los grises de la nueva edición. Prácticamente imperceptible, con mucho detenimiento logras observar los cambios sutiles en las caras de algunos personajes, en los detalles de algunas escenas o en el cabello de uno que otro rubio que aparece en la trama con motivo de hacer más entendible la narración.

En especial la corrección en el dibujo de Martita fue un gran acierto del buen Ricardo Peláez.

Las dos versiones del complot en cómic

LOS AUTORES

Probablemente muchos de ustedes no conocen a Ricardo Peláez (no el ex-jugador del América), principal orquestador de este complot que tardó dos décadas, pero déjenme decirles que fue fundador de El Taller del Perro, colaborador del Gallito Comix y ganador de premios nacionales e internacionales de historieta.

En los últimos 15 años, dedicado sobre todo a la ilustración, muchos de sus trabajos para libros infantiles le han hecho un lugar como uno de los ilustradores más importantes de México (¿qué mejor ejemplo de esto es las veces que ha sido juez en el catálogo de la FILIJ?).

Pero además de todo eso, el buen Lic. Ricardo Peláez Goycoechea es uno de los mejores narradores gráficos que hemos tenido a bien conocer en este país. Historietas como “El Antojo”, “México Año Cero” y la célebre “Madre Santa” lo habían demostrado de sobra en el pasado. Pero con esta, la primera novela gráfica publicada por el Fondo de Cultura Económica, oficializa su retorno como el excelente narrador gráfico que siempre ha sido.

Sólo hace falta ver esas páginas donde Filiberto empieza a contar sobre cómo construye montañas de muertos en su consciencia para reconocer la potencia y el oficio en el estilógrafo del buen Ricardo. Y no sólo queda ahí, en los escenarios dibujados logran construir un discurso mostrando los detalles y las referencias de los lugares que claramente puedes visitar. No tienes que leer los letreros en las marquesinas para saber que estás en el Bar La Ópera, en el hemiciclo a Juárez o en la pequeña calle que corresponde al Barrio Chino de la Ciudad de México.

Tuve la oportunidad de peguntarle qué se sentía por fin tener El Complot en sus manos después de 4 lustros en el tintero y contestó: “Es el equivalente como a ver salir de la panza de tu mujer a un hijo… era no dar crédito a que finalmente eso ocurriera”.

Sobre el guión de Luis Humberto Crosthwaite, adapta los monólogos y discursos mentales de García otorgando realismo y adaptando la prosa para recrear por medio de dibujos la atmósfera misma de la ciudad, que en sí misma se convierte en un elemento importantísimo en la historia.

El Complot Mongol es una auténtica novela (negra) gráfica mexicana que necesitó 20 años y la muerte de 3 editoriales para poder ser disfrutada por los lectores. Esas muertes no pueden ser olvidadas y valieron la pena. Si te gusta la novela negra o quieres ver un cómic mexicano que tenga excelente narrativa, es necesario que esté en tu colección.

Ricardo Peláez G. tuvo que escalar su propia montaña de muertes para reunirse con García, ahí al otro lado de la puerta. Después de tanto tiempo, seguro ambos tendrían a bien decir: “¡PINCHE COMPLOT!”.

El trabajo de 15 años finalmente culminado