El Zorro de Dynamite

En palabras de Gaider-Abdul.

Durante mi infancia, en una pequeña televisión a blanco y negro, todos los domingos junto a mi familia veía El Zorro, un enmascarado que era una fuerza de justicia en California, cuyas peripecias para que no conocieran su identidad secreta llenaba de alegría aquellas matinés caseras dominicales, y que una y otra vez vencía a su eterno villano, el sargento García.

CON Z DE…

A finales del siglo pasado, ver la encarnación de Anthony Hopkins como Diego de la Vega en La Máscara del Zorro (con Antonio Banderas como protagonista), me emocionó profundamente. Ver un cierre y nuevo inicio para el personaje, con un giro bastante oscuro ante el destino de Diego de la Vega pero con la oportunidad de tener un último duelo para, como siempre, triunfar contra todo propósito.

Aún con la película, su secuela no logró el éxito de la anterior y quedó sepultada en el olvido de los pocos que la vimos. Con esto, muchas veces he llegado a la conclusión de que tal vez yo sea la última generación que recuerde al Zorro, no como un producto de nostalgia, sino como un héroe palpable dentro del imaginario cultural.

VIDA DE CUADRITOS

Es por esto que hace diez años, cuando me enteré que Dynamite compró los derechos para publicar sus cómics, lo que me vino a la cabeza fue el gran éxito de ventas que esto supondría.

Es decir, si yo tuviera hijos y viera un cómic de El Zorro en el kiosco, sin duda sería el título que escogería para mis hijos. Romance, intriga, justicia, acción, política… el personaje lo tiene todo. No por nada es una de las grandes inspiraciones para Batman.

Pero con el tiempo, nunca lo leí. Esperé a que saliera en español (a la fecha no ha pasado en México) o a tener algún espacio para poder hacerme con él. Pero hace poco, mi paciencia llegó a su límite y decidí leerlo.

Con Matt Wagner y Francesco Francavilla a cargo del título, Dynamite nos presenta la destilación de muchas de las historias más representativas del aventurero al más puro tono de Batman Begins.

Su primera tirada, las más memorable, consta de 20 números que se divide entre el origen (Year One: Trail of the Fox), construcción de personaje (Clashing Blades) y su paso en convertirse en leyenda (Tales of the Fox).

Los primeros ocho números se encargan de decirnos quién es El Zorro y cómo llego a ser.

La parte intermedia nos presenta nuevos villanos y es muy parecida a los seriales que aparecían para la televisión. Más centrados en los enemigos, la acción y el romance. Desfavorece mucho al no tener a Francavilla en los lápices. Caesar Razek no lo hace mal, pero nunca preferiremos tener a Alejandro Murrieta cuando podemos tener a Don Diego de la Vega.

El último arco de 5 números nos trae de regreso a Francavilla, ahora con un trazo mucho más sobrio y entendiendo mejor la narrativa. En esta etapa, la historia se enfoca a contar desde diferentes puntos de vista la mística del Zorro. Para hacer énfasis en que deja de ser un personaje para convertirse en una leyenda.

Tómame una foto así, como que no me doy cuenta.

TEMORES INFUNDADOS

Al principio estaba muy preocupado por cómo el tratamiento del personaje en el guión. Vamos, es un personaje situado en California cuando no era expresamente ni parte de México o Estados Unidos. Y además de todo, conflictúa con la visión deformada de cómo la recuerdo haber visto cuando era niño.

Pero Matt Wagner, adaptando lo mejor del personaje y con la novela de Isabel Allende como guía, realiza un guión muy agradable, entretenido y respetuoso del personaje.

Ahí está todo lo que amamos de El Zorro: sus piruetas, el traje, las espadas, los conflictos del pueblo y los problemas que su identidad secreta le ocasionan a Diego de la Vega.

Maravilla de relato que añade un origen propio de la misma historia mestiza del personaje. Con elementos indígenas y españoles por igual. Y se hace tiempo para dejar muy en claro que éste no es Batman. A diferencia de Bruce Wayne, Diego no desea extender el miedo para controlar el mal. Diego simplemente no conoce el miedo.

En el arte, encontramos el primer gran trabajo de Francesco Francavilla (posteriormente súper artista ganador del Eisner). Hace gala de un gran trabajo dibujando con lápices suaves a manera de carboncillo y con un color muy bien cuidado, que nos adentra bien en la época.

Si bien se nota un poco su torpeza narrativa, la belleza de sus líneas te hace olvidar los detalles rápidamente y claro, se nota que estudió muchísimo la etapa de Alex Toth en el personaje, cuyo trazo es muy parecido (lo cual es tal vez el mejor halago que cualquiera pueda ofrecerle).

En muchos sentidos, el origen y ascenso de El Zorro a leyenda, hacen lo propio para Francavilla en estos cómics.

El final, abierto a una secuela. Nos hace entender que El Zorro cabalgará de nuevo.

¡Zorro, esas no son las formas!

LA MARCA

Tiempo después, Wagner seguiría su historia con dibujantes nuevos que, aún con un buen trabajo, no alcanzan el estándar de esta serie. Posteriormente Dynamite publicaría Zorro Rides Again, Matanzas, Django & Zorro, co-escrita con Quentin Tarantino, y La muerte del Zorro (dónde haría team up con The Lone Ranger).

Sin ser ignorada, pero tampoco aclamada, esa primera etapa de 20 números es bastante entretenida y mucho mejor que el promedio de los cómics de aventuras. Además son fieles al personaje y están claramente hechos con mucho cariño.

No estoy seguro si están al nivel de los de Alex Toth. Aquellos son mucho más apegados al estilo del serial televisivo de esos tiempos, mientras que estos son una modernización de esa misma fórmula, con mucha más profundidad pero también menos dinámicos.

Ya sea que, como yo, siempre hayas admirado al Zorro, o que quieras empezar a conocerlo, este cómic sin duda dejará su distintiva marca en ti.

¡Ora huerco, salte de mi caballo!