Junji Ito: Rebasando el límite del terror

Opiniones Enanas

Colegialas fantasma y niños creepy, ¿Existe algún par de conceptos que griten con más fuerza TERROR JAPONÉS? Yo digo que no. Y el mangaka Junji Ito nos lo demuestra en un par de historias de las que hablaré a continuación.

OBRA TERRORÍFICA

La bibliografía de Junji Ito está conformada en su mayor parte por historias cortas que pueden llenar 10 volúmenes recopilatorios, con un par de novelas gráficas como Uzumaki o Gyo desviándose de esa norma.

Existen dos “series” dentro de esta recopilación de narraciones autocontenidas, una gira en torno a una colegiala de remarcable belleza de nombre Tomie, cuya primera historia le valió el reconocimiento de la crítica y los lectores, y la otra es sobre un niño creepy, de la variedad “niños del maizal”, llamado Souichi.

Como muchos otros soy de la opinión de que las historias cortas u autocontenidas son la mejor forma de manejar el terror y que las “franquicias” son kriptonita para el género. Sin embargo, con estas dos “series” Ito nos muestra que se puede volver y volver a los mismos conceptos sin por ello destruir el misterio en ellos.

En el caso de las historias de Tomie, la serialización es un tanto difusa. Aunque hay algunas historias que forman su propia continuidad (como “Fotografía” y “Beso”, que además comparten personajes, o “El hospital morita” y “Basement”, que parten del mismo suceso en la misma locación pero visto desde personajes diferentes), la gran mayoría no tiene relación una con otra, con la excepción de que en todas las historias aparece… ¿Una joven? ¿Una entidad? Un ¿Fantasma? Realmente no se sabe, sólo se sabe que aparenta ser una joven, colegiala y bella.

En el extremo opuesto tenemos las historias de Souichi, que todas parten del mismo lugar y siguen una continuidad cronológica en la que un puñado de personajes secundarios entran y salen de la vida de Souichi, principalmente su familia y sus compañeros de escuela.

Considero que ambas series son un experimento con buenos resultados. ¿Se puede realizar una serie de secuelas a una historia de terror sin arruinar los conceptos? Sí, sí se puede, y las historias de Tomie y Soichi son prueba de ello. Y del gran talento narrativo del autor.

LOS LÍMITES DEL MIEDO

Cada género tiene sus límites, las historias teen no sobreviven cuando su personaje (o su actor) ya no pueden seguir en la prepa y tienen que moverse a la universidad. Las historias de superhéroes no pueden sentarse a hablar de cómo los superhéroes “cambiarían el mundo”. Las historias de detectives tienen que plantearse de forma que el espectador pueda intuir quiÉn es el criminal, o en su defecto cuándo se resuelva el misterio, tiene que decir un “nu-ma’ sí cierto”.

Las historias sobrenaturales tienen que mantener un halo de misterio. Cuando ya hemos entendido, clasificado y conocido a profundidad al “monstruo”, éste deja de ser algo sobrenatural y pasa a ser un personaje más de la ciencia ficción o la fantasía. Esto fue lo que le paso a los vampiros, hombres lobo, brujas y demás.

Es por eso que tratar de contar más de una historia sobre el mismo suceso o concepto sobrenatural ocasiona que el 99% de las veces todo se arruine.

Ito, sin embargo, encontró cómo resolver este dilema, no de una forma… sino de dos formas distintas.

Por un lado, en Tomie, simplemente se dedica a usar a “Tomie” como un concepto mutable, nunca definible más allá de (tal vez) un “son muchas, como clones, como hierbas, como duplicados fantasmales que existen en una diáspora”.

Formas de amor. O de venganza, ya ni sé.

¿Qué es Tomie? No lo sabemos, a veces parece que es el fantasma de una joven asesinada que ha vuelto por venganza, otras un demonio haciéndose pasar por una muchachita para atraer y asesinar inocentes. En ocasiones parece ser una entidad que busca castigar a aquellos obsesionados con la belleza, otras sólo una joven cruel. A veces víctima, a veces asesina. En ocasiones es ambas cosas. Otras veces hay más de una, incluso dos Tomies tratando de asesinarse mutuamente.

De esta forma puede usar al “personaje” de manera libre, como metáfora sobre la belleza y la obsesión con ella. Como avatar de las jóvenes víctimas de un mundo cruel (de repente el “Tomie muere acuchillada” pareciera ser hasta un “motivo” artístico). Algunas veces incluso repite la misma trama, pero la explora desde otro ángulo, con otros personajes y otro tipo de relaciones.

En algunas historias Tomie parece entrar como extranjera a otra historia diferente, como la historia de “La Mansión”, en la que la joven llega durante una noche tormentosa a la casa de unos ancianos que en el pasado han adoptado jóvenes, pero todas ellas han muerto, haciendo que la gente del pueblo crea que las matan o las torturan en un intento de robarles su juventud.

Tomie pareciera entrar a esta historia de misterio para revelarnos que la pareja es inocente, y de hecho son unos dulces viejitos que sólo quieren una heredera. De ahí, en su característica exploración narrativa, nos revela a Tomie como el monstruo manipulador que es (aunque en esta versión no parece ser nada sobrenatural) y vemos como los octogenarios se van volviendo locos, comenzando a comportarse como los mitos urbanos dicen, lo que termina orillando a la ancianita a suicidarse.

Cuando creemos que ya entendimos de qué va la historia y pensamos que la dulce ama de llaves que tanto amaba a los señores va a conseguir vengarse (o tal vez descubramos que esta Tomie es una especie de demonio), Ito nos regresa a ese misterio original sobre las otras jóvenes adoptadas y nos revela que fue la ama de llaves la que las mató (y la forma en la que intenta “vengarse”, envenenado a Tomie, fue la manera en las asesinó).

Y para dar una vuelta más de tuerca, Ito nos regresa al let motiff de Tomie como representación de una víctima de asesinato, cuando el viejo también pierde la cabeza y decide apuñalarla.

Oiga joven, tiene algo en la nariz.

LA OTRA CARA DEL TERROR

En el otro lado, tenemos la historia de Souichi, un niño con poderes sobrenaturales que gusta de “jugar” con las personas a su alrededor. Ito resuelve el problema de cómo regresar a esta historia sin destruir el misterio detrás del concepto de “niños del maizal”. Irónicamente la solución es simple: Mantenerlo mundano.

Sí, Souichi tiene amplios poderes, de hecho, en una de las historias se da a entender que puede crear o atraer tormentas. Puede hacer vudú a grandes distancias y puede darle vida a marionetas de tela y madera. Pero en el fondo es un niño. Su “maldad” es esa maldad infantil, o sea, esa carencia total de empatía de los primeros años de formación.

Cada nueva historia sirve para mostrarnos otra faceta de esto. En algunas lo vemos “jugar” con una viajera que él mismo hizo que se perdiera y la lastimó en el bosque. En otras lo vemos intentar ahogar y herir a sus primos simplemente porque no le caen bien y no le gusta que lleguen de visita. En otra historia lo vemos racionalizar sus torturas pensando que realmente les hace un bien a sus compañeros. En la mayoría, Souichi simplemente es demasiado antisocial como para darse cuenta de que lo que hace no es un juego.

Esto a primera vista podría ser contra-intuitivo, quitarle ese halo de omnipotencia que de repente se le da a este tipo de personajes y ese aire de “se ven como niños, pero actúan como seres milenarios”. Pero a la larga funciona perfecto para la serie.

Incluso Ito aprovecha para señalar uno de los principales problemas en este tipo de historias (y del género de terror en general), al mostrar que los adultos no prestan mucha atención a lo que hacen los niños y a qué grado intentamos pretender que todo es normal. Específicamente la familia de Souichi parce hacer como que no ve que tan peligroso es el niño.

Porque no se confundan, todo esto hace que Souichi sea aún más peligroso. La única razón por la que ninguna de sus historias cruza el umbral y se convierte en una historia de asesinatos es porque la misma mente infantil de Souichi juega en su contra. Todas las veces que logran “detenerlo” es por puro accidente o por algo que el propio Souichi realizó.

Para mi siguiente truco voy a necesitar a un recién nacido o algo creepy.

Aún no he terminado de leer todas las historias de Souichi, pero hasta donde he leído sólo hay una que más o menos intenta establecer un background o un lore para el personaje. Es la historia llamada “Souichi`s Birthday”, que nos muestra por un lado a qué nivel de negligencia llega su familia, ya que vemos como se olvidan de su cumpleaños, pero también nos muestra que su actitud no es única y que realmente fue heredada de su abuela. Que si bien no parece tener poderes (realmente no queda claro), sñi tiene toda su actitud mega creepy.

En esta historia descubrimos que la abuela de Souichi gustaba de pretender que el niño era uno de dos gemelos, pasó 4 años fingiendo cargar y alimentar al niño invisible hasta que un día simplemente se fue a pasear al infante imaginario y nunca regresó.

O eso es lo que creen, porque Souichi dice (y nosotros vemos) que cada cumpleaños la abuela y el hermano (eternamente de cuatro años) regresan para pasar el día con él… a menos que todo sea una creación de Souichi, porque no queda claro.

Al final, el autor logra crear a un personaje muy en el estilo de los viejos cuentos de hadas, esos que bordeaban lo terrorífico. Seres con poderes mágicos y una moral extraña, o una completa ausencia de moral y cómo causan caos alrededor de los humanos normales que tienen el infortunio de cruzar su camino.

Pedrito clavó un clavito en la calva de un calvito.

HORROR JAPONÉS

Y así es como las historias de Tomie y Souichi nos muestran cómo se puede explotar un concepto sobrenatural sin arruinarlo creando explicaciones innecesarias. Usando un concepto lo suficientemente amplio y vago para permitirle explorar un sinfín de historias, o aterrizándolo en lo mundano.

Esto es algo que muchas franquicias de terror y muchos autores podrían, o deberían, aprenderle al señor Ito. Señor-ito. Señorito. Ok ya.

La próxima semana les traeré un Top 5 con las mejores historias de Junji Ito, espérenlo.

Me pareció ver un lindo gatito.