Neil Gaiman y The Sandman, 30 años después

Neil Gaiman puede hacer muchas cosas: escribe fanfics de Sherlock Holmes y Doctor Who, redacta largas antologías de cuentos donde narra historias de amor codependiente o aventuras de padres de familia surcando un millón de mundos para llevarle leche a sus hijos, y se burla de las paranoicas apocalípticas de la religión.

La gran mayoría de sus historias son geniales, tiene un gran ojo para transformar la realidad y representarla de distintas maneras siempre con un toque de humor raro que es muy característico. Pero nada, absolutamente nada, se compara con lo que hizo con Sandman.

ENTRANDO AL REINO ONÍRICO

En The Sandman, Gaiman mezcla mitos, creencias religiosas, versiones antropomórficas de conceptos humanos y personalidades históricas para que acompañen al melancólico Morpheus, que no es más que la representación de los Sueños.

Contado así, este cómic puede tratar de todo y de nada. Fácilmente pudo haber sido un despliegue snob de todas las cosas que Gaiman conocía, pudo haber contado algo tan rimbombante que se pudo haber quedado dentro de un nicho pequeñito que sólo los sabiondos conocieran. Pero no.

The Sandman se publicó entre 1988 y 1996. Las mismas fechas en que gente como Alan Moore, Warren Ellis, Frank Miller y Grant Morrison exploraron el otro lado de los superhéroes mientras buscaban alejarlos de sus tintes propagandísticos para ponerlos a luchar contra el gobierno que juraron proteger y mostrarlos como seres peligrosos, inestables, a un paso de convertirse en una amenaza para la humanidad.

Todos son grandes análisis, importantes obras que le dijeron al mundo que los cómics no eran exclusivos de niños pequeños, que se trata de un medio serio. Y justo en medio de todo esto, Neil Gaiman decide contar una historia sobre romper reglas y aceptar los cambios.

Las distintivas portadas de Dave McKean fueron parte de la identidad de The Sandman desde un principio.

MÁS ALLA DE LOS SUEÑOS

Los Eternals, la familia a la que pertenece el protagonista, son representaciones antropomórficas de emociones humanas complejas, pero que no dejan de ser una élite malcriada que se pelea como niños chiquitos por honor, por credibilidad, por rencor. Hasta en eso Neil Gaiman parece que quiere capturar las angustias de los fans y creadores de cómics de su época: al final, todo es una riña necia entre un grupo cerrado, negando que existe otra realidad ajena a ellos que sí se ve afectada por sus decisiones. El autor vio el cambio que se estaba dando en la cultura, y decidió ir más allá de los superhéroes y los cuentos.

Gaiman entonces usó a Shakespeare, al Diablo y a asesinos seriales para explorar lo que se necesita para alcanzar el cambio. Se volvió loco y habló de religión, historia, mitos y leyendas, pero siempre rondando con la misma idea en la cabeza: para cambiar hay que morir, y luego renacer.

Hablando del Diablo…

BRING ME A DREAM

Tal vez por eso esta obra es tan importante para el mundo. Al final, Gaiman, con unos ojos hiperensibles a todo lo que estaba pasando a su alrededor, construyó The Sandman para contarnos una verdad inevitable. Y usó toda la historia, todos los momentos, y probablemente todas las palabras, que conocía, para dejar una huella en el mundo de los cómics que nadie nunca, aunque lo intente, podrá olvidar.

Ya son 30 años de eso, y si Sandman sigue vigente es porque sigue el consejo de Gaiman: la historia muere con cada década y renace con nuevas lecturas. Y no veo logro más grande que pueda tener un escritor de fantasía.

Visitando a la familia.
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Rebeca Salas
Heroína cinéfila de noche, caza-tiburones de día. Reportera y crítica de cine para EnLaButaca.com, escúchala en el programa La Covacha todos los viernes a las 9 de la noche por Radio Trece.