Opinión | Rob Liefeld y el ego desmedido

Predicando para el coro | Rob Liefeld y los peligros de un ego desmedido

Si existe una persona en el medio del cómic estadounidense capaz de generar polémica cada vez que hace una declaración pública, es Rob Liefeld, pero parece ser que con las más recientes se excedió, incluso para sus estándares. En medio del frenesí mediático que antecede al estreno de la película de Deadpool, el New York Times, uno de los diarios más populares y reconocidos en el mundo, decidió entrevistar al co-creador del personaje.

Siempre se ha hablado de sus pobres habilidades sociales: salió de forma poco amistosa de DC Comics, hizo lo mismo en Marvel, e incluso fue echado de fea manera de Image Comics, empresa que él mismo co-fundó en 1992. Podríamos dedicar muchas líneas a hablar de Liefeld y sus deficiencias como artista o “escritor” de cómics, pero será mejor pasar directamente a las declaraciones que pusieron las redes sociales en llamas este fin de semana.

Deadpool apareció por primera vez en New Mutants #98
Deadpool apareció por primera vez en New Mutants #98

En una entrevista telefónica para el mencionado diario, al ser cuestionado sobre la creación de Deadpool y el papel de Fabian Nicieza en el proceso, Liefeld dijo que fue él mismo quien hizo todo “el trabajo pesado”, pero no lo dejó ahí. Su falta de tacto se hizo presente una vez más cuando declaró lo siguiente:

“Si un conserje hubiese sido el guionista de New Mutants 98, él sería el co-creador. Así es como funciona esto, amigo. Deadpool no existiría en forma alguna, de ninguna manera, si no fuese por mí”.
“Yo escribía las historias. Al igual que Jim Lee y algunos otros, trabajaba con un guionista para facilitar las cosas. Elegí a Fabian, quien se vio beneficiado con el boleto ganador la lotería de Rob Liefeld. Esa es una excelente estela de la cual colgarse”.

Así de fácil, un dibujante sin talento ni originalidad, menospreció el trabajo del escritor que ayudó a dar forma y personalidad a un personaje que, salido del restirador de Liefeld, era una copia de Deathstroke, super-mercenario de DC, aderezado con la agresividad de Wolverine y enfundado en un traje “inspirado” en el de Spider-Man.

Lo que separó a Deadpool de los personajes de donde plag– se inspiró, fue la personalidad que le dieron los escritores que trabajaron en él. Liefeld abandonó Marvel unos meses después de la primera aparición de Deadpool, y fue Nicieza el responsable de convertirlo en algo más que un personaje genérico, antes de que escritores como Mark Waid, Joe Kelly o Gail Simone terminasen de redondearlo y definir su personalidad. Conocido como el “mercenario bocón”, parece ser que al “artista” responsable de su co-creación no le importa quien haya sido responsable de hacerlo ese bocón o dotarlo de su retorcido sentido del humor.

Cabe apuntar Que Liefeld era muy joven cuando inició su carrera como dibujante profesional. A los 20 años obtuvo su primer trabajo en DC, y un par de años más tarde llegó a Marvel para convertirse en el artista regular de New Mutants, donde su… peculiar estilo revitalizó el interés por la serie, llevando un año más tarde a relanzarla bajo el título de X-Force.

Fabian Nicieza se comportó con clase durante todo este asunto.
Fabian Nicieza se comportó con clase durante todo este asunto.

Durante años se asumió que las declaraciones inoportunas, desplantes públicos, y falta de capacidad para contar historias en el medio gráfico que caracterizaron a quien en su momento fuese bautizado como “el Ed Wood de los cómics” eran producto de su edad y falta de madurez, pero creo que a los 48 años de edad eso deja de ser un pretexto.

Habrá quien quiera darle el beneficio de la duda, y tal vez pensar que la nota en el New York Times apuntó a crear polémica y a que sacó de contexto sus declaraciones, y de hecho el propio Fabian Nicieza ha declarado que eso fue justo lo que ocurrió, pero basta echar un vistazo a las respuestas que el polémico “artista” ofreció en Twitter a las críticas que recibió tanto de profesionales como de aficionados tras la publicación de la nota para darse cuenta de que ese no es el caso.

No hay otra forma de decirlo: Rob Liefeld es un cretino, alguien que no siente la menor pizca de respeto por sus colaboradores y compañeros de trabajo, pero que apela a la nostalgia de quienes crecieron con sus cómics en los años noventa para seguir siendo relevante.

Él puede alegar que alteraron sus declaraciones, pero podría ir más allá y exigir una disculpa del NYT si realmente quisiera cambiar esa percepción. El diario neoyorquino tiene un editor público, que funciona como una especie de ombudsman, y seguramente tomarías cartas en el asunto si Liefeld lo solicitase. La difamación es causal de demanda, y podría obligar a que se publique el audio de la llamada si realmente lo quisiera, pero dudo que eso vaya a pasar.

Vivimos en un mundo dominado por la cultura de las celebridades, y lamentablemente una de las mayores en el medio del cómic es este detestable sujeto.

¿Alguno de ustedes considera que Liefeld tenga algún mérito real en el mundo del cómic?