Torpedo 1936

TORPEDO 1936, CORAZÓN NOIR

Usar el término “clásico” en un medio que lo adopta para describir publicaciones como La Muerte de Superman o Civil War ya puede parecer exagerado, pero hay obras que merecen esta clasificación sin empacho alguno; por su longevidad, su ejecución, su inagotable capacidad de asombrarnos y emocionarnos. Sin duda, Torpedo 1936 es una de ellas.

Historieta española publicada en los primeros años ’80, en un medio editorial que exploraba trastocar límites, con autores que levantaban anclas y se encontraban por primera vez libres de una dictadura conservadora que censuraba y reprimía todo aquello que no se apegara a su anquilosada moral, Torpedo lleva al límite el humor negro, la violencia, la sexualidad, para crear una obra que, incluso dentro de los parámetros del género negro, es una rareza por su irredimible violencia y notable mala leche. El mundo de Torpedo es uno más negro que la tinta con la que se imprime desde hace más de 35 años.

EL VIEJO LUCA

En las calles de Nueva York durante la gran depresión (1936, como lo dice el título), camina un hombre, un inmigrante siciliano llamado Luca Torelli. Duro, desalmado, canalla, misógino, insensible, rencoroso, violento. Un asesino a sueldo, y es por ese oficio que se le conoce como Torpedo. Él es el protagonista de un cómic como pocos. Como ninguno, me atrevería a decir.

Luca trabaja, mata, folla, come, sobrevive sin remordimiento alguno, y esto es lo que lo hace diferente al resto de personajes ficticios de este corte. Luca no es un antihéroe; no tiene rasgo alguno que lo redima, que lo haga humano. Luca es un monstruo, hecho y derecho, pero es en su humor, en su cinismo, en ese nivel casi fársico de violencia donde encuentra su lugar en el lector y se vuelve entrañable.

PALABRAS COMO BALAS

El guionista Enrique Sánchez Abulí crea a Torpedo para aparecer en las páginas de la revista Creepy en 1981. Para darle vida gráficamente, se eligió al estadounidense Alex Toth, artista legendario y gran maestro del blanco y negro. Sin embargo, el humor y el estilo que Sánchez Abulí quería dar al personaje no le sientan bien al dibujante y se retira después de sólo dos entregas. Y es que para el escritor, Torpedo era una herramienta para explorar la violencia, la ironía y, sobre todo, el lenguaje.

La lengua de Torpedo (o la pluma de Sánchez Abulí) es afilada como ninguna. Juegos de palabras, sarcasmo, ingenio, agudeza, son algunas de las características que definen mejor la personalidad del protagonista y de la obra entera. Esto es lo que hace encantadora una historieta que, de otra forma, parecería sólo un catálogo de actos violentos sin sentido. Y es que sí tienen mucho sentido. Del humor.

LA NEGRA LÍNEA DEL DEBER

Tras la partida de Toth, Torpedo se vio en el limbo hasta la llegada del segundo genio que dotaría de grandeza y de negrura sus páginas y terminaría de darle la vida y personalidad que le faltaban: el maestro Jordi Bernet.

Con fuertes influencias de maestros clásicos como Milton Caniff y Will Eisner, Bernet es un maestro del pincel y la tinta china. De una narrativa siempre clara, quirúrgica, un manejo de línea preciso y una personalidad única, Bernet termina de redondear a Torpedo como el caradura que es. Hábil lo mismo para el humor que para el realismo, Bernet dota al cómic de cualidades casi expresionistas. Lo mismo recurre a la sencillez de dos líneas limpias para crear una silueta que a grandes manchones de tinta para dotar de emoción e intensidad una viñeta.

La dupla es perfecta y a lo largo de casi 20 años hacen de Torpedo un éxito en toda Europa, con publicaciones periódicas en España, Francia e Italia, con reediciones en Estados Unidos, Argentina entre otros países, hasta que en el 2000, por diferencias personales, los autores se separan y Luca Torelli se queda congelado en ese 1936 que tan bien le sienta.

UN TORPEDO SE DISPARA EN MÉXICO

En nuestro país se le ha visto poco a Luca, pero siempre pudimos contar con las importaciones españolas de las diferentes revistas en que se publicó (Creepy, Totem, Comix) en los ’80, así como del comic book (revista en formato estadounidense) con la que se le continuó en los ’90.

De edición nacional hemos tenido menos apariciones, habiéndole editado una de sus historias cortas en una revista de nombre Bronca, dedicada a la historieta de autor, durante los ’80, pero poco más. Afortunadamente eso está a punto de cambiar, pues Editorial Panini anunció su publicación en México en cuatro volúmenes presentados en formato tipo álbum dentro de su línea Colección Europea, donde ya vimos Murena.

En 2014, la misma Panini publicó en España un libro de 720 páginas en pasta dura llamado Torpedo Integral, con todas las historias de Torpedo que se habían realizado hasta ese momento.

También, este año, Panini publicó en la península ibérica el esperado regreso de Luca Torelli, ahora en un volumen titulado Torpedo 1972, donde vemos a un Luca anciano, enfermo, pero igual de amoral que siempre. Esta vez el arte corre a cargo del argentino Eduardo Risso (100 Bullets), que es otro de los grandes del claroscuro y el manejo de la tinta, aunque en esta ocasión la historia viene a color. La historia, el humor y los diálogos punzantes corren a cargo del incombustible Sánchez Abulí. Esperemos que Panini también nos traiga esta nueva entrega.

Torpedo 1936 es un cómic con una personalidad irrepetible. Es una obra que debe conocerse, al menos, para ampliar las miras de lo que creemos que la historieta como medio puede ofrecernos. También, por supuesto, para que podamos usar términos como “clásico” con derecho de causa.