El Ciclo de Terramar

Opiniones Enanas

“Una cosa es leer sobre dragones y otra es hablar con ellos”

Ursula K. LeGuin


 

Empieza noviembre y con ello una nueva serie de artículos temáticos por parte de un servidor. Originalmente iba a dedicar muchas líneas (MUCHAS) a quejarme sobre el final de la serie de Game of Thrones, especialmente de lo mucho que me molestó que intentaran vender un final apresurado, mal escrito y con toda la actitud de “ya no nos importa nada, ya tenemos contratos para otras series” como una especie de “subversión al género de fantasía”, como si el género no estuviera lleno de mujeres que se vuelven locas por el poder (cuz women amyrite?), o pseudo filosofía donde “ambos lados están mal”.

Pero ¿saben qué? Preferí mejor hablar de esas series de fantasía que a mí me gustan y que se alejan de los clichés de los malos imitadores de J.R.R. Tolkien.

LEVANTANDO ANCLAS

COmenzamos con una saga que toma gran distancia de ese tolkienclonismo barato, básicamente porque se trata de gente morena y no de guapos y sabios elfos más blancos que la quijada de Benedict Cumberbatch.

Bienvenidos a Terramar, el mundo donde se desarrola El Ciclo de Terramar, la saga creada por Ursula K. LeGuin, la escritora más famosa de la que nunca han oído hablar. Esta saga inició en 1968 con “A wizard of Earthsea”, misma que en el 2011 retomó con un pequeño cuento corto, lo último que la autora escribiría sobre el archipiélago antes de su muerte en enero del año pasado.

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El Ciclo de Terramar sitúa la mayoría de sus historias en El Archipiélago, un conjunto de islas que constituye toda la masa de tierra firme en este planeta, abarca más o menos un hemisferio, el otro, presumiblemente es un enorme océano, pero nadie nunca ha logrado corroborarlo.

La división política que los habitantes de estas islas le dan a su archipiélago es bastante pragmática: cuatro cuadrantes, norte, sur, este y oeste, más la zona llamada el mar interior. Juntas, estas cinco zonas conforman la esfera de influencia del reino de Havnor y la escuela de Roke, ambas ubicadas en el centro del archipiélago y son el poder de facto de una asociación bastante holgada de gobiernos, algunos dominando varias islas, otros apenas un islote por ahí o por allá.

Luego están las islas de Kargad, un mini archipiélago al noreste del cuadrante este, que es completamente independiente tanto de Havnor como de la escuela de Roke, pues son la única cultura que no practica la magia.

El worldbuilding de LeGuin no es tan detallado para lo que los millenials estamos acostumbrados. Ella no se mete a contarnos cada historia de cada isla, pero esto no quiere decir que su mundo no sea complejo, en cierta forma es todo lo contrario. Cada cuadrante tiene su propia cultura, que interactúa de forma diferente tanto del poder político de Havnor como con relación a la magia, dictada desde La Escuela de Roke, la escuela de magos.

Tampoco nos acosa con una enorme cronología detallada, pero presenta la historia del mundo de forma que intuimos que hay mucho más detalle del que podemos ver. Las tres grandes eras:

  • La Era de los Reyes Hechiceros de Havnor, que llega al final con la perdida del anillo de Erek Akbe en una guerra entre Havnor y Kargad
  • El interregnum de Caos, que fue la era de los magos mercenarios y señores de la guerra
  • La Era Actual, iniciada con la fundación de la escuela de Roke.

Estos tiempos marcados nos muestran un mundo que ha evolucionado desde la era primitiva y ha pasado por una era de bronce antes de llegar a la actual era de hierro. A diferencia de otras historias, LeGuin no creó un mundo semi-feudal, Terramar es más una cultura isleña, con partes puramente agrícolas-ganaderas y otras donde la civilización alcanza apenas el nivel tecnológico de los primeros imperios persas o las ciudades griegas, pues en este mundo todas las habilidades técnicas son reemplazadas por la magia.

LA HORA CHIMENGÜENCHONA

En Terramar los magos son médicos, veterinarios, mineros, y la magia se divide en dos. Los magos comunes, hombres y mujeres con habilidades básicas, a veces con un sólo hechizo o truco, y los magos de la escuela de Roke, hechiceros, alquimistas propiamente dichos. La escuela tiene por funciones además de enseñar a aquellos que tienen el don (y un pene, porque sólo acepta hombres), y cuidar que ningún mago intente hacerse con el poder político.

LeGuin, siguiendo las convenciones del género, nunca intenta explicarnos cómo funciona la magia más allá de esta división entre alta y baja magia, donde la baja magia son hechizos o dones, mientras la alta magia consiste en entender el mundo y el poder de los Nombres Verdaderos… y aún así, su magia es bastante compleja.

Por mucho que los magos de Roke hablen de que los Nombres Verdaderos son la forma correcta de la magia, vemos por lo menos dos tradiciones mágicas más: Los magos grises de Peln, que se meten con el mundo de los muertos, o “las tierras áridas” como se conocen en el archipiélago, y la magia a través de la veneración de los “poderes antiguos”. Obviamente Roke considera estas formas de magia como una aberración, pero incluso dentro de la academia de Roke hay disidencia, especialmente en aquellos magos que nacen y se inician en la magia en la isla de Gond y sus bosques mágicos.

Por último, para ejemplificar que LeGuin construye un mundo con leyes moldeables, los dragones. Los dragones en este mundo son de la vertiente “inteligente”, pero a diferencia del sobrevalorado Smaug, los dragones de LeGuin sí son inteligentes y tienen personalidad. Jamás me había gustado este tipo de dragones hasta que conocí a Orn Embar, que es básicamente “qué tal si Loki tuviera el tamaño de Godzilla”.

And yet, durante la historia podemos ver que hay dragones que se comportan como animales (en las islas de Kargad), y pequeños dragones que no son más que lagartijas (en el sur del cuadrante este). Es un mundo complejo, aunque se nos presente de forma sencilla.

Ya sabemos a dónde fue a parar el barquito de Georgie.

BAJO EL MAR

Este es el mundo en donde se desarrollan las historias de El Ciclo de Terramar, que consiste en una trilogía, en una duología y en un libro de cuentos.

La primera parte del ciclo inicia con “A wizard of earthsea”, “The tumbs of atuan” y “The fartest shore”, y se centra en el personaje de Sparrowhawk, que es básicamente el Merlín de este mundo.

En Un mago de Terramar conocemos a Ged (el Nombre Verdadero de Sparrowhawk) desde su infancia, cómo aprende magia de su tía, luego del Mago Ogion, para después dirigirse a Roke a aprender todo lo que necesita para llegar a ser el mago más grande de la historia. Este es el relato de un personaje que está destinado a ser sabio, mucho antes de ser sabio, de un personaje que inicia con más ganas de sobresalir que inteligencia, con más talento que sentido común. En su momento esto era bastante subversivo, aunque hoy ya está un poco choteado.

En Las tumbas de Atuan, LeGuin se aleja mucho más de las convenciones del género para darnos una historia en donde la “princesa en peligro” es la suma sacerdotisa (en entrenamiento) de una religión que venera fuerzas oscuras. Ged, ya un joven adulto egresado de Roke, “salva a la princesa” al quedarse atrapado en las tumbas de Atuan, una serie de pasadizos y laberintos que están debajo del templo de “los poderes antiguos” en el reino de Kargad mientras buscaba el anillo de Errek Akbe, un McGuffin que según la leyenda señalara al verdadero heredero del reino de Havnor.

Ged habría muerto de inanición si no fuera porque lo encuentra Artha y, contrario a su entrenamiento, decide dejarlo vivir, llevándole comida y agua hasta que Ged logra convencerla que hay más en la vida que entregarse al culto de poderes inhumanos que ni siquiera notan su presencia. Una historia donde el héroe tiene que ser salvado físicamente por la damisela en desgracia.

En la tercera y última parte de esta trilogía, La costa más lejana, encontramos a Sparrowhawk como el gran Archimago de Roke, el puesto más alto que un mago puede alcanzar, y ya está listo para ser el “Merlín” de este mundo. Cuando su Arturo llega en la forma de un joven noble, de una pequeña isla en los linderos del cuadrante oeste, el joven Arren, cuyo nombre verdadero Lebanen profetiza que su destino está unido al de El Archipiélago. Juntos inician una aventura que los llevará a las Tierras Áridas, el mundo de los muertos, donde enfrentan al mago Cob, quien quiere abrir un portal entre las Tierras Áridas y el mundo mortal para conseguir la inmortalidad.

La segunda parte del ciclo consiste en Tehanu y The Other Wind, que son una duología, y Tales of Earthsea, donde se juntan varios cuentos cortos (unos nuevos y otros previamente publicados) que buscan replantearse la saga en su totalidad, porque verán, LeGuin hizo algo con su historia que muy pocos autores intentan, y que yo sepa ningún logra hacer funcionar: Regresar a su saga con una nueva visión y replantearla.

LeGuin es una feminista de las primeras olas, lo que (como es de esperar) la vuelve foco de críticas de feministas y progres más jóvenes. Su visión de la fantasía medieval en su momento era bastante anti-stablishment, pero lo que era rebelde ayer no es lo mismo que ser rebelde hoy. Ante las críticas, LeGuin hizo lo que todo autor hace: Ñeñeñear porque los niños de hoy de todo se ofenden y presumir como una década atrás todos los progres le aplaudían…

LOL no-cierto. LeGuin hizo algo que pocos son capaces de hacer: regresar a su obra y entender que, como buen ser humano, no pudo evitar reproducir ideologías con las que ni siquiera comulga… Para eso escribió la segunda parte del Ciclo de Terramar.

Cuando tu barrio te respalda.

NAVEGANDO EN AGUAS CONOCIDAS

En Tehanu, que inicia inmediatamente después del final de La costa más lejana, vemos el mundo del Archipiélago a través de los ojos de los inocentes y las victimas, los daños colaterales de las aventuras épicas, a través de una Artha que ha vivido una larga vida y ahora se encuentra en un hogar vació cuando Ged, ya sin poderes, llega a tratar de adaptarse a la vida mundana. A través de Sparrowhawk, un hombre que descubre que el mundo tiene secretos y aventuras que no tienen nada que ver con la grandeza o lo épico.

En Cuentos de Terramar, Doña Ursula nos replantea por completo su mundo, pone la lupa y el dedo en la llaga. Se pregunta, nos pregunta, y responde cosas que ponen de cabeza todo lo que creíamos entender de El Archipiélago.

Roke deja de ser esa institución infalible, que como toda institución que tiene siglos de existir ha olvidado sus preceptos originales, que dejó que la misoginia de la sociedad dejara fuera de su educación a las mujeres, siendo que la escuela fue fundada por hombres y mujeres. Que creó la institución del Archimago como reflejo del monarquismo del Archipiélago cuando buscaba ser más comunal, y temas por el estilo.

Por último, en The other wind, básicamente LeGuin hace implotar su saga al revelarnos que la magia es producto de la codicia humana que desea controlarlo todo, pero al mismo tiempo no dar nada a cambio. Que El Mundo de Los Muertos, esas tristes tierras áridas, son una aberración, el subproducto de los magos originales intentando ganar la inmortalidad que sus hermanos los dragones (pues humanos y dragones tienen un ancestro en común) encontraron al aceptar “el otro viento”, la capacidad de viajar a un paraíso.

Lebanen reúne a un grupo de representantes de todas las sociedades humanas para viajar por segunda vez a las tierras arídas y derribar la pequeña pared que las enmarca, para permitirle a los dragones recuperar lo que les fue robado.

IZANDO LAS VELAS

Esta no es una saga para aquellos que buscan un worldbuilding súper complejo ni para quienes se rasgan las vestiduras por historias donde “no pasa nada” durante docenas de capítulos. La verdad es que a mí me costó mucho trabajo meterme a leerla, es como The Sandman, algo que tienes que leer en momentos “específicos” o de lo contrario te va a parecer la cosa más aburrida del universo.

Pero si les engancha alguno de los libros, les recomiendo que la lean toda, en orden, realmente es una lectura que te enseña a ver, no sólo el género de fantasía, si no todas las cosas desde perspectivas diferente. Como ya mencioné, nunca fui fan de los dragones inteligentes hasta que conocí a los dragones del archipiélago, y jamás me había atraído la idea de la reencarnación como forma de vida tras la muerte, pero LeGuin sabe presentar muy bien sus conceptos.

Y bueno, este artículo ya estuvo muy largo. La próxima semana regresamos a nuestros escritores hombres blancos heterosexuales que aman a las mujeres y tocan la guitarra.

Next: Kvothe.

Cuando sabes que tus vacaciones ya valieron queso.