Edgar Clement, el barroco mexicano

Llegó el mes patrio y con él nuestros intentos hipócritas de decir que nos sentimos orgullosos de este agujero tercermundista que llamamos país. Desempolvemos las banderas y los adornos de una antigüedad indescifrable, finjamos que toda la nación es Jalisco y al canto del mariachi gritemos ¡VIVA MÉXICO!, ya en octubre podremos volver a nuestro malinchismo acostumbrado. Y cómo en La Covacha nos concentramos en productos de entretenimiento, en lugar de hablar de historia, sociedad o gastronomía, tendremos una serie de artículos dedicados a la cultura pop mexicana, comenzando con el barroco mexicano.

LA IDENTIDAD NACIONAL

Hablar de identidad cultural en México es meterse en muchos problemas. A pesar de que cumplimos 200 años (y contando) de existir como nación, aún no terminamos de definir quiénes o qué somos.

Tenemos casi un siglo con una postura oficial que nos dice que somos una nación mestiza con una gran herencia milenaria, pero basta darse una vuelta por cualquier ciudad del país para darse cuenta que, si bien nos gusta creer que estamos en contacto con la cultura prehispánica, la triste verdad es que la empujamos a los márgenes de la sociedad urbana o a la olvidada sociedad rural, mientras ensalzamos algunos aspectos de ella que se venden bien en trampas para turistas.

Y es entendible, somos una sociedad mestiza en el sentido de que se creó del sincretismo cultural, pero nuestro uso del término generalmente es para lavarnos la conciencia de nuestro propio racismo que le da más valor cultural, político y social a lo europeo, y más que recordar nuestra herencia milenaria nos recuerda que tenemos parientes güeritos.

Al ser una sociedad mayoritariamente morena que le da mayor valor a la piel blanca, nos incomoda cualquier discurso que además nos recuerde que sobrevaloramos la herencia colonial, europea y europizadora. Es entendible, lo último que necesitamos como país y como sociedad es seguir idolatrando nuestros aspectos europeos. Por eso es raro que alguien diga en voz alta que lo que realmente funciona como la piedra fundacional de nuestra cultura es el barroco. Después de todo somos una sociedad nacida de la mano de los misioneros católicos.

¡Rápido! Imaginen el Zócalo, Querétaro o Puebla, todo eso se podría resumir a grosso modo como barroco. ¡Ah, pero aquí está el detalle! Nuestro miedo por darle luz a nuestro racismo internalizado nos hace olvidar que se trata de un barroco local, cuyo origen está alejado del barroco de los libros de historia del arte.

Nuestro barroco viene del español, que tiene sus propias características y muchas diferencias con respecto al barroco italiano, aquél que es EL BARROCO, porque esos italianos eran los niños fresa de su época, los que creaban y estaban a la moda.

Podemos definir al barroco como un estilo artístico que se basa en la sobrecarga de imágenes o de información en la imagen. Pinturas, esculturas y obras arquitectonicas con una gran cantidad de elementos, o con una sobrecarga de expresividad o contrastes de luz.

En fin, el arte perfecto para una cultura que nace del choque violento de dos mundos completamente diferentes y que no han terminado de fusionarse.

Fusionando mundos a golpes.

EL LEGADO DE EDGAR

Toda esta larga introducción tiene la única finalidad de presentar la obra de Edgar Clement bajo esa luz, la de una obra barroca. Una mezcla de muchas cosas que nunca terminan de fusionarse pero que funcionan perfectamente como una unidad y que además es una gran representación textual y metatextual de nosotros mismos, nuestra cultura y nuestro país.

Clement, para quien viva bajo de una piedra, es uno de nuestros más notables artistas de cómic. Yo personalmente lo considero el mejor artista secuencial del país y creo que sus obras se pueden considerar de lo mejor que la nación le ha entregado a la cultura mundial. Por desgracia son poco conocidas fuera del pequeño ghetto que llamamos fans de los cómics.

Su opera prima, Operación Bolivar, es la que generalmente se lleva los aplausos y las palmas, y bien merecido lo tiene. Pero yo iría más allá, después de todo es su primera obra y se nota en algunos pasajes. Sus siguientes trabajos, Kerubin y Los Perros Salvajes, más aparte un puñado de historias cortas entregadas aquí y allá, a veces publicadas en revistas como Heavy Metal o El Chamuco, otras veces en internet por el propio autor.

Estas obras posteriores muestran a un artista mucho más seguro de su estilo, que se puede describir como barroco, sobrecargado en imágenes, en temas, en mitos, anti-clasista, un poco iconoclasta, y sobre todo muy interesado en la relación entre la fe y la política.

Tomándole la foto a un ángel así como si no se diera cuenta.

EL UNIVERSO CLEMENT

Todas sus obras (o la inmensa mayoría) se desarrolla en el mismo universo, que llamaremos Clementverso (for the LOLs). Un universo donde sólo vemos México, o más bien sólo vemos pedacitos de México, principalmente la capital.

En él existen ángeles, demonios, y seres humanos con la capacidad de “tocarlos” (lo que significa que pueden matarlos). Hasta aquí todo parecería la trama de la novela Young Adult en turno, nada más faltaría introducir al adolescente sin personalidad que servirá de Mary Sue, y al triángulo amoroso. (Pst, editoriales y productoras nacionales, ahí les regalo la idea, estoy seguro que a Edgar no le molestaría mientras le paguen regalías).

Pero las historias de Clement tienen más en común con el mundo cínico y gris de las novelas de crimen gringo que con las de jóvenes adultos. Encontraremos más similitudes con series como Narcos o The Wire que con City of Bones o Buffy. La Cazavampiros.

Sus anti-héroes (hasta ahora no hay una sola de sus historias con un protagonista heroico) son Angeleros, porque son capaces de tocar ángeles (capacidad que viene por ser Nahuales). Se trata de gente que se dedica a cazar y matar ángeles para comerciar con su carne, huesos y sangre.

Si leemos en orden el Clementverso (Operación Bolivar, Kerubin, Los Perros salvajes) lo primero que vemos es a un Angelero, Leonidas Arcángel, matar un ángel (completamente antropomorfo, con alitas, el clásico pues), para después destazarlo como a un puerco y, utilizando como analogía los cortes de la carne de cerdo, nos explica cómo se aprovecha todo: La carne de ángel y partes específicas son para consumo (o sea, para comer); sus huesos se utilizan como droga (pulverizados); su sangre es bebida (el chínguere).

Es una secuencia poderosa que nos introduce al tono que tendrán todas las historias, una mezcla de salvajismo con civilización. El canibalismo de un ser humano (o un nahual) matando, destazando y consumiendo a otro ser humano (un ángel) de forma metódica, después de todo “la barbarie no es más que otra forma de la voluntad humana”.

Clement construye todo un Lore alrededor de su mundo en el que hace 500 años hubo una guerra entre los ángeles y los dioses locales (nahuales en alto nivel de poder/espiritualidad). Ganaron los ángeles y ahora los nahuales viven al margen de la civilización junto a otros miembros de la periferia, como los guerrilleros y las organizaciones criminales.

Las jerarquías de poder en el mundo de Clement están todas corruptas y sirven a intereses personales, aunque estos intereses vayan en contra de la seguridad de los propios jugadores (nada que ver con el mundo real – cries in spanish). Los árcangeles hacen tratos con los gobiernos humanos para permitir el tráfico de ángeles. Apoyan las guerrillas, los dictadores o los libertadores por igual, dependiendo de qué les convenga. La lucha contra el infierno no es más que una competencia capitalista, donde más que batallas, se firman contratos.

En la periferia de todo esto están sus protagonistas que simplemente buscan sobrevivir. Excepto en su última obra, Los Perros Salvajes, en la que Edgar Clement toma una posición más activa como creador. E primer tomo podría considerarse una especie de fantasía de venganza contra el gobierno que inició la sangrienta guerra contra el narco. En el segundo, recientemente publicado de forma digital, empiezan a aparecer algunas dudas sobre la moral e ideología del protagonista.

Cuando te toca bailar con la más fea.

LA VOZ DEL AUTOR

Imagino que si eres partidario de DERECHA cierto espectro político, la obra de Clement te parecerá sumamente chocante. Digo, yo no estoy de acuerdo con él en muchas cosas y no me parece para nada chocante, a pesar de ser muy, muy ideológico, pero imagino que para alguien de identidad política más conservadora podría parecerle panfletario.

En más de una ocasión los personajes se detienen a HABLAR de su ideología. Pero curiosamente no se siente forzado porque de eso trata la obra: ¿Quiénes somos?, ¿Qué nos define?, ¿Por qué apoyamos los gobiernos que tenemos o por qué los elegimos?, ¿Cuál es realmente nuestra fe?, ¿Somos católicos o somos una mutación del catolicismo?

El propio autor se cuestiona sus propias posturas dentro de la obra, especialmente en el último tomo de Perros Salvajes. Cuestiona la utilidad de nuestros partidos de izquierda y de nuestros levantamientos armados. La intención es cuestionarlo todo.

Y al final, creo que eso es lo que lo hace la obra más mexicana que le podemos mostrar al mundo. Es todo y nada a la vez. Es muy mexicana, pero a la vez puedes decir que es un tema super choteado (ángeles y demonios, historias de narcos), es una obra cargada de temas morales, históricos, sociales y filosóficos, pero usa el lenguaje de alguien que podría estar comiendo tacos de suadero mientras te lo explica.

Cuestiona todo y al mismo tiempo señala verdades. No intenta retratar nada más allá de la mente del creador pero termina dándonos una pintura barroca de nosotros mismos. No es tímida al mostrar que la iglesia católica es la piedra fundacional de nuestra cultura, y sin caer en el indigenismo barato para turistas pinta un México indígena, en los márgenes del mundo urbano, en los márgenes del mundo capitalista. Se concentra en el México olvidado, pobre, rural y periférico, pero describe perfectamente en donde estamos situados en la escena global. Rara vez sale de la Ciudad de México, pero la presencia de las potencias gringas y chinas están bien señalizada.

El Clementverso es la mejor versión ficticia de nuestro México real y por eso lo escogí como el primer tema de esta serie semanal de artículos patrióticos, ¡viva México!