Opinión | El Rucomiquero

    EL RUCOMIQUERO | Por Francisco Espinosa

    Nuestro país vive un momento interesante para ser fan de cómics. En particular de cómic estadounidense y más del género de superhéroes. El medio vive un auge como no se había conocido en mucho tiempo y la cosa no parece que vaya a disminuir, pero… ¿y los especuladores, las devaluaciones, la mala distribución? ¿Todo eso sigue ahí o de verdad ha cambiado tanto este pequeño mundo que llamamos el cómic en México? Dicen que quien no conoce la historia, corre el riesgo de repetirla.

    Nunca ha sido fácil ser lector de cómics en México y mucho menos si se es de ese tipo que en el mundo se conoce como fan, es decir: una persona entusiasta y apasionada en la materia, alguien que se alimenta y se educa del tema, que muestra curiosidad, que es capaz de contrastar y analizar aquello que ama.

    Siempre ha habido un mercado para los cómics, en mayor o menor medida, y por tanto nunca nos hemos quedado sin material en México, pero entre la dependencia de las adaptaciones nacionales de las publicaciones extranjeras, la poca variedad y lo complicado que llegó a ser conseguir estos productos directo de su país original, el fandom mexicano tiene historias heroicas y más de uno confirmará que merecemos tanto un reconocimiento por el esfuerzo como todo lo malo que hemos vivido en esta industria.

    Ahora mismo convivimos al menos cinco generaciones de lectores de cómic. En México se ha visto pasar desde creaciones europeas, japonesas, chinas, sudamericanas y, por supuesto, las nacionales. Sin embargo, el grueso de la popularidad de las últimas generaciones la ha marcado el cómic estadounidense (Lágrimas y Risas o Kalimán en sus tiempos vendían mucho más que cualquier cómic de superhéroes importado).

    Para aquellos que nacimos en los ’70 y aprendimos a leer ya en los ’80, el grueso de nuestra lectura lo componían las revistas de Marvel o DC, siendo un dato comprobado que México es el país donde más cómics de El Hombre Araña se venden en el mundo. Sin embargo, nunca tuvimos la cantidad de títulos en edición nacional que se tienen ahora ni teníamos al alcance el acceso a la información de nuestros personajes favoritos que las últimas generaciones tienen, vía internet y publicaciones recopilatorias autóctonas o importadas.

    Todo indica que es un gran momento para ser lector de cómics, ¿no es cierto? Parece que el camino recorrido valió la pena y hoy vemos sólo bonanza y parabienes. Sin embargo… ¿Durará? ¿Es todo lo que se publica recomendable, entretenido.., leíble incluso? ¿La enorme popularidad de películas, videojuegos y series televisivas influye o no en el consumo del material impreso de nuestros personajes favoritos? ¿Qué tan cerca está lo que la gente cree saber con lo que en realidad son o han sido los cómics que amamos?

    Una de las virtudes de ser fan de cómics, más que leerlos, es tener una curiosidad insaciable, un deseo por conocer más e ir a los orígenes de las historias, los creadores, los personajes. Ser fan es tanto un placer como una responsabilidad personal. Así, lo mejor que podemos hacer es aprovechar las herramientas con que contamos hoy en día para escarbar y descubrir, de forma más clara, todo lo que vino antes de nosotros, pues es en ese pasado donde se funda lo bueno y lo malo de hoy. Al final, lo único que separa una opinión cualquiera de una opinión informada es la información de lo que había antes. Conocer es entender y hay que entender para crecer.

    Con eso en mente, este espacio quincenal tratará de dar perspectiva a lo que hoy leemos: a los cómics mismos, a los chismes, a las noticias y al medio mismo. Hablaremos de nuestra historia y buscaremos que ésta nos de algo de luz sobre lo que vivimos y disfrutamos hoy. Se escribirá sobre el origen y los relatos de nuestros personajes. También revisaremos de dónde vienen los creadores y qué podemos esperar de ellos. Buscaremos datos de editoriales y sus aciertos y errores. Será un paseo, un vistazo, un ligero capricho de nostalgia…

    Y muchas quejas.

    Porque jóvenes, soy un anciano, y el poco derecho que nos da la historia es a quejarnos de todo lo que se hace hoy.

    Así que advertidos están. Bienvenidos.