Opinión | Puros Cuentos

    Puros Cuentos 1 | Por un apelativo autóctono para los cómics (y sus derivados)

    Hace algunos años, el editor en jefe del área de cómics de Editorial Televisa se atrevió, de manera socarrona, a llamarles cuentos al producto que publica. Casi de inmediato, las hordas de trolls que inundan internet se aprestaron a responderle por tamaño atrevimiento: “¡¿Cómo que cuentos!?”, “¡Tantos años de luchar por que respeten al cómic y alguien de la industria todavía les llama cuentos!”, “¡No es posible que alguien que dice amar al cómic lo denigre llamándole así!”, “¡Respeto a una forma más de arte!”, “¡Soy gay!” (Bueno, ese no tenía nada que ver, pero de seguro el que lo posteó aprovechó la confusión para salir del clóset. Bien hecho).

    Todos coincidían en que llamar cuento a algo que es considerado el 9º arte (a ver si alguien me dice cuales son los otros ocho), a esa deliciosa mezcla de literatura y pintura, era una canallada y automáticamente estigmatiza de ignorante al que lo profiera. Pero cuando yo era niño y quería leer algo del Hombre-Araña o Linterna Verde, le decía a mi madre que me comprara un cuento del Hombre-Araña o un cuento de Linterna Verde, o un cuento de Batman, o un cuento de la Mujer Araña, y ella sabía perfectamente a qué me refería y me compraba una revista con dibujitos y letritas, todo acomodado en elegantes viñetas. Un cómic, para no hacerles el cuento (¡Ja!) largo.

    Crecí, y durante años les llamé cuentos, hasta el boom de La muerte de Superman, cuando era impropio para un preparatoriano llamarle cuento a algo que se merecía más respeto, así que pasó a ser conocido como cómic. Años después, reconozco sin tapujos. que lo que merecía más respeto era mi autoestima, pues cambiar el apelativo del pasatiempo de toda mi vida no era porque el medio requiriera respeto, sino porque ¿Cómo era posible que un adolescente leyera cuentos para niños?, ¡No señor!, lo que leía eran cómics, otra forma de arte, algo de gente madura y propio de culteranos (ahora sé que lo que madura se pudre).

    Traumas aparte, la discusión internaútica antes mencionada me hizo pensar que a los mexicanos nos hace falta una palabra que sirva para designar al medio que tanto nos gusta. Los angloparlantes tienen, obviamente, el término comic book (aunque también manejan el término funnybook, que sería el equivalente a nuestro “cuento”), los francófonos utilizan bande dessinée, los italianos le llaman fumetto, los japoneses adoran su manga y los españoles tienen tebeo. Así que ¿por qué quedarnos atrás? Sería una muestra de verdadero patriotismo generar un término que designe al cómic y que todos los mexicanos lo manejemos.

    Habrá quien me diga que existe “historieta”, pero esa palabreja tiene un componente peyorativo (al igual que “casucha”, “pajarraco”, “gentuza” y la ya utilizada “palabreja”), así que ¿Cómo vamos a usar una palabra que lo denigre, si es justamente lo que queremos evitar?

    Así que desde aquí hago un llamado a que el apelativo unificador del arte secuencial para nuestro país sea (redoble por favor) “cuento”. Habrá quien se queje de que se puede prestar a confusiones con el formato literario pero no importa, porque en un país donde el promedio de lectura es medio libro al año nadie notará la usurpación del término.
    Discútanlo, sopésenlo, platíquenlo con la almohada, cuéntenselo a quien más confianza le tengan, si al final del día no arreglamos nada ¡no hay fijón!, después de todo… son puros cuentos.


     

    Colaborador | Rodrigo Vidal
    Twitter: rodrovidal