El terrible error de The Punisher

Niña enojada opina

La serie de The Punisher es buena, y bastante. En lugar de mostrarnos a un súper hombre con sed de venganza se esfuerzan por hacer un análisis sobre la pérdida, la depresión, y la incapacidad de controlarse a uno mismo. Incluso va más allá al presentarnos a un Frank Caste vulnerable y con miedo al futuro, sin embargo, hubo un par de temas que se les ocurrió tocar de pasada y falló terriblemente: el control de armas y la supremacía blanca.

¡Spóilers, duh!

ESPEJO NEGRO

Los grupos de supremacía blanca existen, de eso no hay duda, sólo que la época los obliga a ser más silenciosos. Si Donald Trump llegó al poder es porque supo lucrar con la mentalidad de esas personas, aquellas que se sienten rechazadas por el sistema, que sienten que su país se ha vuelto débil y que la democracia los traicionó. Esos fueron los que se creyeron por completo el Make America Great Again.

En la serie aparecen dos personajes que comulgan con esa mentalidad: O’Connor y Lewis Wilson, ambos veteranos de guerra que van a los grupos de autoayuda de Curtis, el amigo de Frank Castle. O’Connor es un viejo “veterano” cliché que cree que los negros dominan al mundo y que la sociedad es una ingrata que ya no respeta los sacrificios de un hombre por cuidar los ideales del rojo, blanco y azul. Esta actitud altanera enamora a Lewis, un chico que acaba de regresar de Afganistán y que se siente completamente fuera de sí, por lo que juntos comienzan una campaña para restaurar los valores americanos – como el derecho a portar armas e insultar a todos esos debiluchos.

O’Connor es sólo el motor que impulsa a Lewis a hacer actos que “purifiquen” la nación. Así, en los episodios 9 y 10 un chico hace estallar una bomba en una oficina e intenta asesinar a un político que es abiertamente anti-armas.

Al principio parece que quieren mostrar la delgada línea que guarda con Frank Castle: ambos son personajes completamente alejados de la realidad, marginados por la sociedad, incapacitados para regresar a la vida que antes tuvieron y en un frenesí autodestructivo. Pero donde El Castigador tiene un código moral atomizado (nada más mata a gente mala) Lewis opta por la opción más compleja, que es aniquilar a todo aquél que va en contra de lo que él entiende por “la verdadera América”

Todo apuntaba a que iban a dañar la figura americanista de Castle, a que nos iban a mostrar como él era igual de tóxico que Lewis, y eso era muy importante por que The Punisher es uno de los personajes favoritos de los skinheads y de los americanos que votaron por Trump. Representa a ese hombre blanco fuerte que toma la justicia por su propia mano y que peleó por su patria. Literalmente es el favorito de Chris Kyle, el sniper más letal en la historia de Estados Unidos, y el famoso cráneo es el ícono de la lucha contra ISIS. La serie era la oportunidad para deconstruir esta figura, para mostrar sus errores, para mostrar su toxicidad, pero justo en el momento les dio miedo y prefirieron enaltecer la figura de Frank Castle.

No hay duda de que, dentro de la serie, Lewis ve a Castle como un héroe, como alguien que entiende la lucha y los esfuerzos de un hombre por salir adelante y lo que es creer en los ideales. Por eso llama a Karen Page, para que también vaya a defenderlo, para que lo deje contar su historia. “Es diferente” dice Karen, “Castle mata a gente mala, tú estás enfermo”, las diferencias están expuestas, pero donde pudo haber sido una crítica a cómo la ideología muy arraigada y el miedo hacen que se malentiendan conceptos difíciles, la serie se va por el camino fácil para decir “o sea sí, pero no”.

Ahora tómame una foto así como que estoy a punto de matar a alguien.

SER EL MALO ESTÁ DE MODA

The Punisher, como muchos productos de la mass media estadounidense, deja su crítica lo suficientemente endeble y su iconografía lo suficientemente abierta para que estos grupos lo absorban en su cultura. De hecho, esto pasa muchísimo en las películas de neo-nazis, ya que a pesar de que tocan temas incómodos, de que nos muestran la cara oscura de la supremacía blanca, sus personajes y símbolos también los muestran como algo muy cool.

El ejemplo más fácil es Edward Norton en American History X (Tony Kaye, 1998), donde a pesar de mostrar lo nocivo de esa subcultura, el diseño de personajes, su actuación y los sets que utilizan romantizan demasiado a los skinheads. También se puede pensar en la película con Harry Potter Daniel Radcliffe, Imperium (Daniel Ragussis, 2016), donde si bien muestran a estos grupos como terroristas y narcotraficantes, primero te muestran lo seductor de su grupo, su lealtad efervescente y hasta te humanizan a los antagonistas principales al mostrar cómo sufren y sobreviven los ataques anti-fascistas.

This is England (Shane Meadows, 2006) es un ejemplo más lúgubre, porque si bien muestra como estos grupos abusan y manipulan a sus miembros, también te dejan claro por qué optan por unirse, por aceptar sus condiciones, por hacerlos familia.  Peores casos son cosas como Der Untergang (La caída, Oliver Hirschbiegel, 2004) o The Sound of Music (Robert Wise, 1965), donde literalmente te construyen a los nazis como seres humanos con deseos y aspiraciones. Es muy fácil omitir la violencia, la queja y la crítica cuando hay tantos elementos que pueden ser “rescatados” y utilizarlos para romantizar sus causas.

Regresando a The Punisher, parecía que Lewis Wilson iba a ser diferente, que iba a representar una queja cruda a una realidad preocupante en Estados Unidos. Pero no, en su lugar tuvimos una confrontación con Castle que sólo sirvió apenas para desarrollar la trama de Madani. Lewis se suicida, Frank salva al mundo y al más puro estilo Macgyver sale triunfal, hasta Karen nos lo dice “¿de verdad creen que Frank habría entrado a un edificio del que no sabe salir?”.

Ese final fue especialmente nocivo para la temática de ambos episodios. Lewis terminó siendo un hombre débil desesperado que no supo mantenerse firme a lo que quería. Frank, por otro lado, casi al nivel de John Nada en They Live!es un hombre que sabe lo que quiere, que hace las cosas a su manera, genera resultados y derrota a los farsantes como Lewis. La serie tenía la obligación de hacer una crítica a estos grupos blancos que cada vez son más fuertes, pero no, prefirieron dejar la ventana abierta para que estos mismos grupos se sintieran identificados con The Punisher.

Cuando ves las críticas de tu serie de televisión.

HATERS, BACK OFF!

Las críticas se disolvieron todavía más cuando intentaron tocar el tema del control de armas. En una serie donde repetidamente confrontan al protagonista para decirle que sus métodos están mal y que tiene varios problemas mentales, lo de menos era que también criticaran otro de los ejes cruciales que definen a Frank Castle.

Por supuesto, metieron a un senador abiertamente anti-armas y lo aventaron al ruedo con los otros protagonistas que estaban a favor, lo que pudo ser una discusión interesante resultó ser una farsa. Sí, dejan hablar al senador y hasta dice que “hay que controlar todas las armas para algunas personas”, pero al final lo representan como un político cualquiera, mentiroso e hipócrita. Hasta en su versión de los hechos se dibuja a sí mismo como un héroe que agarra un arma para salvar el día. ¿Eres o no eres, Punisher?

Por más que triunfen en despedazar la psique de una persona deprimida, alejada de la realidad, por más que muestren lo inútil que es la venganza y lo contraproducente que es la violencia, con dos episodios tuvieron para posicionar a Frank Castle en su endeble pedestal en el que grupos de gente lo alaban por su parte más tóxica, y aunque movieron muchas cosas no se atrevieron a tocar la nociva posición que guarda en la sociedad americana, que era lo importante.

Mmm, si este puede tener una serie Netflix ¿por qué yo no?