A 20 años de The Matrix, ¿cuánto falta para que nos dominen las máquinas?

Debrayando con Fá

¿Pueden creer que se cumplen 20 años desde que salimos del cine sintiendo que nos habíamos tomado la píldora roja? Dos décadas en las que la película The Matrix hizo que se popularizara dicho término, al grado de convertirlo prácticamente en un coloquialismo usado en conversaciones como sinónimo de sistema opresor, de masas controladas por élites (constituidas por humanos o lagartos, dependiendo del nivel individual de paranoia), así como un referente para describir cualquier suerte de realidad ilusoria que perpetúe un estado de sumisión de la voluntad humana.

Por supuesto, todos teníamos ese amigo que se creía Morpheus y nos quería quitar la venda de los ojos. Nos intentó demostrar de todo, desde que el universo es un holograma hasta que en algún lugar del mundo ya existía una máquina súper poderosa auto consciente que en cualquier momento nos destruiría. Y si no tuviste ese amigo… quizás es porque ese amigo eras tú. En una de esas hasta pasaste por una fase de ropa de cuero negro y lentes oscuros sin importar que fuera la mitad de un tórrido abril con temperaturas máximas de 40 grados. (¿No? ¿Qué, solo yo?).

Pero a 20 años de que el filme de las (ahora) hermanas Wachowski profetizara la caída de la raza humana a manos de la inteligencia artificial, ¿qué tan cerca nos encontramos de una rebelión de las máquinas? Curiosamente, la percepción del público en general pareciera apuntar a que nos acercamos de manera vertiginosa.

EL FUTURO NOS ALCANZA…

Los robots construidos por Boston Dynamics, por ejemplo, han dado mucho de qué hablar. (Si el nombre no te suena, tal vez sí recuerdes haber visto los videos virales de robots cuadrúpedos resbalándose con cáscaras de plátano). Muy chistoso, sí, pero estas máquinas siguen perfeccionándose con el propósito de revolucionar el mundo de la robótica, persiguiendo un futuro en el que robots cuadrúpedos lleguen a nuestra puerta para entregarnos paquetería, mientras que otros robots humanoides, tal como su famoso prototipo Atlas, nos ayuden a llevar a cabo nuestras tareas diarias.

La sorprendente agilidad que cada nueva versión ha adquirido en los últimos años, así como su aspecto un tanto crudo han inspirado no solo admiración sino un miedo que, aunque irracional por ahora, tiene su origen en nuestro sentido de preservación. Es por ello que, además de figurar entre los hilarantes videos con cáscaras de banana, estas máquinas han inspirado a programas como Black Mirror a explorar algunos de los más perturbadores de sus posibles usos.

Caso similar es el de Sophia, la primera robot del mundo con ciudadanía reconocida. Creada por Hanson Robotics, Sophia se convirtió en ciudadana de Arabia Saudita en 2017, para sorpresa de unos e indignación de otros. En un país donde las mujeres están obligadas a contar con un guardián masculino que las acompañe en todo momento, representándolas en la toma de decisiones financieras y legales, donde hasta hace poco no les era permitido manejar, y en el que deben cubrirse con hijabs, podría suponerse que hay asuntos más importantes que reconocer la ciudadanía de una máquina.

Aunque la controversia más sonada en torno a Sophia quizá sea haber afirmado que destruiría a la humanidad durante una entrevista para CNBC. En realidad, la declaración parece haber sido un error de comprensión por parte de la robot, lo cual resulta evidente si consideramos que es el entrevistador quien la interroga, “¿Quieres destruir a los humanos?”, a lo cual ella responde, “Okey, destruiré a los humanos”, como si hubiera entendido que la pregunta era algún tipo de petición casual a la que había que contestar de manera afirmativa.

Por polémico que fuera, este suceso no impidió que David Hanson, CEO de Hanson Robotics presentara a Sophia con Jimmy Fallon en The Tonight Show, ni que la robot entablara divertidas conversaciones con celebridades como Will Smith y Piers Morgan. Sin importar los incidentes, Sophia se ha convertido en la encarnación más cercana de nuestras aspiraciones en relación a la inteligencia artificial. Pero, ¿se trata de un verdadero ejemplo de IA, como ha sido concebido por Hollywood?

La prensa, encausada en buena medida por Hanson Robotics, se ha encargado de explotar cada una de sus fascinantes apariciones públicas sin aventurarse en cuestionar sus verdaderas capacidades, ni el alcance de las mismas. A pesar de que Sophia posee complejas redes neuronales que le permiten “aprender” de sus interacciones con las personas, al tiempo que detecta e imita emociones, en realidad dista mucho de ser una máquina auto consiente capaz de acercarnos a un Armagedón como el descrito en The Animatrix, la antología de cortos animados que en 2003 expandió el universo de ficción de la trilogía Matrix.

… PERO NO TAN RÁPIDO

Hasta hoy, ningún sistema de IA en el mundo es verdaderamente consciente; no poseen libre albedrío ni tienen la capacidad de aprendizaje de un ser humano. Todos los sistemas existentes, incluyendo los autos que se conducen a sí mismos, realizan todo su “aprendizaje” durante su fase de desarrollo –básicamente, estamos hablando de algoritmos que analizan una enorme cantidad de datos siguiendo procesos y objetivos definidos por sus programadores humanos–, pero dejan de hacerlo una vez que logran completar las tareas para las que son programados. Si nos referimos a productos, por ejemplo, este momento sería cuando salen al mercado: el sistema hará lo que “aprendió” a hacer y no aprenderá nada más a menos de que sea actualizado por sus creadores.

Por otro lado, para que un sistema de IA pudiera ser considerado a la par de un ser humano, sería necesaria la habilidad de comunicarse de manera efectiva, pero los chatbots y procesadores de lenguaje de la actualidad aún tienen considerables problemas para inferir significado y para comprender ambigüedades e indirectas. De ahí que Sophia se contradiga varias veces en una misma conversación dependiendo de la forma en la que le son formuladas las preguntas.

Noticias como la creación de un brazo robótico con inteligencia artificial creado por la Universidad de Columbia en EUA, difundida por la prensa como un robot “autoconsciente” –porque puede recolectar información sobre sí mismo– circulan a diario. Palabras como ésta hacen llamativos los titulares, incluso si en el cuerpo del texto se tiene que aclarar que no se trata de una auto consciencia verdadera o, como es el caso de este ejemplo en particular, citar a Robert Kwiatkowski, uno de los científicos involucrados en el proyecto, diciendo que no cree que vaya a presenciar la creación de robots autoconscientes en toda su vida.

Y es que más allá de los titulares y los videos de robots intentando hacer tareas humanas, la mayoría de los investigadores de robótica y programación se mantienen escépticos. Es el caso de Wolfgang Wahlster, quien trabajó 20 años como jefe del laboratorio de investigación de IA más grande de Alemania, quien opina que los desarrolladores de IA deben “ser un poco cuidadosos con lo que dicen. Cada día que trabajas en la inteligencia artificial, ves la gran brecha entre la inteligencia humana y la artificial.” Wahlster afirma que en tres periodos distintos de su trayectoria ha sido testigo de un boom de despliegue publicitario e histeria mediática en torno al tema, pero que estos pronósticos desafortunadamente se han quedado cortos.

De cualquier forma, las actuales deficiencias del IA no han sido suficientes para despejar los temores de personalidades como Stephen Hawking e Elon Musk, quienes nos han advertido de sus posibles peligros. Aunque algunos tweets acerca de la robot Sophia por parte de Musk pudieran sugerir lo contrario –vaya, estamos hablando de Twitter, plétora de exabruptos que algún día serán cuestionados por alienígenas estupefactos–, el director ejecutivo de Tesla no se ha referido (necesariamente) a la posibilidad de que los robots se rebelen y nos conviertan en baterías.

La realidad es que Musk lleva tiempo pidiendo que la IA se estudie y analice desde un punto de vista legislativo, de manera que los gobiernos puedan antelar sus posibles usos perjudiciales y contar con un marco legal para poder actuar. Una recomendación bastante razonable si se considera que la legislación en torno al tema es prácticamente inexistente –por algo tenemos un robot no consciente con ciudadanía en un país donde las mujeres humanas son ciudadanos de segunda.

La monopolización de la IA forma parte de los riesgos advertidos por Musk, pero en realidad son muchísimos los aspectos que no están siendo analizados meticulosamente a la par del desarrollo tecnológico. Quizá la llegada de una verdadera súper-inteligencia robótica que rivalice a la humanidad tome varias –o muchas– generaciones, pero lo que hasta ahora es seguro, es que las hermanas Wachowski dieron en el clavo al considerar que sea cuando sea que llegue el momento, no estaremos preparados.

En conclusión, tal vez ni tú ni tus hijos, o hasta tus nietos, sean testigos del nacimiento de una verdadera inteligencia artificial auto consciente, pero tal como The Matrix nos enseñó hace dos décadas, si ésta algún día termina destruyendo a la humanidad tendrá mucho ver con el orgullo y falta de previsión de nuestra generación, supuesto pináculo de la sociedad humana. Nada más espero que la mágica solución no resulte ser bloquear el Sol, que ni los dinosaurios fueron tan tontos; al menos ellos no fueron responsables de hacerlo.

Este es buen momento para decidir qué píldora quieres.