AMLO: ¿La Esperanza de la Cultura Pop?

LA IMAGEN PRINCIPAL ESTÁ COMPUESTA POR UNA CARICATURA DE MONERO HERNÁNDEZ, CON FONDO DEL ARTISTA BRITÁNICOCRAIG ROBINSON, SE USAN CON CARACTER ILUSTRATIVO.


Después de 12 años y tres intentos, en 2018 Andrés Manuel López Obrador ganó la elección presidencial de México. Su victoria es histórica por dónde le vean: afianzó el 52% de los votos posicionándose 30 puntos por arriba del segundo lugar. AMLO fue vencedor en 31 de las 32 entidades federativas de la República. Y Morena, con tan sólo cuatro años de edad, se convirtió en la primera fuerza del Congreso, reduciendo al PRD a un partido cascajo y quitándole el registro a parásitos como el PANAL.

En el país, la avasalladora victoria se recibió de forma mixta, la figura de AMLO está rodeada de millones de ojos que lo miran con esperanza, ímpetu, zozobra e incredulidad. De su trabajo depende de qué lado de la balanza quedará, eso es algo que veremos (y criticaremos) en un par de años. Pero hoy podemos ver algo que López Obrador ya cambió, a lo mejor sin querer, pero que parece ser un paso al frente hacia un nuevo México: La relación de la política con la cultura pop.

EL MILAGRO MEXICANO

Carlos Monsiváis decía que en México nunca hemos tenido una “cultura media” o “popular” porque el pueblo no asimila la “alta cultura” y no la hace suya, por lo que no puede cambiarla, entenderla ni criticarla.

Básicamente, los grandes escritores, pintores y compositores se quedan dentro de una élite celosa, mientras que en el resto de la población se consolidó una industria cultural desde la década de los 30, donde México producía muchísimas películas, muchísimas fotonovelas, muchísimo de todo, pero el gobierno decidía qué valores, qué temas y qué realidades discutían las masas.

Obviamente, la cultura mexicana ha cambiado muchísimo desde los años 30 y la gente responde a los cambios de la época, pero siempre está presente un carácter regulador que no lo deja en paz. No es casualidad que la búsqueda de identidad nacional y la romantización de la vida rural se quedara en 1959, no nada más porque los mexicanos se animaron con el Rock & Roll en los ’60, sino porque “el éxito del Milagro Mexicano” obligaba a que México fuera visto como un país cosmopolita, desarrollado, citadino.

Hay de milagros a milagros

FRESAS CON CREMA

En la década de los ’60 se invitó a que la gente bailara segura con César Costa, Los Teen Tops y Angélica María, y después podían llegar a su casa a ver Senda Prohibida. Pero evitaban que películas más realistas, donde retrataban la violencia de la revolución o la carencia de los pueblos rurales, entraran en la discusión de las masas. Cosas que ahora consideramos joyas como México Insurgente, Los Hermanos de Hierro, El Ángel Exterminador o El Gallo de Oro, se enfrentaron a la dura crítica, a la censura y a otros productos mucho más complacientes que se impusieron en la memoria colectiva.

En los ’70, cuando los problemas sociales ya no podían más, Luis Echeverría ayudó mucho a la industria cinematográfica. Se abrió la puerta a jóvenes cineastas que querían retratar la complicada vida de la clase media. Pero eso duró nada más seis años, porque López Portillo no tenía interés en apoyar a la industria y el gobierno ya no sentía culpa por la masacre del ’68.

Aun así, logramos tener el cine de ficheras y cosas como Perro Callejero, Ratas de la Calle y Olor A Muerte: Pandilleros que, si bien se veían como películas baratas, tenían una buena aceptación y ya ponían la crudeza de la división de clases, la violencia y la inseguridad.

Clásico, ponerte a tocar con los cuates en las pistas del aeropuerto

EL CAMBIO ESTÁ EN UNO MISMO (UO, UO)

Después de la creación de Televisa, México fue marcado por una mejora en la tecnología, un boom televisivo y una preferencia por lo extranjero que logró homogeneizar la cultura durante más de 20 años, cosa que ni la victoria de Fox pudo cambiar.

Fue el periodo del Chavo del 8, del Chapulín Colorado, del Dr. Cándido Pérez, Luis Miguel, Papá Soltero, Marimar, Clase 406 y RBD. Eran las cosas que “la gente bien” veía, donde se retrataba el día a día de la clase media, o bien, se contaban historias sobre pobres honrados confrontando a riquillos malintencionados y a un sistema injusto. Los que no querían, podían irse a los toquines underground y a las muestras de cine de arte, pero eran los pandrosos, los hippies, los que estaban muy clavados en el arte y la industria.

Este control de la cultura masiva parece que cumplió varias metas: desdibujó la figura del gobierno en el inconsciente colectivo, dejó de lado cualquier tipo de crítica, alejó a la cultura pop de la política y mantuvo la idea de la lucha de clases, por eso en cada época parece haber un retraso en los temas que se discutían en la cultura pop mexicana y siempre desde una misma perspectiva.

El cine de rumberas se acabó cuando Miguel Alemán dejó la presidencia y entró Ruíz Cortines, pero regresó con el cine de ficheras a finales de los 70, cuando ya no era tan mal visto salir a bailar de noche y había menos restricciones.

Cuna de Lobos y Mirada de Mujer revolucionaron la televisión tratando temas tabúes: mujeres malvadas, empoderadas, mujeres mayores andando con jovencitos, relaciones interraciales, aborto y crítica a la diferencia de clases. Cosas que se habían tocado con Angelitos Negros, Porque Nací Mujer y Las Abandonadas 50 años antes, y la sociedad media las seguía (¿sigue?) viendo como algo súper prohibido para pasarlo en horario estelar.

Todos estos temas se trataban con valores cristianos preestablecidos que parecían reaccionarios por el mero hecho de ponerlos en una pantalla, aunque siempre terminaran con lecciones moralinas. Los tiempos pudieron haber cambiado, pero la cultura pop en México se encargó de que los valores sociales no lo hicieran y no hubiera mayor discusión al respecto.

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LOS 90s ES EL MOMENTO

Sí, en los 70 y 80 había crítica social y denuncias sobre la inseguridad, pero no entraron a la cultura mainstream hasta finales de los 90, con los corridos sobre Caro Quintero, Molotov, Amores Perros, Y Tu Mamá También, Todo el poder La Primera Noche. Para esta época ya había una queja constante de que “algo estaba mal” con el país, pero el gobierno se entendía como una generalidad amorfa que era “lo malo”, y el PRI era el monstruo culpable de todos nuestros pesares.

Este tipo de productos tenían valor por retratar la violencia y la inseguridad, aunque no se hiciera ninguna crítica o alusión a las condiciones políticas, económicas y sociales que hicieron que México llegara ahí. Nuestros problemas eran producto de esa cosa malvada que llamábamos gobierno y punto.

Esta parte de la cultura pop se encargó de corroborar nuestras ideas sobre un gobierno corrupto y horrible, pero no había alusión a responsables directos, no se representaban las consecuencias sociales, no había una voz que invitara a reflexionar, sólo el shock de ver muertos y sangre.

Por más que se trataran temas de actualidad, la cultura pop no invitaba a la crítica, no hacía pensar, la audiencia se quedaba con la idea de que “la situación estaba mal” pero la bondad, honradez y humildad de la clase media podía solucionarlo. Incluso la cultura del narcotráfico actual tiene sus raíces en lo interesante que es ver a los maleantes burlar a gobernantes incompetentes y cómplices, pero no hay nombres, no hay consecuencias, no hay análisis, sólo existe la idea de malos peleando con el gobierno. Allá, lejos, sin consecuencias directas para nuestra vida diaria. Este fue el gran triunfo del gobierno controlador.

LA NOSTALGIA DE FIN DE SIGLO

A finales de los ’90 y principios de los 2000 es cuando empezó lo bueno. De repente veías máscara de Carlos Salinas de Gortari en los cruceros, Fox hacía sentir cómo que se podía meter más crítica del gobierno en el mainstream. Por eso Luis Estrada se hacía famoso con la cruda representación del PRI en La Ley de Herodes, Mootov se burlaba de Chente y George W. Bush en videos musicales, el Güiri Güiri se disfrazó de López Obrador en Grecia 2004, y en 2006 se creó El Privilegio de Mandar, donde un grupo de actores disfrazados de políticos criticaba y se burlaba de las incongruencias de las campañas electorales.

Como niños con juguete nuevo, estas cosas te aventaban la crítica a la nariz, lo nuevo era salir imitando a un político, pero poco a poco todo se fue tergiversando. México no estaba acostumbrado a tener ese tipo de libertad y las élites de la cultura pop tenían un lugar muy privilegiado para construir una voz propia e iniciar discusiones importantes.

México se quedó con las burlas fáciles: Las botas de Fox, la nejedad del Peje, el alcoholismo de Calderón y la incompetencia mirrey de Peña Nieto. El status quo se mantenía a pesar de la aparente democratización de Fox, y la cultura pop seguía alejada por completo de la política. Siendo un espacio escapista sin voz ni interés social.

Esto ayudó a que la percepción sobre la cultura pop mexicana y la política fuera muy lejana. No importa si siempre han pertenecido a una misma élite y han estado íntimamente relacionados, los comentarios políticos han sido relegados a los noticieros, los periodistas de opinión o películas muy de nicho.

La realidad retratada en las series, novelas y películas ha sido de una sociedad en un limbo atrasado, y no se tratan temas importantes hasta mucho tiempo después. Los artistas tampoco se meten mucho, simplemente hacen sus novelas, reciben su dinero, su fama y se quedan en la burbuja perfecta donde nada les pasa y son inmunes a las decisiones gubernamentales. Esta disociación es lo que hace que los artistas o deportistas en cargos públicos no aumenten la discusión sobre la influencia de la cultura pop en la política, ya que se puede dividir perfectamente la imagen de farándula de la imagen púbica, y muchas veces la gente ignora la segunda o prefiere sólo burlarse y seguir adelante.

Que se sienta el power mexicano

ABRAZOS, NO BALAZOS

Andrés Manuel se fue posicionando poco a poco como un líder de izquierda, y su eslogan fue siempre darle al que menos tiene, pero con el tiempo su figura se fue insertando en el inconsciente colectivo de maneras insospechadas.

La estridente campaña que tuvo en 2006 lo posicionó fuera de cualquier partido o alianza conocido en México, no sólo por su necedad, sus plantones en Reforma o la esperanza que representaba para algunas personas, sino por el miedo que el PAN le metió a la gente en esas elecciones. De repente él era lo otro: Un Hombre estaba amenazando la seguridad y estabilidad de todo un país, ese hombre era un peligro para México, y la única solución era votar por el partido que conocían y que había logrado la alternancia.

En 2012 fue un caso similar, el PRI entendió que lo que tenían que hacer para ganar era prometer ser la versión moderada del PRI de antes, y de nueva cuenta se posicionó a López Obrador como el enemigo que los partidos gobernantes debían vencer. Cada paso que daba era estudiado con detenimiento, cada cosa que decía era razón de largas discusiones, cada vez que aparecía en pantalla se le veía con atención.

Los eslogans “AMLO vs. México” se quedaron para siempre en la mente de la gente. Él le dio dimensión a las palabras populista, anti-institucional e izquierdoso en México. Su figura se convirtió también en sinónimo de cambio y esperanza. De repente había peluches del pejito, pines, banderas, estatuas y demás parafernalia (católicos teníamos que ser), al menos por una parte de la población su figura es idolatrada como se idolatra a Pedro Infante.

Ejto ej un compló

CONTRA LA MAFIA DEL PODER

Las dos elecciones crearon la marca de AMLO, y se veía en todos lados, sólo que en lugar de cantar corridos y salir en películas charras, lanzaba propuestas económicas y prometía un cambio profundo en contra de ese animal monstruoso y amorfo que llamamos gobierno.

En el caso de la campaña actual de AMLO, llamó mucho la atención la presencia de artistas como Belinda, Diego Luna, Julieta Venegas, Guillermo del Toro, Margarita la Diosa de la Cumbia y Espinosa Paz. Todos ellos apoyándolo aparentemente de manera sincera, tomando bandos, abriendo discusiones en redes sociales y haciéndose responsables de sus decisiones. No sólo pusieron los planes de López Obrador a la mano a sus millones de seguidores, también los expusieron a las duras críticas del actual gobierno, los asesinados, los desaparecidos y la debacle económica.

Al igual que Felipe Calderón y Peña Nieto, el cierre de campaña de López Obrador fue en el Estadio Azteca. Pero en lugar de un evento solemne y partidista como el de Calderón, o uno lleno de irregularidades y gasto rebasado como el de Peña, al cierre de López se le llamó AMLOFest y tuvo la recepción de un verdadero concierto: había playeras, vasos y reventa de boletos en 10 pesos. Todos los artistas que estuvieron ahí aseguran que fueron convencidos por las propuestas del próximo presidente y supuestamente los gastos fueron cubiertos por MORENA.

Eso no era un cierre de campaña, era una fiesta para celebrar la idea del cambio que promete Obrador, y para hacerlo hubo una intersección entre la política y la cultura general, algo parecido en magnitud a lo que pasó con Madonna o Cher cuando dieron conciertos gratis para protestar contra Donald Trump. Los mensajes políticos se insertaron en figuras icónicas y millones de personas alejadas del ámbito público los vieron y los escucharon. Se abrió el debate, y por primera vez la farándula mexicana invitó a buscar propuestas políticas e indagar sobre críticas sociales.

Pueden o no estar de acuerdo con la opinión de las figuras públicas que alzaron la voz. El punto es que decidieron hablar y discutir, y que artistas famosos reconozcan la situación actual de su país es el primer paso para crear arte más consciente, más cercano, más responsable.

Estrella de Rock & Roll, presidente de la nación

FRIJOL CON GORGOJO

La responsabilidad que tiene López de cumplir lo que prometió desde hace 12 es algo que será muy vigilado, y eso puede provocar que haya más artistas interesados en crear contenido que revise, que dialogue, que critique y que se burle. Y eso hará que la gente tenga acceso a arte que lo obligue a reaccionar, a pensar y a tomar un bando, cualquiera que sea.

Estamos hablando de una cultura pop que ya no va a estar obligada a mantener el status quo y a alejar a sus artistas de la actualidad del país. Estamos hablando de una cultura pop libre, que puede ser tan incisiva o tan complaciente como quiera ser. Y la gente de a pie, nosotros, podremos elegir lo que consumimos.

Hasta para la cultura pop, AMLO se está posicionando para ser el estandarte del cambio.

Una estrella más del canal del Peje
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Rebeca Salas
Heroína cinéfila de noche, caza-tiburones de día. Reportera y crítica de cine para EnLaButaca.com, escúchala en el programa La Covacha todos los viernes a las 9 de la noche por Radio Trece.