Sobre competencia y convenciones

Predicando para el Coro

Hace algunos días, La Mole Comic Con y Conque anunciaron como invitado en común a Bob Clamp, aclamado animador, productor y director, famoso por ser el co-creador de The Ren and Stimpy Show, entre otras cosas. Esto provocó diversas reacciones en redes sociales, unas a favor, otras en contra de la repetición, y varias más exigiendo alguna explicación de cómo y por qué había sucedido.

Edgar Clement, talentoso ilustrador mexicano mayormente reconocido como el autor de Operación Bolivar y mentor en diversos de ilustración y creación de cómics, publicó en FB un texto en el que celebraba la coincidencia y hacía mención a que podía tratarse del primer paso hacia un ambiente de colaboración entre los eventos, y aunque hace la aclaración de que algo así se antoja complicado, me llamó la atención la gran cantidad de comentarios a favor de la idea.

Bob Camp visitará las dos grandes convenciones de México.

Y todo esto me provocó reacciones encontradas.

Primero, por el tema de la colaboración. La competencia es buena para cualquier negocio, pues genera competitividad y evita que cualquiera caiga en una zona de confort y se vuelva complaciente. La necesidad de mantenerse vigente, de realizar innovaciones u ofrecer el mejor servicio posible ayuda, en este caso, a que los eventos mejoren, buscando superarse tanto a sí mismos como a su competencia. Y con esto no quiero decir que deban convertirse en enemigos, porque si bien la competencia puede verse como una rivalidad, esto no implica que haya enfrentamientos y desencuentros a la menor provocación.

Pero lo de colaborar puede ser un arma de dos filos. Por una parte, en el caso de los autores que cobran por su visita, el interés de dos eventos puede llevar a que se incremente el costo de traerlos, y el resultado sería elevar los precios al público para amortizar la inversión realizada, así que sería bueno alcanzar acuerdos antes de meterse en una puja para ofrecer más por la visita de algún autor en particular o, de forma más interna, evitar traer en eventos consecutivos a los mismos autores.

Por otro lado, una colaboración muy estrecha entre eventos podría llevar a otra clase de situaciones igualmente problemáticas. ¿Qué pasaría si se pusieran de acuerdo para fijar precios? Olvídense de oferta y demanda, pues tendríamos un caso en que la sopa tiene un precio fijo sin importar los ingredientes y presentación, donde sólo habría dos sopas, ambas ofrecidas por el consejo supremo de los nazis de la sopa, y si no estás de acuerdo, no hay sopa para ti.

En los últimos años ha sido vertiginoso el crecimiento de las convenciones de cómics en México.

Y en el supuesto que plantea Clement de poder repartir gastos para traer invitados, se trata de una situación muy poco realista. En el caso particular de La Mole y Conque, y con el ejemplo concreto de Bob Clamp, estamos hablando de casi dos meses de diferencia, y pagar el hospedaje de 50 días parece bastante más caro que simplemente pagarle otro vuelo redondo. Tal vez sería viable hacer algo así involucrando a una o más instituciones culturales o educativas y preparar seminarios, clínicas y talleres que hicieran viable su prolongada estancia en nuestro país.

Ya un supuesto más grande, como el planteado maratón Mole – Conque – Pixelatl, estaríamos hablando de siete meses, y más allá de pensar en los costos que podría tener la idea de mantener a un autor o artista en un circuito de eventos en México, habría que considerar que algunos de ellos tienen obligaciones laborales que no siempre pueden cumplirse a la distancia o sin algunos elementos y materiales de trabajo. Sin duda habrá casos de profesionales freelance que no tendrían mayor problema en trabajar desde aquí, o algunos más que estén retirados o semi-retirados y puedan realizar los ajustes necesarios, pero no deja de ser una proposición sumamente complicada.

Así que, por lo pronto, creo que debemos estar contentos con ver cómo se desarrollan y crecen ambos eventos en este nuevo clima de comletencia en el que seguro habrá sorpresas y ajustes. A fin de cuentas, y como dije antes, la competencia es sana y puede ayudar al crecimiento del medio del entretenimiento comiquero en nuestro país, lo que siempre será bienvenido.