Crónica de Smash-Con

ENTRE CONVENCIONES TE VEAS

En 2011 asistí a la Comic-Con México, un evento realizado en el WTC de la capital del país que se dio el lujo de traer a Temuera Morrison que entonces promocionaba Green Lantern; aquella convención no hizo todo bien, pero recuerdo que a pesar de las quejas que leía en mi Facebook (en aquel entonces predominantemente con fans de la cultura oriental), pensé que el evento era el camino a algo bueno

Años después, La Mole Comic-Con se mudó al WTC y, aunque de inicio se realizaba sólo en el primer piso del centro de convenciones, de esa semilla germinó un gran potencial. Escritores, cosplayers y varias personalidades internacionales le dieron color a un evento que empezaba a crecer.

Quizá el principal éxito de este tipo de convenciones es precisamente lo que provocó el enojo entre la fanaticada de manga y animé. Estos eventos claramente tenían un espíritu distinto a las expos de anime que ya entonces predominaban y se habían hecho de un target importante.

Todo este flashback sirve a un propósito mientras examino mi breve experiencia en SmashCon.

Pasillos vacíos, tiendas llenas en la Smash Con

IDENTIDAD PERDIDA

La convención de Televisa tiene cosas buenas y malas, como todo. Empecemos con lo positivo:

Tiene un montón de producción, hay bastante dinero atrás. Las impresiones que adornan el sitio por dentro son harto lindas, el escenario principal tiene un juego de luces del que no se quejaría ningún interprete musical de gama media-alta, el espacio amplio está lleno de TPBs y cómics de grapa, y hay amables personas atendiendo cada esquina.

Pero hay un inmenso vacío en el sitio: virtualmente no hay publicidad externa que te ayude a dar con la ubicación precisa, la distinción entre mesas de producto Smash podría ser un poquito mejor y la identidad del evento no ha sido cuadrada a tope, aunque bien es cierto que gracias al talento de un buen animador y a la energía de un grupo de baile el lugar se mantenía prendidos

Pero sí quiero ahondar en el tema de la identidad. Aún si la diferencia entre oriente y occidente es una línea en la arena que muchos de nosotros cruzamos diariamente, la mezcla de música de Corea y openings de animé con libros y figuras predominantemente occidentales no podía dejar de sonarme a un mismatch en la concepción del evento.

Música coreana para el alma

¡SMASH!

Smash-Con es un evento al que le falta un poco de diversidad de artículos más allá de los cómics, aunque había un stand de figuras y playeras y una esquina bien surtida de Funkos.

Quizá la siguiente edición, si existe, sea más allá de este rompecabezas pulcro extrañamente armado, pero hoy es una pequeña esquina del Palacio de los Deportes con más personal operativo que visitantes que no podía dejar de sentirse como algo muy parecido a aquella Comic Con México del 2011 en la que quise tener fe aún cuando miembros vocales de un Facebook con una identidad distinta enloquecían.

No es una foto desenfocada. Es una obra de arte que desnuda la esencia del evento.