Historias para no dormir en los tiempos de Facebook

Opiniones Enanas

No creo en lo sobrenatural. Para nada creo que exista lo paranormal, y no es por falta de “experiencias”, ya sea escuchar con claridad que susurran mi nombre, ver la sombra de una persona caminando por un balcón vacío proyectada en una pared, encontrar en la calle a una persona que no pudo haber estado ahí (doppleganger), escuchar cómo se mueven los objetos o verlos salir disparados en trayectorias que sugieren que alguien los lanzó, ver luces extrañas en el cielo, etcétera.

He vivido casi todos los tipos de experiencia sobrenatural que una persona común puede vivir. Y sin embargo, es muy raro que mi mente diga “uy no ma, esto fue algo sobrenatural”. Incluso en aquellos casos que llenaron mi mente de olas de terror, el del susurro por ejemplo, me convirtió en Usain Bolt e hice un sprint de mi cuarto a la sala de mi casa, incluso ahí, con la mente asustada al máximo, siempre busqué una explicación racional y si no la tengo, simplemente me digo “seguro la hay, sólo que yo no la sé”.

En ese caso en específico, por ejemplo, la solución es simple: Una alucinación auditiva, mucho más común de lo que nos gustaría creer. Ósea que, soy lo que muchos dirían un “escéptico recalcitrante”.

Aun así, o tal vez justo por eso, las historias de temática sobrenatural son mi subgénero favorito de terror. Aunque rara vez me produzcan miedo y me interesen más por sus conceptos que por su habilidad para asustarme, el género sobrenatural siempre ha sido uno de mis consentidos.

EL TERROR SOBRENATURAL

La mass media nunca ha dejado de entregarnos productos de temática SOBRENATURAL. Estamos inundados de obras sobre cosas paranormales, ya sea como productos de terror o como cualquier otra cosa. Desde historias que intentan re-terrorificar a viejos monstruos (Let the right one in) hasta las que abrazan el hecho de que hace mucho que nos dejaron de dar miedo (What we do in the shadows).

Aquí tenemos que hacer la distinción entre productos que manejan la temática sobrenatural y productos de TERROR que manejan la temática sobrenatural. Los primeros están muy sanos y pujantes y por muy obsesionados que estemos con el tema (un saludo al compañero C.M. Pepper de La Covacha) nunca nos daremos abasto. Los segundos… los productos de TERROR sobrenatural… esos… bueno.

La mayor parte de la mass media de terror sobrenatural está inmersa en una epidemia de Jump Scares. Pareciera que la era digital nos ha despojado de todo tipo de monstruos al sobreexplotarlos y por ende sobreanalizarlos. Pareciera que las tropes de terror que tanto nos gustaban están muriendo por culpa de la tecnología y lo único que los artistas pueden hacer es meter jump scares y gore barato.

Pareciera que en el siglo XXI ya hemos explicado todo lo terrorífico, lo hemos domesticado, ya lo controlamos casi todo. Pero no es así. La realidad aún puede ser puesta en duda. De hecho, los únicos “monstruos” que aún gozan de cierta vigencia terrorífica son aquellos de carácter espiritual o transdimencional: fantasmas, IT, demonios. Y esto se debe a que “el terror sobrenatural” tiene que evadir cualquier tipo de explicación a priori. Tiene que llevarnos a dudar.

Al final esa es la gracia del terror sobrenatural, hacernos dudar de la realidad a nuestro alrededor, señalarnos que no comprendemos el mundo que nos rodea, y que las “leyes” y “reglas” naturales que escribimos en los libros no son más que interpretaciones, afuera hay un universo más grande que es completamente indiferente a la realidad humana.

Gasparín buscando amigos.

PROBLEMAS DEL SIGLO XXI

En el libro In The Dust of this planet, el autor, Eugene Thacker plantea la tesis de que lo “sobrenatural” en el siglo XX y XXI deberá seguir los pasos de H.P. Lovecraft. Ese terror que pone en duda la realidad misma y, por diseño, se niega a dar ninguna explicación recordándonos que el ser humano no ha dejado de ser un pequeño animal en un universo mucho más grande que apenas hemos comenzado a explorar y definitivamente no entendemos.

Ahí es donde nuestra mass media entra en conflicto, porque es producto de la misma cultura occidental en la que estamos envueltos y, como los antiguos griegos, es una cultura que busca saber (no necesariamente saber lo correcto, lo objetivo o factual, pero quiere saber).

No nos gusta mucho la idea de la ignorancia como un acto creativo-artístico, y por lo mismo, nuestro terror sobrenatural siempre tiende a querer sobre explicar las cosas. Incluso cuando el creador logra presentarle al público un producto bien hecho, con su necesario nivel de ambigüedad y misterio, una secuela siempre echará por tierra todo el esfuerzo. Le pasó a El Exorcista, a Ringu, le pasará a El Conjuro. Es tan inevitable como un político corrupto.

Próximamente: El terror que viene de las profundidades 2 – Ahora es personal.

Otro gran problema para el subgénero, es que este funciona mejor en historias auto-contenidas, cuentos cortos para la novela, capítulos de media hora, cómics de veintitantas páginas, pero por desgracia, todas las industrias del entretenimiento tienden a tener un estándar mucho de productos de mayor duración o tamaño, novelas de más de 300 páginas, películas de dos horas, o cómics de más 100 números.

En el siglo XXI le añadimos un problema más… lo transmedia. Ya ningún producto puede pararse por sí solo, ahora tiene que ser parte de una red de obras más amplia, una franquicia, un universo expandido. Y si la obra no es parte de eso, la prensa y los fans se encargarán de forzarlo, generando datos alternos sobre la historia, ya sea en entrevistas o páginas de Wikipedia.

Otro problema, aunque este no es único al subgénero, es que, en estos momentos es considerado un sub-género menor, entonces muchos de sus creadores optan por el mínimo esfuerzo y rara vez los autores hacen uso de sus respectivos medios de forma eficaz. Sólo los grandes cineastas combinan imágenes potentes con un buen uso del sonido y de la cámara.

Rara vez los directores de animación o los artistas de cómic se permiten jugar con la yuxtaposición entre imágenes estéticamente placenteras e imágenes estéticamente incomodas o grotescas. Los videojuegos rara vez explotan esa característica única de su medio, de permitirle al espectador estar completamente solo en un escenario, con nada más que su avatar (o el personaje jugable) y la ambientación, (los primeros Residend Evil).

¿Esto quiere decir que el mundo moderno está condenado a ver morir el subgénero? Al contrario, las historias de terror sobrenatural no sólo están más vivas que nunca… hay un medio en donde disfrutar historias de terror es sinónimo de irte a dormir con la luz encendida.

Ay, monstruos.

LAS CREEPYPASTAS

No conozco a nadie, por muy valiente que sea, que no tenga una creepy pasta que le haya causado ir a checar sus puertas y ventanas, ver bajo su cama, o decidir que las 3 de la mañana aún es muy temprano para apagar la luz y dormir.

Para los novatos, el término creepy pasta es una deformación de copy-pasta, que es una forma de referirse a los textos que son copiados y pegados en los foros y se reproducen de forma memética (copy-paste, pues) y todas las personas que utilizan el internet se han encontrado con una.

Me gustan las creepy-pastas porque reproducen esa idea de “una historia que le pasó al amigo de un amigo”, ya saben, las cosas que nos contamos en reuniones sociales y familiares, con la ventaja de que, al ser ESCRITAS, podemos darle nosotros mismos la cadencia que requerimos para que funcionen (hay gente que por muy buena que sea su historia, la mata su ritmo o tono de voz).

No importa lo estúpida que suene, o lo OBVIO que se vea que es inventada para convertirse en una historia más larga y vender un libro (hay varias que han seguido este camino), funcionan mientras sigan el formato de “soy un humano en internet contándote una anécdota”. Ya cuando comienzan a seguir una estructura más de cuento empiezan a perder el chiste, por lo menos para mí.

¿Por qué tan serio?

Otra cosa curiosa que me pasa con las creepy pastas: aquí sí acepto historias de asesinos y/o crímenes reales como “terror sobrenatural”, por alguna razón este formato de “Le temes a la oscuridad” hace que, para mi mente, incluso una historia que sé que es real, se vuelva algo con aire sobrenatural.

Ejemplo. ¿Recuerdan la historia de una muchacha que fue asesinada en un hotel de Los Ángeles? Aquella en la que los inquilinos del hotel pasaron varios días bañándose con agua negra (esos gringos y sus incapacidades de HERVIR el agua sí están de terror). Bueno, la historia es real, y la última vez que chequé el asesinato seguía sin resolverse. Pero por la red se rolan detalles de lo poco que se sabe del asunto, y uno de esos detalles es que, una cámara del hotel muestra a la muchacha entrando por última vez al elevador, claramente asustada y viendo hacia afuera, como si alguien la estuviera persiguiendo.

Obviamente es una historia triste de una joven asesinada. Pero el formato de la creepy-pasta no me deja de hacer sentir que hubo algo más “raro”, menos mundano en el asunto.

También ayuda mucho que este tipo de historias donde lo real se ve aderezado con lo sobrenatural son mis favoritas. Aquellas donde todo es normal, aunque sea un poco lúgubre, salvo EL COMPORTAMIENTO DE UNA PERSONA. Smiling man, Pasa algo extraño con mi mujer y Fui guardia de la reina, son buenos ejemplos. Las últimas dos, se expanden hasta convertirse en historias más largas, cuentos o novelas para que sus autores saquen dinero. Pero las primeras partes, las que fueron escritas en foros, son muy buenas.

En el rango más sobrenatural, la de “amigos imaginarios” son otra vieja confiable. Historias donde un niño inocente empieza a hablar de un amigo imaginario sólo para descubrir que algún tío/abuelo/hermana mayor también lo veía.

O, volviendo a las historias reales… aquellas donde alguien descubre que un extraño (generalmente un homeless) ha estado viviendo en su casa o departamento… esas nunca fallan en hacerme ir a checar mis puertas.

En fin, que ya viene Halloween, ya es octubre, las noches se alargan y llegó el momento de hablar de cosas de miedo. Y también llegó la hora de encumbrar la creepy pasta como lo que es, la mejor forma de compartir historias de terror sobrenatural.

Cuéntaselo a quien más confianza le tengas.