La censura en los tiempos de Snapchat

Opiniones Enanas

Cuando se estrenó la primera temporada de 13 Reasons Why saltaron muchas críticas, especialmente por parte de organismos que se dedican a combatir el suicidio adolescente, respecto a la forma en que la serie representa el suicidio.

Y, como siempre, este tipo de críticas fueron recibidas con una actitud de apertura intelectual, se habló del “Efecto Wertham” y eeehjajajaja, just kiding, enseguida salieron a decir “¡ay ‘nches SJW Millenial Snowflakes de todo se quejan!”, y, como no, sacaron la carta de “¿Se acuerdan en los 90 cuando nos querían quitar nuestros Nintendos/Jevimetal?”, y pues…

Miren niños, especialmente aquellos a los que nos tocó las “guerras de la censura noventera”, es momento de aceptar la dura realidad: Nadie nos iba a quitar a nuestros Marilyn Mansons o nuestros Mortal Kombats. Sí, sí, en los noticieros se hablaba mucho sobre agrupaciones que querían legislar en contra de los videojuegos o de los programas de televisión que se consideraban “nocivos” para la infancia… pero no porque realmente hubiera algún peligro de que LA CENSURA nos fuera a dejar sin nuestros fatalities.

EL MITO DE LA CENSURA EN LOS 90

La razón por la que en los 90 se hablaba tanto de la regulación es la misma por la que hoy todos los periódicos dedican varias notas al día a los mames en redes sociales: El mame vende, y los periódicos, noticieros y demás medios informativos tienen como principal función vender.

En todas esas historias noventeras de cómo Marilyn Manson, South Park, Mortal Kombat, Eminem, etcétera, tenían hordas de padres y madres rabiosos buscando que las televisoras, radiodifusoras y supermercados sacaran de su catálogo tremendos hits de ventas eran, en el mejor de los casos, exageraciones. Pero, tristemente, en muchos de ellos realmente eran estrategias publicitarias de la misma gente detrás de esos productos.

Por ejemplo, para las secuelas de Mortal Kombat, para hacerse publicidad la empresa se colgaba de todo el hate contra el juego y de todos los padres preocupados por la violencia. Algo que ha repercutido al día de hoy con un Mortal Kombat 11 que parece no entender que “los fatalities” en la era de Saw o The Purge ya no son kiewl.

No digo que no existieran políticos intentando censurar este tipo de productos, pero la industria del entretenimiento estaba muy sana como para que pudiera ser detenida por gente quejándose. Ya saben, si tienes la capacidad de pagar un abogado, no hay nada que “la gente de a pie” te pueda hacer. Porque ese es otro problema de interpretación. Lo siento ñoños, pero esos productos no son los “underdog” en un mundo cruel… son superventas, son los top dogs respaldados por sendas empresas capitalistas.

La censura contra Marilyn Manson era tan fuerte que para ver este video sólo tenías que prender la tele.

REVOLUCIÓN DE A PESO

Neil Gaiman repite mucho una historia de cómo, durante los 90, el grupo llamado “The Million Moms” andaba detrás de algunos cómics publicados por la línea Vertigo. El escritor cuenta cuenta la anécdota como si haber seguido publicando dichos cómics constituyera un gran logro en la lucha contra LA CENSURA, pero si prestamos atención, lo único que narra es que un montón de mamás se quejaron, a nadie en la industria editorial le quitó el sueño, y tienen 20 años presumiéndolo como si fueran el Ché Guevara luchando en Bolivia.

Es momento de que los niños de los 90 aceptemos que nuestra idea de las “hordas censuradoras” fueron un invento de Relaciones Públicas de varios productos como Marilyn Manson, Mortal Kombat y South Park, para vendernos la idea de que consumir acríticamente lo que ellos vendían nos diferenciaba de todos esos consumidores acríticos.

Es momento de aceptar que Quentin Tarantino y compañía son parte del Status Quo. No son luchadores indie en las periferias de la industria, son sendas vacas sagradas que se cuelgan de que hace 20 años fueron indies y rebeldes para que hoy nadie los pueda criticar. Si no me creen, intenten preguntarle a Tarantino por qué la actriz que anda paseando en Cannes como si su personaje fuera super relevante tiene tan poco tiempo en pantalla, a ver si el indie rebelde no se enoja.

No, la opinión publica nunca ha estado a punto de quitarnos nuestro entretenimiento, no después en los 90. Sí hubo un momento en que la conjunción de una crisis de mercado y un mal RRPP pudieron afectar a las industrias, pero “la gente” jamás ha tenido esa clase de poder.

Nadie le gana a Sub-Zero.

LOS GUARDIANES DE LA MORALIDAD

El único momento en el que la industria de los “Nintendos” estuvo en crisis fue en los 80, cuando la mayoría de nosotros no había nacido, cuando el Atari no supo venderse a los padres de familia y las maquinitas eran vistas como la única forma de mercadear juegos de video.

Esa fue la razón por la que los videojuegos se vieron afectados por el “Satanic panic” de esa década, no porque realmente el pánico a las fake news sobre satanismo afectara las ventas, sino porque las ventas y el RRPP estaban en el suelo, y en nada ayudaba que los padres ADEMÁS temieran que su hijo iba a conocer a Satanás en las luces de Pac-Man.

Es cierto que hubo un momento en el que las caricaturas estaban muy escudriñadas para ver que los mensajes que dieran no fueran nocivos para la infancia. Durante la era de Ronald Reagan, que le permitió a las productoras convertir comerciales de juguetes en series de animación, diversas instituciones vigilaban que dichas caricaturas dieran un “buen mensaje”, por eso es que He-Man porta una espada pero nunca se la clava a nadie, por eso es que en las caricaturas americanas nadie usaba pistolas con balas, si no algún artilugio de rayos láser, y ese tipo de restricciones.

Pero incluso en esa época donde había “guardianes de la moral” causándole dolores de cabeza a los creadores, había formas de pasarse las reglas por el arco del triunfo. Por eso la TV por cable se volvió tan popular en esos años, porque ahí podían tener mucha más libertad. Esa fue la razón por la que el anime y el manga comenzaron a llegar a occidente, porque eran una respuesta al extremo edulcoramiento de la animación americana.

Cuando tienes el poder, pero no puedes estar con ella.

LA CENSURA QUE SE NOS VIENE

La triste realidad es que la industria del entretenimiento rara vez toma en cuenta la opinión de sus consumidores o sus críticos, la única forma de “dañarla” es dejando de consumir, y los únicos casos reales de CENSURA (la lista negra de la cacería comunista) involucran gente mucho más poderosas que simples civiles, e irónicamente los “simples civiles” ni se enteraban que sus actores favoritos dejaban de aparecer en pantalla porque el líder del sindicato actoral (y futuro presidente de Estados Unidos) los ponía en “la lista negra” y ninguna productora debía darles trabajo.

No niños, ninguna crítica ha logrado dañar nunca a ningún programa o producto popular. El poder reside por completo en sus creadores, o los productores o dueños de las empresas que los crean, o en los accionistas que dan el dinero. Por eso en casos como el de James Gunn, la gente critica a DISNEY y no a la hate mob de Cernovich, a pesar de que son un grupo despreciable. Porque la responsabilidad en este tipo de cosas nunca reside en “los consumidores”, reside en los creadores o los dueños de los derechos. Ellos son los que tienen la última palabra.

Por eso al final terminaron reculando, y ahora esos mismos que creen que “las hordas censuradoras de SJW obligan a Los Simpson a no pasar a Apu nunca más” salen muy intelectuales, muy inteligentes, a decir que todo lo de Gunn fue un engaño por parte de la maquiavélica Disney. El único poder que tienen los consumidores es el de consumir o no consumir… y a veces ni eso. A ver, intenten no beber refresco durante un mes.

Si las criticas afectaran más allá de lo que los dueños de los productos perciben, Adam Sandler o Michael Bay ya no trabajarían en la industria. Que digo, Uwe Boll no habría podido hacer tantas películas. La gente de Game of Thrones no estaría a punto de hacer una trilogía de Star Wars para Disney. Televisa habría implotado hace años, dejando un terreno baldío donde ahora hay edificios baldíos de talento.

Al final, el verdadero problema con cosas como el mame de Apu, el enojo cuando alguien señala que 13 Reasons Why puede impactar de forma negativa en los suicidios adolecentes, o situaciones similares, es que deja ver lo ignorante que es el consumidor promedio con respecto a los productos que consume. Deja ver que cuando pedíamos que “se tome en serio a estos productos” como algo artístico o cultural, lo que pedíamos era validación de nuestros gustos, no una valoración sobre su calidad o impacto cultural.

Y es mucho peor desde el tercer mundo. En el primer mundo estos mames por lo menos sirven para que algún crítico cultural explique algún dato, histórico, social, sobre la producción de series o de juguetes. Aquí sólo tenemos a los idiotas de El Hyp3, a una vaca sagrada del cómic (o alguno de sus achichincles) o a un “influencer” diciendo una idiotez superficial que sus fans, aún mas estúpidos aplaudirán como si fuera una sesuda crítica.

Y duerman tranquilos, que nadie va a sacar del aire ni dejar de producir un producto que tiene éxito monetario sólo porque la gente se queje. Ni siquiera porque la gente se una para quejarse. Y no, nadie va a convencer a un político de ir en contra de industrias millonarias sólo para ganar votos. Como si los políticos respetaran a sus votantes, por favor.

¿Alguien quiere pensar en los millones de dólares que genera Rick & Morty?