La Mole vs. Comic Con México ¿De verdad gana el consumidor?

PREDICANDO PARA EL CORO

Uno de los temas que han acaparado la atención del medio comiquero nacional esta semana, al menos en redes sociales, es la inminente guerra comercial que se dará entre dos convenciones en la Ciudad de México, y quiero dedicarle algunas líneas a algunos detalles que pocos parecen tomar en cuenta.

Pero primero algunos antecedentes.

La Mole es un evento que se celebra en la Ciudad de México desde hace más de veinte años, pero que cambió para bien en 2012. A partir de ese año hubo una transformación gradual para convertirla en un evento de calidad mundial, con invitados internacionales, un Artists’ Alley que incluye a muchos de los mejores exponentes del medio nacional, y expositores y marcas de primerísimo nivel.

Con más de veinte años y más de cuarenta ediciones, La Mole es la convención de referencia en México.

Parte de esa transformación incluyó una mudanza gradual a las instalaciones del WTC, sin duda uno de los mejores centros de convenciones de la ciudad. Pero tras cinco años de una lucrativa relación comercial, La Mole tendrá que adaptarse a un nuevo lugar luego de que HIR, empresa operadora del Centro de Convenciones de WTC, decidió cerrarles las puertas de su recinto para realizar su propio evento con la misma temática y dirigido al mismo mercado: La Cómic Con México.

Aquí se pueden tomar dos posturas básicas al respecto. Una, asumir que esto es normal en una economía de libre mercado donde la competencia es no solo esperada, sino bienvenida, y la otra, verlo como una muestra de envidia y competencia desleal. Y, a mi juicio, la verdad cae en un punto entre ambas posturas, que en algunos aspectos se inclina más hacia un lado que al otro.

Sí, la competencia es sana y en condiciones ideales el ganador es el consumidor, en este caso el público asistente a esta clase de eventos. Un ambiente de sana competencia puede llevar a una lucha por superar no sólo al rival comercial, sino también las expectativas de uno mismo. Bajo esa perspectiva, la aparición de un nuevo protagonista en el medio debiera entenderse como algo positivo.

Pero…

Es imposible no ver la forma en que se han ido presentando los hechos y asumir que existe cierta carga de dolo en las acciones de los organizadores de Comic Con México.

Primero, anunciaron su existencia con un comunicado de prensa que causó confusión por la mañosa forma en que fue redactado, pues pareciera que su intención hubiera sido generar la impresión de que se trataba de un evento organizado por la empresa responsable de la San Diego Comic Con International, sin duda el evento de cómics y cultura pop más grande y famoso del mundo. Ese mismo comunicado anunciaba fechas del 21 al 24 de marzo de 2019, con el Pepsi Center, recinto adjunto al WTC, como sede.

El dolosamente mal redactado comunicado de prensa desapareció del sitio web de Cómic Con México.

La empresa tras la organización de La Mole no pudo siquiera manifestarse al respecto, pues el anuncio se dio a pocas semanas de la realización de su otro evento, la Unboxing Toy Convention, en las instalaciones del WTC, así que cualquier pronunciamiento sobre el tema hubiese podido causar fricciones aún mayores en una relación comercial que, a pesar de todo, seguía vigente.

Una vez realizada la UTC, La Mole finalmente emitió un par de comunicados en días consecutivos la semana pasada, uno para exponer lo que consideran fue una maniobra desleal de su antiguo asociado y ahora competidor, y el otro anunciando su nueva sede, el Centro CitiBanamex, y sus fechas oficiales para el próximo año, siendo el fin de semana elegido el del 15 al 17 de marzo. Ahora sí, todo parecía listo para ver una competencia por la preferencia del público con dos eventos similares en fechas muy cercanas y en la misma ciudad.

Pero la respuesta de Comic Con México fue anunciar nuevas fechas, del 14 al 17 de marzo, y una sede que combinará las instalaciones del Centro de Convenciones de WTC con las del antes mencionado Pepsi Center. El comunicado de prensa original desapareció de su sitio, reemplazado por uno que, además de la fecha y sedes actualizadas, elimina toda mención de la SDCC, salvo una aclaración a pie de página que indica que no tienen relación alguna con dicho evento. Probablemente en los próximos meses la gente olvidará que alguna vez el comunicado parecía decir algo distinto.

Ahora, pudiera parecer que la idea de ambos eventos el mismo fin de semana podría llevar a una competencia aún más clara y sin ventajas para nadie, pero una vez más habría que cuestionar si el cambio de fechas fue una decisión meramente comercial, o sólo la maniobra más reciente en lo que a estas alturas parece una guerra declarada. Baste mencionar que la naturaleza impulsiva del cambio de fechas se hace evidente al ver que el sitio oficial de Cómic Con México, todavía muy escueto y con mínimo contenido, aún menciona las fechas originales en un par de actividades.

El ahora descartado logo de Comic Con México. No precisamente la mejor manera de presentarse en sociedad.

Y más allá de lo que cada quien decida creer o hacia donde se inclinen sus preferencias o simpatías, habría que detenerse un momento a pensar en las implicaciones que tendrá la realización de dos eventos de forma simultánea en la misma ciudad más allá del aparente atractivo para el público consumidor.

Comencemos con los expositores. ¿Cuantas empresas pueden permitirse invertir en el espacio, infraestructura y recursos que implica participar en dos eventos? La respuesta es más complicada de lo que parece. Las marcas suelen asignar un presupuesto para su participación en esta clase de eventos, que puede ser trimestral, semestral o anual, y bien podrían hacer ajustes para encajar dos de ellos en un mismo periodo.

Pero generalmente lo hacen con una infraestructura base, que incluye la estructura del stand, el mobiliario del mismo, la decoración, y los recursos humanos para montarlo y atenderlo. Es una práctica común ver que estas marcas usan el mismo stand en varios eventos a lo largo de los meses, con cambios menores, que casi siempre se dan en la decoración. En el caso de dos eventos consecutivos, lo único que deben hacer es mover esa infraestructura de una sede a otra para ser montada y decorada de la misma manera y atendida por el mismo personal.

Pero para poder atender dos eventos simultáneos, tienen que duplicar esa infraestructura. Necesitan construir otro stand y llenarlo de mobiliario, además de contratar personal adicional para poder operar ambos al mismo tiempo. Con esa información en mente, repito mi pregunta, con una precisión. ¿Cuantas empresas pueden permitirse invertir en el espacio, infraestructura y recursos que implica participar en dos eventos SIMULTÁNEOS?

¿Cómo harán los expositores para elegir en qué evento presentarse? Impensable estar en ambos.

Ahora trasladen ese mismo dilema a las tiendas de cómics y coleccionables. ¿Cuántas creen que puedan permitirse asistir a los dos eventos? ¿Y qué me dicen de los artistas y autores independientes que participan en el Artists’ Alley? De primera mano sé que autores de otras ciudades lo veían como una oportunidad, pues hacer el viaje a CDMX para participar en dos eventos de forma consecutivas sonaba como una propuesta más atractiva y rentable que hacerlo para uno solo. Pero ahora es una opción que ya no tienen.

Así que la idea de tener a dos eventos compitiendo por la preferencia del público en igualdad de condiciones no es tan simple como parece. En el peor de los casos, podría resultar en dos eventos que no puedan contar con todos los atractivos que uno pudiera desear ver juntos en un solo lugar, pues muchos expositores se verán en la disyuntiva de tener que elegir a uno u otro.

Por eso quiero dejar algo en claro. Soy partidario de la libre competencia, y creo que la existencia de más eventos puede ser importante para incentivar el crecimiento del medio. Pero en este caso me parece que no hubo la suficiente planeación detrás de la introducción de un nuevo protagonista en la arena comiquera, y que muchas de las decisiones detrás de esta nueva alternativa se dieron por las razones equivocadas y de una forma que puede traer más problemas que ventajas.

¿Qué pudieron hacer diferente? Muchas cosas. Desde iniciar sus operaciones en otra plaza, como pudieran ser las grandes ciudades como Guadalajara o Monterrey, o bien incentivar la descentralización al voltear a plazas emergentes, como pudieran ser Puebla o León. Gente de distintas ciudades se desplaza a la  Ciudad de México para asistir a La Mole, ¿por qué no darles la posibilidad de elegir entre visitar la capital o alguna otra plaza?

Otra alternativa hubiera sido elegir una fecha distinta. El segundo semestre del año tiene una marcada ausencia de eventos de cómic. ¿Por qué no llenar ese vacío? Si ya no habrá Mole en septiembre o noviembre, ¿por qué no usar esas fechas? O en verano, cuando el único evento similar se da en Monterrey. Así atenderían una necesidad del público cautivo de esta clase de eventos, y serían una auténtica muestra de libre competencia.

Sólo el tiempo dirá si tomaron la decisión correcta o cometieron un error. Lo que es un hecho es que ambos eventos tendrán que tener un desempeño sobresaliente en un área a la que no siempre se le da la importancia necesaria: la comunicación social. Y esto va desde el manejo de redes sociales hasta relaciones públicas y trato con la prensa, áreas que en el pasado han sido dolor de cabeza no sólo para estos dos eventos, sino para otros similares celebrados en otras, –coff, Conque, coff– plazas.

¿Ustedes qué opinan? ¿Será positiva la aparición de Cómic Con México? ¿Cuál será para ustedes el factor más importante para decidir entre asistir a una o la otra? ¿Creen que tendremos que pasar por un periodo de ajuste, o veremos al medio crecer o derrumbarse en una implosión? En verdad me encantaría conocer otras opiniones.