¡Viva El Santo, la leyenda de plata!

El 26 de abril de 1941, el luchador profesional Rodolfo Guzmán Huerta debutó en la Arena México con una nueva máscara, nuevo nombre, y del bando de los rudos. Ya antes había usado máscaras y sobrenombres en su carrera dentro del pancracio nacional, pero este nuevo personaje lo cambió todo, catapultándolo al estrellato y convirtiéndolo en leyenda. Ese sábado, México conoció a El Santo, el enmascarado de plata.

LA ARENA ESTABA DE BOTE EN BOTE

El Santo es todo un ícono de nuestro México mágico. Es un personaje transmedia con casi 50 películas en su filmografía, la última filmada en 1982 cuando el luchador tenía ya 65 años, y multitud de apariciones en otros medios como la televisión, los cómics y el teatro.

De los guiños, parodias y cameos ni hablar, el enmascarado de plata es una figura Larger than life, definitivamente a veces es difícil recordar que fue una persona real.

Símbolo de la invencibilidad, El Santo nunca perdió la máscara a pesar de haberla apostado casi 40 veces. Literalmente la portó hasta el día de su muerte, pues México conoció el rostro debajo de la capucha plateada en los programas especiales de su funeral.

MÁS QUE VIDA PROVINCIAL 

Como todo niño mexicano crecí con la lucha libre como un producto cultural. (aunque nunca fui muy fan y definitivamente no “me tocó” el Santo). Para mí los luchadores cool eran los inflados por Televisa: Octagón, Máscara Sagrada, Atlantis. Creo que sólo el Rayo de Jalisco se ganaba mi admiración dentro de los luchadores “clásicos”.

Además, mi experiencia con el pancracio nacional era más derivativa, no solía ver las luchas tanto como los productos derivados de ellas. Especialmente las máscaras y los juguetes, ¡Oh boy! Llegué a tener una colección de máscaras que mi pobre padre me conseguía en sus viajes al entonces Distrito Federal, desde Blue Demon hasta Pierrot. Incluso llegué a tener una del Santo, que más que plateada era blanca, pero tenía una cápita pegada, so there is that.

Y como toda papa de sillón consumí toda película de luchadores que los canales nacionales programaban. Desde las clásicas hasta las horrorosas películas de VideoCine, que creo fueron las que mataron el género. Si son afortunados de no saber a qué me refiero, sólo imaginen a Máscara Sagrada y Octagón montados en sus motos tipo choper, cruzando las carreteras mexicanas en una mala imitación de El Renegado.

Curiosamente no recuerdo haber visto ninguna película de El Santo. Seguro las vi pero no recuerdo ninguna. Recuerdo una de El Hijo del Santo, que trataba de como Junior tenía que aprender a ponerse la máscara de su padre. Pero del legendario luchador no recuerdo haber visto ninguno de sus films. Lo que me parece una blasfemia, por eso, en este mes patriotero, decidí arreglar este pecado original y sentarme a ver una cinta de el enmascarado de plata.

Máscara Sagrada tenía torzón mientras posaba para la ilustración

ME CONVIERTO EN MARCIANO

La película se llama El Santo, el enmascarado de plata contra la invasión de los marcianos, porque era 1966 y los títulos larguísimos aún estaban de moda, o algo.

Dirigida por Alfredo B. Crevenna y protagonizada por Rodolfo Guzmán como El Santo (duh), la cinta está llena de una plétora de otros luchadores y algunas modelos (y seguro algún actor también). Me llama la atención la presencia de la noruega Eva Norvind, la italiana Maura Monti y el lituano Wolf Ruvinskis. Eran películas cosmopolitas sin duda.

La cinta inicia con una nave espacial que parece más bien una olla de cocina, en la que viajan un montón de hombres y mujeres semi-desnudos con ropas de telas metalizadas. Son marcianos y vienen a poner un ultimátum a la humanidad para que deje de crear armas nucleares y viva en paz y armonía. Por alguna extraña razón deciden empezar en México (la excusa perfecta para explicar por qué los marcianos vienen hablando español).

Aparte de tecnología que parecen artilugio de la cocina de nuestras abuelas, ropa metalizada a-go-go y palancas de autodestrucción, los marcianos cargan un arma llamada “El Ojo Astral” que les permite desaparecer a la gente cual Guantelete Infinito y un cinturón que les permite teletransportarse. ¡Ah!, y “píldoras para respirar en la atmosfera de la Tierra” (no salga de casa sin ellas).

Las marcianas juegan a las escondidas con el Santo

La narración es un poco caótica aunque la trama es sencilla (extraterrestres invaden la Tierra, el héroe los enfrenta, fin). La historia da un montón de vueltas y el plan de los marcianos cambia a cada rato.

Tras el primer y fortuito enfrentamiento con El Santo, los marcianos deciden mejor empezar a raptar gente (una muestra proporcional de la sociedad mexicana, o por lo menos lo que la película nos quiere mostrar de la sociedad mexicana, una clase media cosmopolita). Después deciden que NECESITAN vencer al Santo en combate singular, lo que nos lleva a la clásica “pelea central” que todas las cintas de luchadores deben tener.

En este caso es una lucha Máscara contra Máscara entre El Santo y Águila Negra (quien es en realidad un marciano disfrazado). Técnicamente la leyenda plateada pierde la pelea y hace trampa, pues pierde la máscara pero como trae otra debajo, no importa que se la quite “Hércules” (nombre del marciano fingiendo ser Águila Negra). Además, el contrincante es un extraterrestre invasor, así que pues no cuenta.

Después de esto, la cinta se desvía en una subtrama que a todas luces sólo existe para presumir a las actrices que lograron contratar. Hay una escena que parece ser un sueño o una ilusión, donde dos marcianas “desenmascaran” al Santo en algo que raya en el erotismo soft-porn), y hay otra de cabaret con rockabilly… El mundo pre-internet era muy raro oie.

Al final (por fin) El Santo va a la nave de los marcianos a rescatar a todos los que fueron raptados. El luchador aplica la palanca de autodestrucción de la nave (pero qué ingeniería tan rara), pues teme que la humanidad no está lista para hacerse con tecnología tan avanzada.

Y final feliz… excepto para la gente que fue desaparecida por los marcianos, que esto no es el MCU y al final no los regresaron.

Cuando te atrapan robándote unos Bubulubus

MÁS ALLÁ DE LA MÁSCARA

La película es aburridísima, los efectos especiales son horribles, parece un mal capítulo de Batman ’66, Las actuaciones son… bueno, se nota que son luchadores y modelos. El guión parece escrito a cuatro manos sin que hubiera comunicación entre ellas… en fin, no la recomiendo. Excepto como una mirada al “heroísmo” según México.

La comparación con Batman ’66 no es gratuita, la cinta tiene mucho esa vibra sesentera, de ese mundo que apenas se daba cuenta que la post-guerra iba para largo.

A diferencia de Batman, esta película no es una parodia de la ideología… pero sí es una crítica. Después de todo, los villanos de la cinta quieren la paz mundial… pero la quieren IMPONER y la cinta es muy tajante en ese sentido: “Los métodos que usan para imponer la paz son criminales” llega a decir alguien, es una crítica nada sutil al imperialismo de la Guerra Fría.

Los marcianos llegaron ya, y llegaron todos fitness

Por otro lado, es raro ver una cinta que presenta un México cosmopolita pero no del todo aspiracionista, en esa pequeña ventana de tiempo en el que parecía que México podía ser primer mundo sin ser una mala imitación de la clase media globalizada.

La cinta nos intenta mostrar a una sociedad mexicana clasemediera con dos escenas de una familia viendo la TV (una película de charros y una película de vaqueros), unos bares “barriobajeros” que son más fresas que muchos bares fresas de hoy, y mucha iconografía cristiana (los raptados en determinado momento inician una plegaria, dirigidos por un cura que parece que sólo sale en la película para eso y para poner caras cuando los marcianos le pegan al Santo). Es el México del milagro mexicano.

Pero lo que más me llama la atención es la filosofía de El Santo, que queda muy clara porque literalmente la dice en su primera escena: La violencia sólo cuando es necesaria, y sólo de forma defensiva. Esto no le impide asfixiar marcianos.

La niña no tarda en ir por la pipa para su venerado padre

MÁSCARAS Y CAPAS

Al final la mayor parte del heroísmo de El Santo viene por su habilidad física. Como ya dije, no soy fan de las luchas, así que soy un ignorantazo al respecto, pero algo que sí me gusto fue ver luchar al enmascarado de plata. Tal vez sea mi ignorancia, tal vez sea el halo de figura mítica, pero las escenas de lucha son muy buenas, y se ve que el señor Guzmán era ducho en su oficio.

Además, es muy interesante ver luchas que dependen más en agarres, llaves y movimientos, que en patadas y puñetazos. Alguien debería tratar de “modernizar” el género o algo.

Tras ver la película me queda la idea de que entiendo por qué El Santo es lo más cercano a un héroe nacional. Nació con el milagro mexicano, es una historia de “rag to riches” porque, al igual que la propia vida de Rodolfo Guzmán, quien saliera de la pobreza para convertirse en una de las más grandes leyendas de México, así el propio género de la Lucha Libre que el ayudó a engrandecer pasó de ser un género “populachero para pelados” a un pilar sumamente respetado por intelectuales y artistas de la talla de Carlos Monsiváis o Felipe Ehrenberg.

Y la evolución de la leyenda no cesa, hoy hasta es una marca de ropa. Igual que el Ché Guevara, El Santo vive como imágenes en camisetas y productos de consumo. Repito, a veces es muy fácil olvidar que fue una persona real.

Ojalá algún día Guillermo Del Toro pueda hacer una película al respecto.

La tecnología marciana es impresionante

Imagen de portada de Adolfo Martínez publicada en el especial Santo de mi devoción realizado por la revista Comikaze.