¿Videojuegos? ¿en serio? ¡Ni que fueran un libro!

En 1972 Atari logró su primer éxito comercial con el icónico Pong. A partir de ese momento se popularizó entre los padres de familia la muy escuchada frase: “deberías dejar tu jueguito y salir a hacer ejercicio”, pero para sorpresa de los padres y decepción de los hijos obedientes, en muy poco tiempo los videojuegos pasaron de ser una simple distracción a convertirse en una muy compleja y remunerable forma de entretenimiento.

En su definición más básica el videojuego es un “juego electrónico que se visualiza por medio de una pantalla”, mientras que en la más compleja se le considera “arte”. Aunque las dos descripciones son debatibles, ambas sirven como parámetros para empezar a comprender este joven medio. Pero, ¿qué hay que entender?

Si hay algo que necesitamos saber es que los videojuegos, además de entretenidos, pueden ser un medio de expresión y como tal causan emociones en las personas e incluso pueden modificar su percepción de la vida, el mundo y todo lo que les rodea. Nada muy distinto al efecto que logran medios como la pintura, el cine o la literatura, también conocidos como “bellas artes”. ¿Y por qué ahora y no antes? Fácil: porque es ahora que los videojuegos han llegado a ser considerados deporte y arte.

Desde 2012, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York tiene en exhibición una colección de videojuegos.

Aquí es donde los lectores más conservadores seguramente ya lanzaron este artículo a la basura, tanto por el shock de leer que “los videojuegos son deporte y arte” como por la repentina caída de sus monóculos de lectura. Sin embargo, los lectores más liberales habrán levantado una ceja y sentirán curiosidad de saber si esta premisa es verdadera o sólo una aseveración pretenciosa. A ellos les puedo asegurar que sí, es cierto, los videojuegos son arte.

¿Cuán artísticos? El mérito artístico no puede cuantificarse, pero si sirve de referencia, lo suficiente como para llenar varias salas del MoMA de Nueva York. ¿Con qué méritos? Varían en casi todas las áreas de las bellas artes. Quizá los lectores más inquietos ya se habrán adelantado y están googleando “los 10 videojuegos más artísticos” o “top 10 videojuegos de e-sports”, o bien, si gustan de leer por horas, “top 10 juegos de rol mejor escritos”.

El camino que llevó a los videojuegos de entretenimiento familiar a competencias deportivas internacionales es una historia llena de innovación, tenacidad, determinación, arduo entrenamiento y el deseo inherente de todo deportista de ser el mejor. Una historia tan grande que no podría cubrirse en este texto y por tanto ignoraremos, aunque básicamente es el resultado de las competencias de Dig Dug en las máquinas de arcade de los 80 llevadas al extremo, con más competidores y muchísimos más espectadores que cuando sólo eran los jóvenes del barrio.

Los e-sports han revolucionado la idea de jugar como una actividad lucrativa.

Y, por si se lo preguntan, se paga bastante bien por ser un profesional en sentarse a jugar por horas, tanto así que algunos padres rebeldes han empezado a usar la novedosa frase “deberías dejar de salir y jugar más nintendos”.

Pero hablábamos de los “méritos artísticos” de los videojuegos. Desde la era de los 8-bits el público ha encontrado belleza en estos mundos animados y hoy en día, cuando los gráficos en HD, 4K, 60fps se han vuelto la norma, muchos juegos demuestran una belleza pictórica digna del realismo y el impresionismo de los siglos XVII al XX. Para comprobar cuán pictórico, háganse el favor de jugar Okami. Aunque claro, hay para todos los gustos: si desea el sanguinario y cruel realismo, juegue Doom.

En cuanto a la música, no podría hacerle justicia sólo con palabras, ya que en varios casos ésta trasciende al juego e inspira a orquestas de todo el mundo a tocar en vivo por horas para cientos de fans (para más referencias pregunte a su amigo que fue al concierto sinfónico de Zelda el año pasado).

La música es una parte esencial (y muy apreciada) de los videojuegos.

El punto es que los videojuegos se ven bien, se oyen bien y, según mi sobrino de preescolar, saben bien- Y sí, eso es suficiente para convencer a muchos, pero quizá no a un lector, así que para cerrar este texto quise dejar la categoría artística más complicada, la más enriquecedora y la que puede convertir a un simple juego en un clásico instantáneo, y con ella deseo convencerlos de empezar a jugar. Hablo de la narrativa, la parte literaria del juego.

En sus inicios, los videojuegos trataban de emular a juegos comunes y conocidos, como el tenis o el ajedrez, pero rápidamente se abrieron paso a tratar de contar historias, principalmente fantásticas, inspiradas en libros como El señor de los anillos, o de ciencia ficción como La guía del viajero intergaláctico (este último adaptado a un juego de texto infame por el acertijo del pez de Babel). En algunos casos también nos llevaron a jugar con la historia de la humanidad (mención de honor a Age of Empires).

Esto derivó en años de experimentación con historias, diálogos, interacciones y muchísimas páginas de texto que lograron que los videojuegos pasaran del simple cuento de “golpea al malo, rescata a la princesa, fin” a relatar historias más provocativas entre las líneas de “¿qué soy? ¿quién soy? ¿qué me motiva a seguir? ¿tengo un propósito? ¿esto es lo que soy? ¿alguien entiende lo que siento?” y demás temas delicados en títulos como Nier: Automata, Bioshock, Deus Ex, Shadow of the Colossus y una creciente lista de juegos que buscan contar una gran historia, cuestionar la naturaleza humana y explorar sus vertientes de manera visceral y dramática.

La calidad gráfica es importante, pero la historia y jugabilidad tienen un peso mucho mayor.

En resumen, vivimos en una era en que los gamers pueden quedarse con un nudo en la garganta y con el corazón en la mano al llegar al final de un videojuego, en la que si alguien dice que no lloró al final de Earthbound es porque está mintiendo.

Si leer esto logró encender su curiosidad, querido lector, por favor tómese la libertad de jugar alguno de los títulos mencionados en este texto o algún otro que le hayan recomendado. Ahora que si le interesa un mundo de fantasía al borde de la extinción, mi recomendación es jugar The legend of Zelda: Majora’s Mask. Si lo que quiere es un relato de suspenso político Papers, please lo mantendrá al filo de su asiento y analizando la realidad de nuestras fronteras. Si desea llorar, reír y conocer el poder de la amistad, recomiendo mil veces Earthbound y su sucesor espiritual Undertale, y si lo que busca en un relato es un héroe trágico que caza monstruos y lucha contra sus demonios internos la saga de The Witcher es de lo más bello y mejor escrito.

Así que como conclusión y en respuesta a la pregunta del título: Sí, es cierto. Los videojuegos están llenos de arte y buenas historias y vale la pena experimentarlos. En serio.